lunes, 11 de abril de 2016

Lectura de Paseantes hoy en Barcelona

Pepe Jesús Sánchez en el Cercle Artistic San Lluc

El poeta inglés Samuel Taylor Coleridge escribió:”Si un hombre atravesara el Paraíso en un sueño y le dieran una flor como prueba de que había estado allí, y si al despertar encontrara esa flor en su mano…¿entonces qué?”  dando origen así a  la idea de que una gran parte  de la creación literaria es obra no de lo que llamamos autor (el autor Tal en minúscula) sino del Espíritu Dios, la Computadora Universal o como quieran Uds. llamarle. Posteriormente, muchos grandes poetas, han sostenido también   la idea del único Autor (con mayúscula). Si bien no es  un hecho que se produzca con asiduidad en la práctica, ese sentimiento  de que alguien nos dicta, como en trance, un  texto, no es extraño a quien  frecuenta o haya frecuentado la escritura.  
Pepe Jesús Sánchez Marín en Paseantes hoy pareciera haber atravesado la floresta del sueño trayendo como prueba este poemario en el que la extrañeza de la poesía se ha consumado en la plenitud  de la parca a la vez que elocuente sencillez de la naturaleza. Él no pertenece a ninguna  generación, ni tampoco  a una  determinada escuela ni a tradición alguna. Es, como la gran mayoría de los escritores  de verdad, de sí mismo.
Que luego de haber visitado de la mano del poeta estos paisajes, estas  atmósferas diáfanas o sombrías, estos inventarios arrobados, algún lector especializado haya  querido entrever supuesta relación con las Baladas Líricas de Worsdworth podría  tal vez calificarse como acertado como podría serlo, también, el evocar a  Francis Ponge  en su  toma de partido por los objetos cotidianos, por las cosas en su rara exactitud de cosas o por los simplísimos componentes del paisaje de su singular itinerario poético. Pero tales alusiones y evocaciones supuestas tan son tan sólo palabras.
Creo, con Borges, que la materia con que se hace la poesía,  el lenguaje mismo,  es una creación estética. Creo también, con este nuevo  poeta, en que la belleza está acechándonos por todas partes, tanto en lo creado como naturaleza como en las efusiones del espíritu que las contempla.
Pero tal vez,  las distintas interpretaciones que ha suscitado la lectura de Paseantes hoy no sean más que palabras sobre palabras, creaciones sobre una creación. Una incitación, en fin, a la lectura de primera mano. Puesto que, como dijera el poeta Angelus Silesius allá por el siglo XVII:”La rosa sin porqué, florece porque florece”.
                     
Edgardo Oviedo Licardi 

martes, 29 de marzo de 2016

Reseña de Cruzar el cielo de Ada Soriano

Reseña en Diario de la Vega

Uno de aquellos...XII

Cruzar el cielo


Entre las corrientes geográficas que nos interesan está la de la geografía de la percepción. En 1960 el urbanista y escritor estadounidense Kevin Lynch, en su obra "La imagen de la ciudad", se interesó por la percepción subjetiva de la realidad urbana demostrando que la imagen de la ciudad varía dependiendo de quien la observe. Así, una misma realidad se aprecia de diferentes maneras. Quien dice la ciudad en particular, dice el medio natural en general.
Ada Soriano ha presentado un nuevo poemario: "Cruzar el cielo". La presentación fue un diálogo entre la autora y el poeta José Luis Zerón. Previamente Zerón nos describió los valores del libro enumerándolos en un decálogo fundamentado. Esto con la solemnidad que en nuestra cultura posee, por el peso del decálogo mosaico, todo decálogo.
Por deformación profesional –por esto nuestra referencia a la geografía de la percepción– nos han interesado especialmente dos poemas recitados por Ada en la presentación en una grabación delicada en la que nuestro colega Jesús Zerón ha prestado sus saberes técnicos y sus sensibilidades musicales. Dos poemas que describen –sin nombrarlas– dos ciudades. Ciudades que se evidencian en los versos: Benidorm y Granada. Benidorm en "Viaje": "A los pies de sus playas, altos edificios compiten. / Gigantes, moles futuristas creadas por la mano del hombre. / La geometría de un rombo asciende lenta y saluda. / Una cúpula de cristal resplandece: / punta de estrella entre dos torres, / campana que no emite sonidos." Granada en "Una ciudad del sur": "Las calles delgadas todavía conservan / sus placas con nombres árabes. / La puerta del paraíso está abierta: / una ciudad sometida a otra ciudad.
Pero además de estos dos poemas –hasta diecinueve–, poemas en verso largo que predominan en el libro, nos emocionó "Vuelta". Quienes hemos vivido las dolencias de nuestros padres en un hospital nos podemos ver en los versos de "Vuelta", versos que emocionan –yo he llorado– y que nos traen un rasgo propio de la poesía de Ada: lo íntimo. Lo íntimo compartido, abierto en canal, negro sobre blanco en el surco de los versos. Entonces... Que nadie haga daño a los poetas.

Mateo Marco Amorós

viernes, 18 de marzo de 2016

Acto de presentación de Cruzar el cielo

José Luis Zerón y Ada Soriano

José Luis Zerón

Buenas noches. Os agradecemos que estéis aquí celebrando con nosotros la salida del poemario Cruzar el cielo, publicado por la editorial madrileña Celesta.
No creo que haga falta a estas alturas hablar demasiado de la autora. Todos conocéis a Ada Soriano y su trayectoria literaria. Solo diré que este libro que hoy presentamos es su quinto poemario publicado. No es, pues, una autora muy prolífica, si bien ha dedicado más de treinta años de su vida a la poesía. Ha publicado poemas, artículos y narraciones en numerosas revistas literarias de ámbito nacional e internacional y creo que casi todos conocéis su labor editorial, como cofundadora y coeditora de Empireuma. En cuanto a mí, es decir, a mi presencia aquí esta noche como presentador, no creo que deba dar demasiadas explicaciones puesto que están claros los vínculos que me unen a Ada. Ella es la madre de mis hijos y nuestras respectivas trayectorias literarias han seguido caminos paralelos, pues durante veinticinco años realizamos un común esfuerzo por difundir la poesía como directores de la revista Empireuma. Además, he sido testigo privilegiado de la gestación de Cruzar el cielo, que hoy presentamos, de modo que tengo argumentos suficientes para justificar mi presencia aquí esta noche, ¿verdad?
Cuando Ada dio por terminado Cruzar el cielo hace un par de años, envió copias a varios amigos. Uno de ellos, poeta conocido, lo calificó de extraordinario. Y no le faltaba razón. Me pareció muy acertado el adjetivo calificativo, pero se me ocurrió en aquel momento escribir un decálogo que  titulé “Por qué es extraordinario Cruzar el cielo”. Hoy suscribo absolutamente lo que escribí entonces.

¿Por qué es extraordinario el libro de Ada?

1.- Porque en sus poemas se aprecia un tono confesional que no renuncia a la experiencia solidaria. Hay una presencia constante de la ternura, la emotividad, el afecto, y la solidaridad, pero no hay sentimentalismo. Al mismo tiempo se alcanza con la palabra la sublimación de todo aquello que amenaza y perturba a la autora: el miedo, la inquietud, la ansiedad...  Hay en estos poemas espacio para el autoconocimiento y la apertura imaginativa. Pongo como ejemplos los poemas: "Agorafobia", "Viaje", "Una ciudad del sur", "Te amo", "Nonagenaria", "El despertar de la memoria".
2.- Porque hay un perfecto equilibrio entre el verso lírico y el discursivo. Ejemplos: "Una ciudad del sur", "Carpas en el río", "Luna de invierno", "El despertar de la memoria", "Nonagenaria", y "Viaje".
3.- Porque está presente en todo el libro un epicureísmo sereno que deviene en esa atmósfera erótica propia de los poemas de la autora. Hay una fusión entre Eros y Logos. La búsqueda del sentido de la vida, la fe en el valor de la palabra, el anhelo trascendente, la capacidad de asombro, la preferencia por la sensualidad y la celebración de la naturaleza, están muy presentes en la poética de Ada.  Esa preferencia por lo erótico, es decir, esa apuesta por la vida, por el placer de los sentidos en su plenitud, se refleja igualmente en la naturaleza y en el cosmos... Es la confrontación del hombre y de la mujer con su propia inmanencia, allá donde las falsas fronteras se ven abolidas. La pulsión erótica también está presente en todo el libro, pero destaco "Luna de invierno", "Venus cabalga sobre el arco de la luna", "Una tarde de primavera", "Rocío del mar" y "El beso".
4.- Porque los poemas de Cruzar el cielo están escritos con rigor y sutileza pero transmiten frescura. Digo frescura porque no se notan las hipotéticas marcas de taller. El lenguaje poético fluye con naturalidad, aun en sus fases más complejas. Esta es una de las características más notables de la obra poética de Ada Soriano.
5.- Porque la voz de la autora, unas veces inquietante, otras acogedora, mantiene un aliento pletórico, una intensidad constante. Pero los poemas de Cruzar el cielo no quedan atrapados en la enorme urdimbre de banalidades, presente en todos los ámbitos de lo real cotidiano. Nada tienen que  ver con las veleidades confesionales de los viejos poetas de la experiencia, ni con la trivialidad, supeditada al ingenio y la ironía autocomplaciente, practicada por muchos jóvenes poetas con resabios experienciales.
6.- Porque es una poesía tan alusiva como elusiva. Los poemas de Cruzar el cielo, siguen una línea clara, pero leyéndolos en profundidad se observa una torsión expresiva que deja entrever el misterio oculto tras la realidad fenoménica. 
7.- Porque está bien articulada la precisión con la ambigüedad. A los poemas no les sobra nada, sin embargo no evitan la polisemia y la paradoja; por eso están llenos de dobles fondos a los que hay que acceder a través de la imaginación.
8.- Porque Cruzar el cielo se aleja de las escrituras líquidas de la posmodernidad  para unirse a las poéticas sólidas de siempre, de toda la vida.
9.- Porque en este libro hay un debate continuo entre la soledad, el aislamiento (no reclusivo) y las ansias de libertad, la necesidad de vuelo Por ejemplo: "Rocío del mar", "Mariposa", "Agorafobia", "Viaje", "Una ciudad del sur", "Te amo".
10.- Y porque rinde un homenaje a las poetas Sylvia Plath y a Anne Sexton, pero no encalla en los médanos del elogio ni en los escollos monotemáticos de la literatura hagiográfica.
           
Ada Soriano

Buenas noches Quiero agradeceros vuestra presencia. Gracias, a ti, José Luis, por tus palabras y por haber aceptado presentar mi libro. También doy las gracias a la concejalía de Cultura por habernos cedido este auditorio y a Jesús Zerón que me ha ayudado a elaborar el audio que vamos a escuchar al finalizar este acto. Y por último mi agradecimiento especial a Rafael González, por haber editado mi libro. Deseo que la editorial Celesta goce de una vida larga y próspera. Aunque de apariencia modesta por ser poco voluminoso, mi libro está muy bien editado. Además Rafael me ha dispensado en todo momento un trato exquisito.

jueves, 10 de marzo de 2016

Reseña de Leves alas al vuelo de Rafael González Serrano





La figura de Rafael González Serrano supone desde hace años un saludable ejemplo de generosa dedicación a la poesía al margen de los circuitos oficiales, como editor al frente de la editorial Celesta, como bloguero (su blog De turbio en claro está dedicado exclusivamente a la poesía) y como poeta y traductor. Leves alas al vuelo es el sexto poemario publicado por Rafael González, precisamente en la elegante editorial Celesta. Es un libro de carácter híbrido en el que conviven el poema, el aforismo y el fragmento en prosa, pero no incurre en la incoherencia o en la dispersión. Muy al contrario, es un conjunto conexo cimentado en la brevedad, el virtuosismo formal, el lenguaje plástico y la voluntad analítica. El discurso breve no naufraga en un minimalismo descarnado, ni en una sobriedad abrupta, ni es un esencialismo espurio. En este libro no hay lugar para lo superfluo, pero si para la belleza, que se presenta en fogonazos esplendentes que iluminan el mapa reflexivo. En la fugacidad se instaura la belleza, escribe el autor. A esto hay que añadir una precisión en el lenguaje que convierte en aparentemente sencillo lo más complejo.
El contenido del libro está sintetizado en la aliterada sutileza de las cuatro palabras que conforman el título: levedad formal y búsqueda, indagación y revelación a través de un vuelo metafórico que se alcanza con la precisión del esfuerzo, la fuerza de la elocución y la insobornable voz lírica.
Leves alas al vuelo se compone de cuatro epígrafes que llevan por título Breverías, Duinos, Aladas y Aporismos. Son cuatro partes aparentemente distintas, pero, como decía, conectadas por el código de extrema sencillez y exactitud y la íntima alianza entre reflexión y lirismo presente cada una de las páginas de este volumen.
En el primero encontramos un conjunto de poemitas a modo de haikus, pero como bien apunta el autor no entrarían estricto sensu en esta categoría, pues su temática es plural y no exclusivamente referida a la naturaleza. Aquí encontramos deliciosas pinceladas aforísticas que abarcan el detalle nimio y humilde que nace de un buceo en la raíz del acontecer (Cae la lluvia,/todo semeja ser gris./ Es el otoño. O La luna baña/ un cortejo de sombras;/luego se marcha), la elegía personal (Los días sufren/ de sus noches resacasde amor concluso. o Una rosa de/olvido se marchita/ en tu memoria), la peripecia reflexiva de corte pesimista (Llegar tarde a/ la cita con la muerte:/ ardid inútil. O De las armas de/ metal resta sólo su/mellado filo), la urdimbre humanizadora del amor (Nos fundimos en/ un tiempo transversal: yo,/tú, el abrazo. O La incógnita de/ tu ecuación se resuelve/ en tus caderas), el vuelo lírico que admira lo vivo (La luciérnaga/luce entre las estrellas./ Su luz contemplo. O Las flores sueñan/con mundos renacidos/ en primavera) y la pirueta paradojal (en la tormenta/ se funda la fuerza que/ trae la calma. O En un segundo/ se condensan cristales/ de eternidades).
El segundo epígrafe lleva un título que nos remite a las célebres elegías de Rilke por su carácter elegíaco. Siguiendo con la brevedad, los Duinos son poemas de dos versos isosilábicos que no entrarían en la definición típica de lo que es un pareado o un dístico y tienen mucho en común con el epígrafe anterior por el contenido aforístico, un tono pesimista y un sistema de símbolos relacionados con la soledad, la pérdida, el dolor y la consumición, pero sin llegar a la desgarradura ni al grito desesperado, pues en oposición a este panorama sombrío se alza en todo el libro un deseo ferviente de vida, y muchos de los símbolos de muerte y destrucción, como el fuego, tan basal en la obra de Rafael González, también representan la regeneración, la esperanza y la vitalidad Todo fluye en estos versos sin estridencias ni altibajos, con una delicada belleza no exenta de rotundidad y una inusual armonía.
Las aladas que conforman el tercer epígrafe, son quince composiciones de versos cortos y rítmicos que se diferencian de los textos reunidos en las demás secciones, sobre todo porque destilan una emoción menos concentrada, una mayor tensión metafórica y una expresión más sensual. El contenido resulta en ocasiones críptico No obstante son poemas de una belleza convulsa que surgen de una derrota del aliento/sobre un cristal/ de espejismos, y una epifanía/de secretos/, una celebración/ en el límite.
Por último, la sección que cierra el libro titulada aporismos, acoge textos en prosa a modo de máximas. Como indica el título, están cercanos a la paradoja, a la contradicción, a la dificultad lógica, y expresan un combate entre elementos contrarios, por ejemplo leemos en una máxima: En cualquier lucha que iniciemos, por el hecho de participar en ella, somos perdedores de antemano. Y a continuación: solo quien anhela vence aún en la derrota. En suma, hay un sustento reflexivo que no renuncia al lenguaje lírico. Aquí el discurso es tan especulativo como explícito, tan contundente y sentencioso como elíptico. Y también es más denso.
Leves alas al vuelo es un libro bello, rico, complejo y valiente. Hay en sus páginas un conflicto continuo entre el chispazo azaroso o intuitivo y la reflexión sobre el deseo, la identidad, la incertidumbre, el temor, el amor con sus maravillas y desastres, el paso del tiempo, en suma, la vida y la muerte; pero el autor no se erige en portavoz del dolor y la desolación y solo traza con nitidez una forma de entender el mundo cercana al estoicismo desde formas estilizadas que no renuncian a la plenitud y el misterio (si se abre bien los ojos en la noche se nos revelará lo que mil soles no pueden mostrarnos), porque La brevedad/ intenta rescatar/ lo inevitable
José Luis Zerón Huguet

Enlace a página original: https://frutosdeltiempo.wordpress.com/2016/01/23/leves-alas-al-vuelo-de-rafael-gonzalez-serrano-por-jose-luis-zeron-huguet/

miércoles, 2 de marzo de 2016

Reimpresión de Paseantes hoy de Pepe Jesús Sánchez


Gracias a la magnífica acogida dispensada por los lectores que ha hecho que la primera edición, y posteriores tiradas, se hayan agotado, reimprimimos el libro de Pepe Jesús Sánchez Paseantes hoy. Deseamos que se sumen nuevos lectores amantes de la poesía que sigan disfrutando de los emocionados versos de tan exitoso autor.

jueves, 11 de febrero de 2016

Publicación de Cruzar el cielo de Ada Soriano


Ada Soriano nace en Orihuela en 1963. Dedicada desde temprano a la actividad cultural, fue codirectora de la revista de creación literaria Empireuma y colaboradora asidua de la revista socio-cultural La Lucerna.
Ha publicado las plaquetas Anúteba (1987) y Alimentando lluvias (2000), así como los libros de poemas Luna esplendente o sol que no se oculta (1993), Como abrir una puerta que da al mar (2000), Poemas de amor (2011) y Principio y fin de la soledad (2011). Cruzar el cielo es, por tanto, su quinto poemario extenso que ve la luz. Ha sido incluida en varias antologías; y poemas suyos han sido traducidos al inglés o al rumano.

martes, 26 de enero de 2016

Reseña de Leves alas al vuelo de Rafael González Serrano

Reseña en La Galla Ciencia
(viernes, 22 de enero de 2016)

LEVES ALAS AL VUELO
Rafael González Serrano

Editorial Celesta,
colección Piel de sal. Madrid, 2015.

La figura de Rafael González Serrano supone desde hace años un saludable ejemplo de generosa dedicación a la poesía al margen de los circuitos oficiales, como editor al frente de la editorial Celesta, como bloguero (su blog De turbio en claro está dedicado exclusivamente a la poesía) y como poeta y traductor. Leves alas al vuelo es el sexto poemario publicado por Rafael González, precisamente en la elegante editorial Celesta. Es un libro de carácter híbrido en el que conviven el poema, el aforismo y el fragmento en prosa, pero no incurre en la incoherencia o en la dispersión. Muy al contrario, es un conjunto conexo cimentado en la brevedad, el virtuosismo formal, el lenguaje plástico y la voluntad analítica. El discurso breve no naufraga en un minimalismo descarnado, ni en una sobriedad abrupta, ni es un esencialismo espurio. En este libro no hay lugar para lo superfluo, pero si para la belleza, que se presenta en fogonazos esplendentes que iluminan el mapa reflexivo. En la fugacidad se instaura la belleza, escribe el autor. A esto hay que añadir una precisión en el lenguaje que convierte en aparentemente sencillo lo más complejo. El contenido del libro está sintetizado en la aliterada sutileza de las cuatro palabras que conforman el título: levedad formal y búsqueda, indagación y revelación a través de un vuelo metafórico que se alcanza con la precisión del esfuerzo, la fuerza de la elocución y la insobornable voz lírica.
Leves alas al vuelo se compone de cuatro epígrafes que llevan por título Breverías, Duinos, Aladas y Aporismos. Son cuatro partes aparentemente distintas, pero, como decía, conectadas por  el código de extrema sencillez y exactitud y la íntima alianza entre reflexión y lirismo presente cada una de las páginas de este volumen.
En el primero encontramos un conjunto de poemitas a modo de haikus, pero como bien apunta el autor no entrarían estricto sensu en esta categoría, pues su temática es plural y no exclusivamente referida a la naturaleza. Aquí encontramos deliciosas pinceladas aforísticas que abarcan el detalle nimio y humilde que nace de un buceo en la raíz del acontecer (Cae la lluvia,/todo semeja ser gris./ Es el otoño. O La luna baña/ un cortejo de sombras;/luego se marcha), la elegía personal (Los días sufren/ de sus noches resacas/ de amor concluso. o Una rosa de/olvido se marchita/ en tu memoria), la peripecia reflexiva de corte pesimista  (Llegar tarde a/ la cita con la muerte:/ ardid inútil. O  De las armas de/ metal resta sólo su/mellado filo),  la urdimbre humanizadora del amor (Nos fundimos en/ un tiempo transversal: yo,/tú, el abrazo. O La incógnita de/ tu ecuación se resuelve/ en tus caderas), el vuelo lírico que admira lo vivo (La luciérnaga/luce entre las estrellas./ Su luz contemplo. O Las flores sueñan/con mundos renacidos/ en primavera) y la pirueta paradojal (en la tormenta/ se funda la fuerza que/ trae la calma. O En un segundo/ se condensan cristales/ de eternidades).
El segundo epígrafe lleva un título que nos remite a las célebres elegías de Rilke por su carácter elegíaco. Siguiendo con la brevedad, los Duinos son poemas de dos versos isosilábicos que no entrarían en la definición típica de lo que es un pareado o un dístico y tienen mucho en común con el epígrafe anterior por el contenido aforístico, un tono pesimista y un sistema de símbolos relacionados con la soledad, la pérdida, el dolor y la consumición, pero sin llegar a la desgarradura ni al grito desesperado, pues en oposición a este panorama sombrío se alza en todo el libro un deseo ferviente de vida, y muchos de los símbolos de muerte y destrucción, como el fuego, tan basal en la obra de Rafael González, también representan la regeneración, la esperanza y la vitalidad Todo fluye en estos versos sin estridencias ni altibajos, con una delicada belleza no exenta de rotundidad y una inusual armonía.
Las aladas que conforman el tercer epígrafe, son quince composiciones de versos cortos y rítmicos que se diferencian de los textos reunidos en las demás secciones, sobre todo porque destilan una emoción menos concentrada, una mayor tensión metafórica y una expresión más sensual. El contenido resulta en ocasiones críptico No obstante son poemas de una belleza convulsa que surgen de una derrota del aliento/sobre un cristal/ de espejismos, y una epifanía/de secretos/, una celebración/ en el límite.
Por último, la sección que cierra el libro titulada aporismos, acoge textos en prosa a modo de máximas. Como indica el título, están cercanos a la paradoja, a la contradicción, a la dificultad lógica, y expresan un combate entre elementos contrarios, por ejemplo leemos en una máxima: En cualquier lucha que iniciemos, por el hecho de participar en ella, somos perdedores de antemano. Y a continuación: solo quien anhela vence aún en la derrota. En suma, hay un sustento reflexivo que no renuncia al lenguaje lírico. Aquí el discurso es tan especulativo como explícito, tan contundente y sentencioso como elíptico. Y también es más denso.
Leves alas al vuelo es un libro bello, rico, complejo y valiente. Hay en sus páginas un conflicto continuo entre el chispazo azaroso o intuitivo y la reflexión sobre el deseo, la identidad, la incertidumbre, el temor, el amor con sus maravillas y desastres, el paso del tiempo, en suma, la vida y la muerte; pero el autor no se erige en portavoz del dolor y la desolación y solo traza con nitidez una forma de entender el mundo cercana al estoicismo desde formas estilizadas que no renuncian a la plenitud y el misterio  (si se abre bien los ojos en la noche se nos revelará lo que mil soles no pueden mostrarnos), porque La brevedad/ intenta rescatar/ lo inevitable.

viernes, 8 de enero de 2016

Reseña de Leves alas al vuelo de Rafael González Serrano


   
Podríamos decir que el formato breve es hijo de la hiperlucidez, o, al menos, que tal técnica de escritura pareciera asegurar efecto semejantes en sus productos por la mera disposición formal. Lo espectacular de su efecto - certeza y rapidez -  reside en esa colaboración tan esplendente  entre forma y contenido incidiendo uno sobre el otro en una fusión impresionadora: el fogonazo verbal.  
Rafael González Serrano aprovecha estas “ventajas previas” para intentar multiplicarlas, conocedor, también, de que lo breve no excluye la densidad.  
El reiterativo epígrafe , leves alas al vuelo, nos ofrece un muestrario de formas breves –dísticos, haikús, aforismos, poema cortos– cuyo pulimento métrico refuerza y confirma la unidad conceptual del libro.
Toda poesía es trabajo formal y Rafael González Serrano recurre al empleo de la métrica rigurosa para asegurar la redondez del libro, el trazado de la “virguería” poética.
Lo que cabría preguntarse cuando la cuestión técnica resalta de modo especial en una obra literaria es si el producto final confirma a través de su calidad, tal presunto dominio.
Rafael González Serrano consigue con regularidad un nivel, pero los hallazgos y revelaciones hay que buscarlos en el curso de estas repeticiones formales, pues hay que admitir que el mero y diestro empleo del formato breve no asegura porque sí una infalibilidad del pensamiento o la ejecución del haikú inolvidable.  
Leves alas al vuelo se lee con gusto y ritmo, y si la lectura es recolectora de cualidades, podemos encontrarnos, por ejemplo,  con cierto uso común de la paradoja: la suerte es un azar buscado; con la complicada verificación: En el fanatismo habita la cruel locura que, al domesticarse, deviene satisfecha creencia; con la gracia poética: a dos pasos del /deseo, una daga/vuelta amapola; con la precisión casi matemática del sueño: en los perdidos edenes del estío/ se extravía la memoria del ahora. 

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Publicación de Medulas y ceniza de Francisco de Quevedo



Don Francisco de Quevedo y Villegas nace en Madrid en 1580. Su padre fue secretario de la princesa María, hija de Carlos V, y luego de Ana de Austria, cuarta esposa de Felipe II. Estudió en el colegio de los jesuitas de Madrid. Cursó estudios de lenguas clásicas, italiano, francés y filosofía en la Universidad de Alcalá. Posteriormente se trasladó a la corte en Valladolid. Retorna a Madrid en 1606, iniciando una gran actividad literaria. Escribe entonces varios de sus Sueños
En 1610 conoce al duque de Osuna, y con él entabla una estrecha amistad. Nombrado aquél virrey de Sicilia, le invita a acompañarle. En Sicilia comienza su carrera política, siendo el brazo derecho del duque. Tras el fracaso de la empresa en Venecia, Quevedo tuvo que regresar a Madrid, y fue desterrado a la Torre de Juan Abad en 1620.
Con Felipe IV en el trono, ascendió al poder el conde-duque de Olivares. Trata de ganarse el favor del valido, y de vuelta en Madrid, le dedica su Epístola satírica “No he de callar, por más que con el dedo…”. Llegará a gozar de su amistad.
En 1626 se publica en Zaragoza el Buscón. Irán apareciendo obras como Política de Dios, gobierno de Cristo y tiranía de Satanás (1626), o los Sueños ya completos. En 1634 se casó con doña Esperanza de Mendoza, aunque el matrimonio sólo duró hasta 1636. Entre 1635 y 1639 vivió en la Torre dedicado a sus escritos.
Se le acusó de haber redactado el famoso memorial dirigido al rey “Católica, sacra, real Majestad…”–aunque él siempre negó haberlo hecho–, y fue apresado y encarcelado en el convento de San Marcos, en León, en 1639. No obtendrá la libertad la libertad hasta 1643. Con la salud muy maltrecha se trasladó a Villanueva de los Infantes. Allí muere en 1645. 

jueves, 22 de octubre de 2015

Publicación de Leves alas al vuelo de Rafael González Serrano


Rafael González Serrano nació en Madrid, ciudad donde realizó sus estudios universitarios. Aparte de su actividad docente, ha escrito poesía, novela, artículos sobre obras de poetas del siglo XX (habiendo traducido a alguno); además, desde hace unos años, se dedica a la edición de textos de creación literaria.
Ha publicado los siguientes poemarios: Presencias figuradas (2006), Manual de fingimientos (2008), Insistir en la noche (2010), Mapa del laberinto (2011) y Fragmentos de la llama (2014). Leves alas al vuelo es su sexto libro de poemas editado. Es autor de la novela Siempre la feria (2012); también ha traducido a Valéry y Cummings, y editado a Quevedo. Tiene el blog sobre poesía De turbio en claro

martes, 8 de septiembre de 2015

Reseña de Fragmentos de la llama de Rafael González Serrano

(lunes, 7 de septiembre de 2015)

FRAGMENTOS DE LA LLAMA, de RAFAEL GONZÁLEZ 
por Amparo Arróspide




FRAGMENTOS DE LA LLAMA
RAFAEL GONZÁLEZ SERRANO

Celesta, Colección Piel de sal, 2014





Hay poemas para ser leídos en voz baja, como quien en un pozo de aguas prístinas se interroga a sí mismo en su imagen reflejada, buscando, y hay poemas, por tanto, que conllevan una reflexión sobre sí mismos, que son una continuada auto-reflexión del acontecer mismo de sus líneas sobre la página, ceniza de una fogata, de una conflagración. Así los de Fragmentos de la llama, la llama de la vida, la memoria del poema y del poeta. Son estos muy conscientes de su naturaleza efímera, fruto de la devastación de una experiencia vital   -pero también de su nacimiento, clímax y  decadencia- amorosa y testimonio del explorarse del lenguaje.
Otras  huellas de la inter e intra-textualidad se multiplican desde el inicio, al anunciarse por ejemplo Fragmentos de la llama como un manuscrito hallado, de autor anónimo, sin referencia específica a lugar o tiempo salvo en su última sección o carpeta, “Fragmento (¿Epílogo?)”, que contiene un único poema fragmentos de un discurso abierto (1)A partir de este eslabón  se reanuda la lectura circular, donde al acabamiento de “Memoria clausurada” -la primera sección-  le sucede una ceremonia nupcial entre autor y lector, implicado este en la experiencia que se revive a la distancia de un eclipsarse los elementos crudos de la memoria. Por otra parte, al entrar el lector en el juego del manuscrito hallado, se otorga realidad a ambos autores, a tal punto que podremos descreer del autor explícito-editor (2) al asegurarnos que ha respetado escrupulosamente el material literario hallado.
Las cinco secciones de Fragmentos… fueron supuestamente tituladas por el autor explícito y comprenden respectivamente ocho, nueve, diez, nueve y nueve poemas.  Añadido a ellas, y extraño al resto, el “Fragmento (¿Epílogo?)”.
“Memoria clausurada” -primera sección- comienza declarando el final, que la vivencia yacerá en el olvido, los poemas son cenizas de pasos que se borran aunque hayan desfilado (y para el lector explicito, vayan a desfilar) en un ámbito de siglos paralelos, un dominio sin sonidos. Se dice adiós, se ha dicho adiós, un adiós de clausura, porque ya no habrá besos sobre las piedras. Son así los poemas un cementerio de tactos rígidos donde se pudre el cadáver de un beso y la chatarra de las caricias se oxida. Todo es un muladar de sexo muerto y también de amor suicida.  Como si al manifestarse en texto parte del discurso pre-verbal que lo suscita, la experiencia erótica concluyera por segunda vez y definitivamente. Una y otra vez se nos presenta en esta sección un paisaje de decadencia, de muerte del abrazo en cuanto rito erótico, en una auto-reflexión elegíaca. Pero con el óbolo en la lengua se interna el autor en el  Aqueronte de nieblas. A vivir otras vidas, tras beber de las aguas del olvido.
En la segunda sección, “Distancia sobre el eclipse”, del texto surge un destinatario, un tú a quien se advierte que estamos ante las fantasías de un loco sin memoria,  autor de una  carta inexistente que/ni siquiera se sabe a quién se escribe.  El yo lírico se sabe fingidor, el poema se sabe mensaje tendido sobre la distancia hacia otros náufragos de sí mismos y canta lo perdido como si no habitara ya una galaxia remota. El tú ambiguo se perfila en “Ausencia” como el de la amada, una sombra más que se persigue, que se ha eclipsado y cuya ausencia se abraza. Con plena conciencia del vacío y del empeño inútil del recuerdo, se evocará y volverá a celebrarse la pasión, la fugaz fusión de los volcánicos amantes. Si cabe referirse a un discurso pre-verbal que es la estructura profunda inobservable y a un texto o mensaje que es la estructura superficial observable, y una solamente de las infinitas actualizaciones de este, se inicia aquí para los lectores el despliegue de la vivencia erótica manifiesta.
Como anunció el poema del “¿Epílogo?”, entre las evocaciones del rito amoroso  hay áreas de descanso para la contemplación del mundo ajeno a los amantes –un cerezo con sus brazos alzados que mira con sus hojas o un patio donde la luz juega con los visillos o la constatación de la ausencia encarnada en unas sillas vacías…
Si en la lectura nos acompañase Harold Bloom,  destacaría  el modo en que en el juego de máscaras y simulaciones el autor apócrifo se enfrenta a sus precursores literarios -a sus influencias- o los asimila desviándose de ellos o complementándolos en la masa verbal o integrándolos en las atropías de sintagmas. Así se percibe en las secciones siguientes “Mesetas (Tras las laderas)”, “Fuegos (Ara y cima)”, y “Ojos del asombro”, que componen un despliegue de recursos en la mejor tradición de la lírica erótica clásica,  desde Petrarca, Boscán, Góngora, Quevedo y Lope hasta Salinas y otros contemporáneos. Metáfora, metonimia, hipérbaton, disyunción, paronomasia, aliteraciones, oxímoron, antítesis, paralelismos, entre otros, sabiamente utilizados y sustentando el movimiento irracional del eros.

(1) fragmentos de un discurso abierto,/un discurso semiótico/fracturado/mestizado de estilos/de las impurezas/en las oraciones bastardas- (p.79)
(2)  he decidido darlos a la imprenta organizados tal y como sigue en varias secciones. Aparte del título de cada una, sólo he introducido algún pequeño cambio en el orden de los poemas; o realizado la corrección de alguna errata evidente. Lo demás, es obra del autor.
Amparo Arróspide

sábado, 25 de julio de 2015

Últimas publicaciones de la temporada


Presentamos reunidas en esta entrada las últimas publicaciones de la temporada que finaliza. Agradecemos una vez más a nuestros autores y lectores la confianza depositada en Celesta. A partir de septiembre volveremos con nuevas publicaciones: deseamos que de nuevo despierten vuestro interés.

miércoles, 15 de julio de 2015

Concluyendo: Lectura de John Donne

Jorge Sánchez recitando a Donne

Del Prólogo

El autor más destacado de la corriente metafísica, considerado el mejor poeta inglés del siglo XVII, era capaz de expresar magistralmente las contradicciones de la vida, conjugando la pasión y la razón, el ingenio y la seriedad, la lujuria y el amor divino, el tratamiento de asuntos triviales y sublimes.
El  poeta que escribió entre el final de la época isabelina y el período jacobino, el filósofo que duda y reflexiona sobre las paradojas de la existencia o la esencia del espíritu, el amante, a veces morboso y libertino, otras fiel o sufridor, el dandy al que todas las miradas se dirigen, el clérigo que sirve a Dios, que escribe sermones, epigramas (expresión de un solo pensamiento festivo o satírico utilizando el ingenio),  epístolas (cartas) y epitalamios (cantos de boda) son en realidad la misma persona.

lunes, 22 de junio de 2015

Acto de presentación de Farolas


Rafael González, Arturo Rodríguez-Segade y Johao Lozano.

Un secreto a voces clama en la ciudad. Las aceras se hayan infestadas de azarosas farolas. Tienen vida propia.
Ya se han cansado de ocultar su destino. La farola es la cárcel de la luz. Una función social, su modo de redimir una condena, quién sabe si justa o no. No hay resquicio que pueda salvarse.
La noche ha perdido su poder insaciable. Dónde descansa el silencio convertido en la más pura oscuridad. Las farolas (las luces) lo inundan todo.
Los versos cobijan aleatorias farolas que prenden luz, recuerdo y sentido, a tantas y tantas farolas que suplican una segunda oportunidad. La farola significa devolverle el favor al mundo que dañaron. Pagar el peaje de su castigo primero. Ya no hay tregua.
A lo largo del poemario, las farolas asoman suplicando clemencia. Iluminando los versos, tal vez afortunados, tal vez caóticos, perdidos a vuelapluma en un papel que no tiene otro sino que aceptar que ésas y no otras, son sus líneas. Tendrá que defenderse a capa y espada, reivindicar su farola, echarla de menos en caso de que no aparezca citada. Imaginarla y afirmar ciegamente: mi verso también tiene su farola.
Me gustaría poder afirmar que existe un orden coherente, un impulso medido en segmentos y títulos diferenciados. "farolas" es un poema grande o cuarenta pequeños. Me gustaría poder decir que todas las farolas aquí presentes, iluminan un claro y contundente verso, unas palabras necesarias, un hecho que no pudo ser de otra manera. No me gustaría tener que reconocer que las farolas no son más que una escusa irremediable. 
 Johao Lozano (apócrifo)

domingo, 24 de mayo de 2015

Publicación de Farolas de Arturo Rodríguez-Segade





Arturo Rodríguez-Segade nace en Madrid en 1991. Tras estudiar el grado en Derecho en la Universidad Autónoma de Madrid, obtiene el master de acceso a la profesión de abogado en el Ilustre Colegio de Abogados de Madrid. Ha realizado estudios de inglés en Cardiff y el voluntariado docente en una asociación de la cual es, en la actualidad, presidente. El poemario que ve la luz ahora, Farolas, es el primero publicado por su autor, el cual lleva a cabo también una labor de creación literaria en un blog cuyo nombre es http://www.cierroparentesis.com.

domingo, 3 de mayo de 2015

Publicación de Aire y ángeles de John Donne



John Donne (1572-1631) nació en Londres, en el seno de una familia católica. Tras estudiar leyes, fue elegido secretario de Sir Thomas Egerton, con cuya hija se casó en secreto. Cuando fue descubierto pasó un tiempo en prisión, y posteriormente trató de ganarse la vida como abogado. Sus logros literarios de esta época incluyen Poemas Divinos (1607) y Biothanatos (1608), un trabajo sobre el derecho a elegir la propia muerte. En 1615 se ordenó sacerdote anglicano y seis años después fue nombrado deán de la catedral de San Pablo. Entre sus obras en prosa se encuentran Devociones para ocasiones emergentes (1624) y, ya póstumos, Cincuenta sermones (1649) y Paradojas, problemas, ensayos y personajes (1652). Sus poemas fueron publicados después de su muerte en una edición preparada por su hijo en 1633. Proponen una ruptura de los tópicos amorosos gracias al uso del ingenio y de imágenes y metáforas extendidas tomadas del arte, la filosofía y la religión, que suponen un reto para el lector.

miércoles, 1 de abril de 2015

Presentación oficial de Los labios quemados


José Manuel Vivas y Miguel Ángel Navarro 

Cuantas veces  nos hemos preguntado ¿Qué es la poesía? Es una pregunta eterna, con miles de respuestas, y una de ellas es la que he ideado hoy para esta presentación.  Para ello me voy a apoyar en otra pregunta  ¿Qué es la palabra? Y lo vamos a hacer mediante un ejemplo. Una de las palabras nombrada de forma más coincidente en las  diversas lenguas indoeuropeas: griego, latín, lenguas germánicas y románicas, es la palabra rosa, ross, rosae, y a pesar de coincidir millones y millones de personas a lo largo de la historia  en cómo nombrar el fenómeno  de esta flor, la palabra no tiene nada que ver con la realidad a la que representa, ni tiene forma de rosa, ni huele como una rosa, ni tiene su color, ni su diseño genético, ni su función, porque las palabras son representaciones simbólicas, abstractas. 
Y aquí viene lo bueno, nuestra especie es sorprendente, única, es capaz de convertir palabras en imágenes y relacionarlas, y es más, lo hacemos continuamente. Jugamos continuamente con las palabras, aparte de homo sapiens somos homo ludens (hombre que juega), aprendemos y desplegamos nuestro ser con el lenguaje. Y aquí está la magia, las palabras tienen vida, nos superan como realidad, al denominar algo estamos dominándolo, las palabras tienen poder, porque significan un abanico enorme de connotaciones en función de miles de variables: estado de ánimo, sensaciones, vivencias, edad, sexo, presión atmosférica, estrés, compañía, y nuestra capacidad de relacionar no tiene límites.
Nuestra definición de poesía, una de tantas, no la única, es una lucha de poder y convivencia con las palabras. Somos nosotros los que las colocamos en situaciones de extrañeza para exprimir otras connotaciones junto a palabras inusuales. Las flexionamos, contorsionamos hasta conseguir magia. Pero se resisten, son perezosas, se aferran a su significado cotidiano y directo, y en esa lucha podemos triunfar o perder. El placer de crear escribiendo está en someter a las palabras para que creen emoción, esa emoción que nos satisface y nos enriquece como ser humano, como raza, como especie que evoluciona y se desarrolla. Ahora mismo seguro que se están creando palabras en el mundo, en español, en inglés, en portugués o en chino, y seguro que se crean cientos de palabras nuevas todos los  días. Es tremendo, nuestra especie es especialista en crear símbolos mediante comparaciones, metáforas y abstracciones, que cualquier otra persona puede descifrar y transformar en imagenes,  que terminan en sensaciones y forman parte de nuestra memoria y de nuestra vida.
Por todo esto, el poeta no es sólo poeta cuando escribe, sino cuando lo leen, y ven imágenes y tienen sensaciones muy distintas a las del escritor. Las palabras crean sensaciones distintas y parecidas en cada mente, las palabras son magia, es magia sin trucos, es la magia del ser humano. 
En el caso que nos trae aquí, José  Manuel se ha atrevido a hacer pública su creación, sobre todo en los últimos dos años, y ha tenido éxito, premios, apuestas de editoriales por sus creaciones, presentaciones en Madrid y próximamente en la feria del libro de Badajoz. José Manuel mantiene una coherencia en su obra, un ritmo, un vocabulario y una actitud filosófica frente a la vida, nos plantea una y otra vez con su poesía el otro lado de las cosas, con unos libros de una estructura trabajada, con un sentido de unidad. Su temática bucea a menudo buscando aquello  que llene nuestros vacíos cotidianos.
Los labios quemados me sorprendieron porque sabía que me encontraría con una temática completamente distinta en su trayectoria, el erotismo explicito, pero lo que no sabía es que su lectura me iba a llevar a las mismas reflexiones poéticas de sus otros libros, a  esa búsqueda de aquello a  lo que agarrarse para no sentir vértigo. Hay tiempos mezclados, hay recuerdos que consiguen ser más intensos que la realidad en su presente, y el final abraza a este poemario dándole sentido poético y coherencia.
Desde aquí le doy la enhorabuena a mi amigo y escritor José Manuel por esta obra, y os dejo en sus manos. Espero haberos puesto con mi presentación en la situación que se merece su obra.

Miguel Ángel Navarro


La abarrotada Sala Mapfre de Badajoz vivió los apasionados versos de José Manuel