martes, 25 de enero de 2022

Publicación de La vena cava de Jesús Serna Quijada

Jesús Serna Quijada (Albatera, Alicante,1984), es Diplomado en Dirección de Cine y Realización de TV por la Escuela Superior de Artes y Espectáculos TAI, y Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Alicante. Actualmente trabaja como profesor de Lengua y Literatura y como profesor de Teatro y Cine en el MUDIC.
A parte de director y guionista en varios cortometrajes, ha publicado los siguientes libros: Carcoma este olivo (poemario, 2012), los libros de relatos Girasoles en Venecia (2013) y Velódromo (2017), y la obra de teatro Hermana, el corazón no me cabe en el pecho (2020). Publicamos ahora su nuevo libro de relatos La vena cava.

miércoles, 15 de diciembre de 2021

Publicación de La Resistencia VOX de Rafael González Serrano

Rafael González Serrano nació en Madrid, donde realizó estudios de Telecomunicaciones, Filología Hispánica e Historia Antigua. Dedicado a la docencia, ha sido catedrático de Sistemas Electrónicos. En el terreno literario, ha escrito poesía, novela y artículos sobre obras de poetas del siglo XX; ha realizado así mismo la labor de traductor y editor. 
Tiene publicados los siguientes libros: Presencias figuradas (2006), Manual de fingimientos (2008), Insistir en la noche (2010), Mapa del laberinto (2011), Siempre la feria (2012), Fragmentos de la llama (2014), Leves alas al vuelo (2015), Cruzar puertas traseras (2017) y Las personas del verbo (2020). Ha traducido a Valéry y Mallarmé y editado una antología de Quevedo. 

jueves, 9 de diciembre de 2021

Presentación de La vida es lo difícil

Javier Puig y Juan Lozano

En primer lugar gracias a todos ustedes por su asistencia y a Vicente Pina, como siempre, por habernos ofrecido este magnífico espacio, para celebrar la aparición de “La vida es lo difícil” con el que Javier Puig cierra con broche de oro su trilogía ensayística publicada por Celesta, editorial madrileña que dirige con gran acierto Rafael González.
Javier comenzó publicando sus artículos en Frutos del Tiempo en 2013 y al año siguiente lo hacía en Mundiario. También ha colaborado en otros medios digitales que han desaparecido de la Red como La Galla Ciencia o Minuto Cero.   Yo conocí a Javier, primero por sus escritos y no tenía ni idea de cómo era. Fue con ocasión de la presentación del poemario Sin lugar seguro de José Luis Zerón en Elche, José Luis vino acompañado de algunos amigos entre los que estaba Javier. Luego he celebrado la aparición de sus artículos y reseñas donde Javier aunaba una capacidad analítica poco común, servida con una gran inteligencia y una elegancia prosística de altura. Curiosamente, Javier trabajaba en Elche, lo ha hecho durante años, y más de una vez José Luis Zerón y yo lo hemos utilizado como “porteador” para hacernos llegar alguna cosa. Javier aprovechaba esos trayectos en tren y los tiempos de espera para leer. Creo que no he conocido a nadie, tengo el convencimiento de ello, que haya leído más que Javier ni visto más películas. Yo mismo soy mal lector y muy poco disciplinado. Javier en cambio era y es un lector extraordinario, dueño de un maravilloso eclecticismo (yo creo que habría que hacer una defensa del eclecticismo, que tiene tan mala prensa y no sé por qué). Javier lo mismo podía leer a Thomas Mann, Schopenhauer o Montaigne que el último libro aparecido de un autor local. Javier, creo yo, tenía y tiene una especial predilección por el ensayo humanista, la filosofía y lo que se ha dado en llamar literatura testimonial. No quiero decir que ese fuera el único momento en que leía pero creo que sí constituía un tiempo importante.  Yo diría que esos trayectos en tren fueron la argamasa y los adobes con los que vas haciendo la pared de sus artículos. Si yo tuviera que definir con una palabra la trayectoria de Javier Puig, esa palabra sería HONESTIDAD. Yo creo que Javier nunca pensó compilar esos artículos en libros. Tuvo que ser la insistencia de sus lectores la que decidiera a Javier dar el paso.
Esto, por sí mismo, no tendría nada de especia. Todos, por fortuna, conocemos gente honesta… pero en el caso de Javier, a ello se une una gran sensibilidad moral y con sólidos, amplios y profundos conocimientos en muchas materias, sobre todo en el área de las Humanidades. Al contrario de lo que sucede con otros autores, ávidos de notoriedad y que continuamente parecen estar en el escaparate, Javier primero y durante años, podemos decir que nos regaló gratis et amore, sus artículos sobre literatura y cine en diversos medios, con una capacidad analítica muy personal, realmente aguda y penetrante. Yo creo que todos los que seguimos de forma habitual los textos de Javier a través de los medios en que los publica, coincidiremos en que, trascienden la frontera de la mera reseña, para convertirse en artículos para atesorar, sin caducidad, y que muchas veces nos sirven de guía emocional para adentrarnos en una novela o en una película. Porque Javier no suele detenerse en cuestiones técnicas ni metodológicas, sino que, utilizando sus propias palabras, “se adentra en los distintos pliegues de la condición humana”, el suyo es un enfoque humanista y emocional, ahondando en “lo puramente humano” utilizando una expresión de Nietzsche. Cuando por las mañanas, estoy desayunando y abro el Facebook y encuentro el enlace a un artículo de Javier, ya es un día con un plus, ya es un día que comienza bien.
La trilogía ensayística a la que me refería al principio, ustedes recordarán, daría comienzo con “Los libros que me habitan” en 2019, siguió con “Miradas de cine” en 2020 y lo hace ahora, o por ahora, con “La vida es lo difícil”, un ensayo de pequeñas biografías o semblanzas a través de los cuales, Javier nos da una visión condensada y bastante fidedigna, siempre con algún toque personal, de figuras conocidas del mundo del arte, la literatura, la filosofía o el cine. También es necesario decir que, al igual que pasa con los dos libros anteriores, no están en este todos los artículos biográficos que ha escrito Javier sino que ha tenido que seleccionar aquellos que podían encajar mejor en el libro.
Pero vamos con el libro que nos ocupa, con el cernudiano título de “La vida es lo difícil”. “Morir parece fácil, la vida es lo difícil” es un verso de un poema de Cernuda de donde extractas el título de tu libro y que yo creo, al igual que la portada, resume a la perfección el espíritu de este corpus de pequeñas biografías o semblanzas que nos trae Javier, dificultad y belleza. En la prosa de Javier encontramos resonancias y referencias de todo tipo. Una de las muchas virtudes de estos textos es que son perfectamente comprensibles, sin mengua de una prosa elegante e inteligente y unas marcas estilísticas propias. Algo muy interesante y útil es que Javier nos ofrece en cada semblanza, para quien quiera profundizar en algunos de los personajes, son las referencias bibliográficas, documentales o cinematográficas que ha tomado Javier como base para cada uno de sus artículos.
Evidentemente no todas las vidas tienen el mismo interés, hay incluso autores y artistas que han llevado una vida completamente anodina y sin embargo nos han legado obras inmortales. Un músico que a mí me gusta mucho, como Federico Mompou, llevó una vida completamente intrascendente. Es en aquellos en los que existe una dicotomía entre el yo y el mundo al que se enfrentan de los que podemos sacar una enseñanza de vida. Como el mismo Javier nos dice no es mitómano, no tienen un enfoque hagiográfico e incluso aquellos personajes que más le interesan, tienen sus luces y sus sombras. En total, son 40 personajes.  Javier nos dice en el prólogo que su pretensión ha sido la de que, en unas pocas páginas, el lector obtuviera seleccionados los rasgos más significativos del personaje, aquellas manifestaciones vitales que podrían ayudarlo a profundizar en el conocimiento de la complejidad de la mente humana. Es lo que Javier, en el trasfondo de estas vidas contadas, nos está descubriendo, donde está la clave, no solo ya de este libro sino de la trilogía. Javier nos está desvelando la complejidad del alma humana.
El libro está dividido en varias partes. La primera, “Entre la filosofía y el espíritu” tenemos aquellos personajes con una vida interior muy rica y aquellos cuyo pensamiento y creencias han hecho evolucionar las costumbres y la forma de ver el mundo, como Gandhi, Ernesto Cardenal, Tolstoi, Montaigne o Schopenhauer. En el segundo, “La vida imposible”, donde encontramos a Stefan Zweig, Alejandra Pizarnik, Cesare Pavese o Marilyn Monroe que pusieron fin a su vida por falta de esperanza, por no verse capaces de poder afrontar la vida. La tercera, “Vejez, muerte”, encontramos a aquellos en los que la vejez o la enfermedad hicieron especial mella en su obra, como Kérstesz, Oliver Sacks, Henning Mankell y Aurelio Arteta. En la cuarta “Tanto penar” personajes a los que la vida no trató especialmente bien, como Billie Holiday, Van Gogh, María Callas, Miguel Hernández o Chet Baker. En la quinta, “Vidas en su tiempo” encontramos a Pio Baroja, Tarkovski, D´Annunzio o Luis Buñuel, escritores enclavados en unas determinadas coordenadas temporales e históricas, que los marcaron especialmente. En la sexta, “Heroínas”, visitamos a la activista Hyeonseo Lee, Mercedes Núñez Targa y Denise Affonço. En “Vidas de poeta” Javier nos trae un auténtico póquer de ases poético, nada menos que Luis Cernuda, Aleixandre, Gil de Biedma y Rilke. Y acabamos con una última parte, dedicada a los epistolarios y libros de memorias, con el título “Vidas escritas” con los epistolarios cruzados de Ramón Gaya y Maria Zambrano, Miguel Espinosa y su amante Mercedes Rodriguez, y los escritos testimoniales de Fernando Aramburu y de Kafka.
Bien, a través de estas páginas, veremos cómo Van Gogh no vendió un solo cuadro en su vida, como María Callas daba gracias a Dios todos los días porque le quedaba un día menos de vida, como Oliver Sacks anunció su adiós a la vida en un periódico, como Luis Cernuda iba a menudo al cine y le gustaban especialmente las películas del oeste, que Schopenhauer tenía muy mal carácter, sobre todo en su juventud cómo Ernesto Sábato no encontró editor para El túnel y un pariente suyo financió su coste.
Ya para terminar, escribió Mark Twain, que los dos días más importantes de tu vida son el día en que naciste y el día en que descubres para qué. Lo que ocurre es que en una época, como la que vivimos, caracterizada por la fragmentación del conocimiento, por la banalización, por un absoluto desprecio a la verdad, yo creo que muchos nunca llegamos a descubrir ese para qué.  Libros como los de Javier Puig nos ayudan a ello, merecen leerse con atención, porque son libros que nos hacen pensar y reflexionar sobre lo verdaderamente importante.
Y yo, ya dejó la palabra a Javier, que seguro nos va a contar cosas más interesantes de las que yo puedo trasmitirles.
 Juan Lozano

martes, 7 de diciembre de 2021

Reseña sobre La vida es lo difícil

 Reseña en empireuma (3/12/2021)


Qué gusto da cuando te aproximas a la obra escrita de alguien que, sin ser obligatoriamente profesional de las letras, satisface los grados de exigencia crítica que el material expuesto en lo publicado precisaría para su correcto disfrute. En este punto recuerdo a Octavio Paz, cuando reclamaba poetas que no fueran filólogos.
Javier Puig es escritor o aspira notablemente a serlo, pero antes ha pertenecido a  una comunidad potencial más difusa y extendida: la de los lectores. Se dice que antes de ser escritor hay que ser un buen lector. Javier Puig leía antes de escribir y seguirá leyendo, probablemente, cuando decida dejar la escritura. La lectura  se revela como el mejor adiestramiento del intelecto. Quien lee con voluntad, incluso con pasión, acaba interpretando brillantemente: la afición a la lectura interioriza contenidos, dinamiza y contrasta la información recogida y, sobre todo, supone el esfuerzo de instalarse en aventuras y desenlaces ajenos, lo cual confirma a su vez, la gran plasticidad asimilativa del lector.  
Como ya sabemos gracias a las inquietudes semióticas, leer no consiste sólo en asimilar texto escrito: se lee la arquitectura, la música, la historia... Es por ello que un lector aplicado como Puig “lea”, interprete películas o biografías como vasos comunicantes de una misma y fascinadora intelección.
Efectivamente. En La vida es lo difícil, conversión en epígrafe del famoso verso cernudiano, Javier Puig nos propone una serie de retratos y biografías fulminantes de personajes relevantes en los más distintos ámbitos de la ciencia, el arte o la literatura. Por el libro desfilan tanto cantantes o poetas como novelistas o actores: Nina Simone, Kafka, Tarkovsky, Luis Cernuda, Marylyn Monroe, Gandhi, o Miguel Hernández son unos pocos ejemplos de este suculento abanico de personalidades que tanto por sus biografías como por las versiones críticas que de ellos mismos nos da el interés que suscitan, ocupan un puesto singular en la historia moderna, mayormente, contemporánea.
Puig no nos presenta a los distintos personajes sumidos en una lista monocorde, sino que discrimina según las circunstancias vividas así como por las peculiaridades psicológicas o intelectuales. De este modo hay personajes extremos, como Alejandra Pizarnik o Pavese; heroínas como Mercedes Núñez Targa; hombres de espíritu como Ernesto Cardenal o Schopenhauer; o bien, personalidades que vivieron su época y la encarnaron como Pío Baroja o D´Annunzio.   
Javier Puig consigue mantener el interés de la lectura en todos y cada uno de los retratados aquí, porque, por un lado, son ya objetivamente interesantes en sí mismos, y por otro, porque la escritura de Puig los atiende con la misma pasión lectora y nivel crítico. La calidad del retrato de Puig consiste en que no provoca  especulación tendenciosa sobre las particularidades del hombre o de la mujer cuyo itinerario existencial intenta describir: la información que maneja la extrae de las mejores y últimas biografías que han aparecido sobre los aludidos en cuestión, exponiendo un balance crítico y mesurado de sus vidas. 
Es previsible que alguno de los seleccionados en esta antología vital, susciten más o menos recelo, incluso rechazo o ciega admiración. Si las semblanzas de Puig sortean estos inconvenientes es por su cautela ante los personajes más cautivadores así como por la capacidad de síntesis y contraste que su escritura administra ante realidades tan admirables como únicas.
El título del volumen es explícito y refiere una razón contundente: lo difícil, lo fascinante, el mayor film imaginable es la vida, y esto resulta más notable, todavía, cuando esa vida se vive con intensidad, con perplejidad, con pasión.
Echando un vistazo al libro de Puig, uno recibe un impacto que se merece un comentario general aparte, y que reclamaría una suerte de exégesis de lo que han significado tantas existencias insólitas articulando eso que llamamos modernidad.
Podían haber sido otros los seleccionados por Puig en su recorrido, pero no hay menoscabo alguno en ello, pues cualquiera de los retratados que nos encontramos aquí confirmaría por sus propias vicisitudes, el compromiso, la aventura fulgurante que es el vivir. 
 
José María Piñeiro

lunes, 22 de noviembre de 2021

Publicación de La vida es lo difícil de Javier Puig

Javier Puig nació en 1958 en Barcelona, aunque, desde 1988, reside en Orihuela (Alicante). Ha escrito cerca de cuatrocientos artículos, mayoritariamente sobre literatura y cine, que se han venido publicando en revistas como La Lucerna y en distintos medios digitales, como el periódico Mundiario, y en blogs especializados en literatura como Frutos del Tiempo.

Dos selecciones de los mismos han sido recogidas en Los libros que me habitan (2019) y Miradas de cine (2020). Además, sus poemas y relatos han sido incluidos en revistas como Empireuma, así como en diversos libros colectivos. En 2020, publicó la plaquette de poesía, Estancias en la finitud. La vida es lo dífícil es su tercer libro recopilatorio de artículos.

jueves, 2 de septiembre de 2021

Reseña sobre Ansiada del aire

                                                      Reseña en Mundiario (01/09/2021)

       Sobre Ansiada del aire, la poesía rotunda de Fernando Pastor-Mata

En Ansiada del aire, de Fernando Pastor-Mata (Editorial Celesta, 2021), nos adentramos en una poesía muy pasional, que busca la música, mejor si reincidente, si implanta un ritmo que borbotee, que eleve los versos sobre su lecho, que los mantenga despiertos, para que ofrezcan sus apretadas capas de comprensión. Es poesía imaginativa, abrazadora de su ardiente posibilidad. Con ella, el poeta se afirma en un monólogo indiscreto, en el atisbo de su propia incertidumbre. Es esto, al menos, lo que me sugiere su primera publicación, que no es más que una muestra —la más experimental— de su abundante producción inédita. 
Sus versos son continuo advenimiento, arribo de un flujo hecho de reminiscencias o de lavas, ofrecido en su reiteración, torrente de fuerzas medidas surgido para reinaugurar. En cada verso, el poeta se impone lo mayúsculo. Estremecido en el humilde ámbito de su poder, lo colma de su mejor sustancia. 
Su discurso no sigue las sendas tranquilas sino los itinerarios en los que no se renuncia a ninguna arriesgada verdad, de aquellas que no admiten antiguas simplificaciones. Lo que se dice contiene una extrañeza íntima que debe ser profanada, que sugiere encuentros en los que tiemblan las palabras en su entregada efusión. La flexibilidad verbal, la impronta de un saber espontáneo, redundan en incursiones aventuradas, que arriesgan su recepción. Es poesía que entona insistencias, se expande fecunda, se retuerce de severa incidencia en el conocer y se erige en imágenes que estallan adheridas a la hondura más enigmática de su proyecto. Se vale de la frase escueta, de la síntesis de un suspendido pensar, de una inmediata evocación de lo dicho. Es la frase que encaja en la inabarcable perfección de lo que se entrega, que se expande aferrada a las partículas de su luz. 
Ansiada del aire se compone de dos poemarios. En el primero, Retracción de tus labios, la canción es el vehículo que despliega, entre la laxitud de sus límites, una profusión de vida recogida, acopio de intensidades sucedidas o presentes. El poeta es ese hombre que no puede callar cuando siente que nace el silencio que sucede a lo exprimido y empieza una nueva y contundente visión. La despliega sin alivio, desde imágenes que golpean la dormida realidad, desde las estribaciones de una posible alucinación. El lenguaje es tratado con el difícil esmero de un rotundo atrevimiento, el léxico busca el amparo en su pertenencia a la poética razón. Todo es aquí pura vehemencia, pero solventada en inscrita lucidez. 
Componen la segunda parte, Ansiada del aire, unos Cantos en los que se construye un singular homenaje a Itálica. Aquí, aún en mayor medida, abunda el neologismo o el vocablo en desuso: desgarrante, opreso, albero, emersible, aneblada, irretornante, nébula, petricidad, mumurea, cílicos. El uso de la repetición de las palabras clave es el énfasis, la búsqueda de un natural estribillo, de un ritmo enunciativo con el que ir avanzando, hasta terminar rizados sobre su rota sintaxis: “La bella la silente la bóveda la”. Estamos ante un fraseo a menudo entrecortado, abrupto, indicador de destellos que exploran lo inédito. Un lenguaje aparentemente desordenado que busca el efecto insólito en un lector que se queda fundamentalmente con sus resonancias, en las que cree percibir un eco ancestral invocado por una voz surgida para una intensa veneración.
Encontramos así, en Ansiada del aire, dos muestras distintas de una voluntad poética que fuerza las resistencias para implantar una sentida sonoridad, la que se desarrolla a través del audaz manejo de las palabras, y atiende los resquicios descubiertos, las secretas hendiduras del tiempo y del sentir que el poeta ha querido revelar.   
Javier Puig

miércoles, 26 de mayo de 2021

Publicación de Tragicomedia de Francisco J. Blas Sánchez

Francisco J. Blas Sánchez (Orihuela, 1974), efectuó estudios técnicos, de informática, así como cursos en la UNED. Profesionalmente se ha dedicado a actividades comerciales y de técnico especialista, entre otras. Ha colaborado con artículos en revistas como La lucerna o Empireuma, y en el diario La Verdad de Orihuela. También sus poemas han aparecido en revistas como La buhardilla o Ágora y en el diario La Verdad. Es autor de varios poemarios y libros narrativos inéditos. Tras Tristezalegre, publica ahora su segundo poemario, Tragicomedia.

Publicación de Ansiada del aire de Fernando Pastor

Fernando Pastor Pons nació en Madrid en 1954. Se dedicó profesionalmente a trabajar para empresas y organizaciones no gubernamentales, en Suiza, Reino Unido, Portugal, Cabo Verde y España. Hoy día es patrono de la Fundación Emprendedores, de Alcalá de Henares.Se formó como poeta en movimientos culturales almerienses de los sesenta. Colaboró con revistas como Albatros y Albox, o con Parole, revista de filología de la Universidad de Alcalá; además, se han publicado algunos trabajos suyos en varias antologías poéticas. Director y actor aficionado, ha presentado programas de música y poesía, y colaborado como articulista y columnista en el semanario Puerta de Madrid y El Diario de Alcalá. El libro que aparece ahora, Ansiada del aire, es su primera publicación.  

jueves, 25 de marzo de 2021

Reseña sobre ...Del cielo bajan

Reseña en Cúmulos y limbos (Marzo-2021)

 (Más poesía: J.M. Triper y Luis Fermín Moreno)

Hay seres que ven el mundo con ojos poéticos. Juanjo Carracedo (gallego de Madrid, 1975) es uno de ellos. No es que escriba versos, que es algo que ya sabíamos, sino que entiende la vida a través de la poesía, como se puede comprobar en …Del cielo bajan (Celesta, 2021), su primer poemario publicado hace apenas dos meses. 


El título, cuenta Juanjo en la contraportada del libro, hace referencia al origen de “las ráfagas de amor y de muerte, de amistad y de tantos otros viajes” con las que se hace la vida. Parecen palabras mayores, de ésas que van de suyo con la poesía. Los versos de este libro hablan de ellas, y también de otras parecidas: soledad, anhelo, incertidumbre, angustia, esperanza… También –no podía ser de otra manera tratándose de un helenófilo- hay ecos clásicos y salpicaduras de referencias bíblicas. 

Pero Carracedo las transforma de una manera profunda y, sobre todo, personalísima para contar la vida cotidiana (el paso de los días, las tareas caseras o las clases en el instituto) con una sensibilidad que le hace captar momentos que la mayoría no somos capaces de ver. Valga como ejemplo este poema:

 

CLASE VACÍA EN VIERNES TARDE

Acabo de mirar a la izquierda 

y la ventana 

de siempre 

se mueve 

con unos versos ahora, 

con un cielo partido en dos luces, 

con una oración de tránsito 

al mundo 

de siempre

por atardecer 

para empezar el lunes 

de nuevo.  

 

Podrían parecer versos ensimismados, pero nada más lejos. Escribir poesía es asumir riesgos porque los poemas, si son sinceros, enseñan tus debilidades y te dejan desnudo frente al mundo. Juanjo es muy consciente de ello, y no se limita a hablar de sí mismo.

Los poemas están salpicados de un “tú” que interpela constantemente al lector. Un “tú” –singular o plural- al que a veces declara su amor y al que muestra sus dudas, su sed de conocimiento, su temor de quedarse a medias. Y en la palabra, en el encuentro con ese “tú”, que acaba convirtiéndose en un “nosotros”, encuentra su asidero:


SOLEDAD

Y si no hay espejos

arréglate con verte a medias

o a tres cuartos

con buena voluntad

arréglate igualmente

                            el pelo

que si llueve

cualquier charco es bueno

para hablarte de peinados

y ofrecerte un tú completo

Hasta que pueda yo volver a reflejarte.

 

CON NOSOTROS

Me estás oliendo 

a campo abierto 

y te me caes 

del cielo oscuro 

una noche cualquiera 

estás 

entre estas letras 

encendidas 

y entendidas en tu cuerpo 

están 

sentadas en el suelo con nosotros 

las canciones húmedas 

que dejaste 

en primavera… 

y me estás 

sabiendo a sueño.


Aunque nuestro poeta sabe que nunca quedará satisfecho. Y cierra el libro con esperanza, pero también con la aceptación de que la búsqueda no termina. Porque cada primavera tiene su Pascua, no hay más remedio que seguir escribiendo, obstinadamente:


PASCUA

Y ahora que el silencio 

de noche 

vuelve a oler a primavera 

no me huelen igual las manos 

tersas ya de un sol a voces. 

 

Lo cual augura, para nuestro deleite, poemas futuros. 

Reseña sobre ...Del cielo bajan

Reseña en The Citizen (19-Marzo-2021) 

“Manifestación de la belleza o del sentimiento estético por medio de la palabra, en verso o en prosa.”

Eso es la poesía, según el diccionario de la Real Academia de la Lengua. Pero es algo más, hay algo más. Es un sentir, proponer, enseñar, desnudarse. Por supuesto que la manifestación de la belleza es fundamental y es un previo. Pero siendo la forma un elemento básico, su contenido, su fondo, es lo que hace que una serie de palabras se conviertan en una creación real. Como es el caso de ...Del cielo bajan (Editorial Celesta).

Lo primero que llama la atención es que Juanjo Carracedo sea un autor novel, en el sentido temporal de su publicación. Porque su poemario …Del cielo bajan es su primera obra publicada. Y si siempre es un motivo de alegría ver como se incorporan nuevos autores al mundo de la edición, más aún si cabe en el terrible páramo que es la publicación de poesía. Pero novel no significa verde, o inmaduro. En este caso, sus versos son maduros, con ese tono tan español que mezcla desengaño y nostalgia, con esos colores ocres del recuerdo. Porque el autor sabe lo que quiere decir, y sabe como decirlo. No es un poemario donde se haya cristalizado un exceso de adjetivos, tan habitual en las recientes hormadas de escritores, ni hayan falsas y vacías provocaciones usando términos despectivos. Son versos elegantes, medidos, sobrios, incluso se podrían decir muy castellanos en el sentido estético.

Si bien siempre es complicado recomendar poesía, quizás el género literario más personal, es complicado pensar que este …Del cielo bajan vaya a defraudar al lector. Es una propuesta sincera, honrada, sin trampantojos que distraigan.

Léanlo. Les gustará.

viernes, 12 de febrero de 2021

martes, 19 de enero de 2021

Publicación de ...Del cielo bajan de Juanjo Carracedo

Juanjo Carracedo nació en Madrid en 1975. Estudió Filología Clásica y Hebrea en la Universidad Complutense. Obtuvo el doctorado con una tesis sobre Lingüística Indoeuropea. Es profesor de griego de instituto. Dedicado a la actividad poética desde sus estudios de enseñanza media, ha publicado algunos poemas en diversos medios así como en una antología, traducciones de poemas clásicos y artículos en revistas literarias; también ha sido finalista del premio Prometeo. Ve ahora la luz su primer poemario …Del cielo bajan.    

martes, 1 de septiembre de 2020

Reseña sobre Las raíces del velo

(Reseña en Las nueve musas, 28 de julio de 2020)

José María Piñeiro Gutiérrez es un escritor oriolano dotado de una gran versatilidad. Destaca como articulista, ensayista, narrador y autor de aforismos.

También practica la fotografía y la pintura, y desde hace años mantiene el blog, empireuma. Blogspot,comPero ante todo es un auténtico poeta, si bien creo que como autor lírico no ha obtenido el reconocimiento que merece, eso que se da en llamar justicia poética. Su último poemario, Las raíces del velo (Editorial Celesta, Madrid, 2019), repleto de imágenes y destellos imaginativos, está escrito con una dicción reflexiva, intensa y envolvente que no rehúye la emotividad.
En todo el poemario se fusionan intuición y pensamiento en una constante basculación entre el pasado y el presente, el himno y la elegía. El autor ahonda en asuntos metafísicos esenciales sin renunciar a un lenguaje matérico y carnal. La poeta y crítica literaria Esther Abellán ha escrito con acierto en la revista cultural LOBLANC que «desde el propio título, Las Raíces del velo trae la confrontación de lo etéreo y lo sólido; la fragilidad, la sutileza y el tacto apenas perceptible de la vida frente a la fuerza y la consistencia de las experiencias y de todo aquello que constituye la memoria».
Las raíces del velo está sustentado formalmente en el hábil manejo del versículo, el empleo de figuras retóricas como el encadenamiento de imágenes (José María Piñeiro es un maestro consumado en el empleo de la imagen poética), la anáfora, la sinestesia o la aliteración y una riqueza semántica apabullante, si bien el poeta no se estanca en díscolos ensimismamientos expresivos, ni se solaza en la mera voluptuosidad retórica; lima y pule sin someterse a las restricciones de las normas convencionales de versificación, de tal modo que la lectura de sus poemas constituye una gratificante y enriquecedora experiencia.
En cuanto al inspirado título del libro que nos ocupa, el propio autor ha explicado en varias ocasiones, y esto mismo queda reflejado en la contraportada, que Las raíces del velo «simboliza la fragilidad, la fugitiva esencia de la vida; las raíces, por oposición, serían los episodios más determinantes de lo vivido».
El poemario está dividido en tres partes permeadas por un manifiesto autobiografismo. Cada una de ellas podría haber originado un libro por sí mismas. No estamos hablando, sin embargo, de tres poemarios incompletos agrupados en un solo volumen, pues las tres secciones, perfectamente ensambladas, constituyen una estructura unitaria y coherente. José Manuel Ramón, uno de los mejores amigos del autor, definió con tino la estructura tripartita del libro durante su intervención en la presentación del mismo en la librería Códex de Orihuela en mayo del año pasado: «son tres partes íntimamente relacionadas entre sí y vehiculadas en pos de una búsqueda del Amor absoluto que el autor ha emprendido, y que todos íntimamente ansiamos o deberíamos ansiar, según infiero. Amor absoluto representado por la verdad y la belleza, también por la carnalidad y su crudo relato del deseo, en definitiva, por el ser humano que desbroza su esencia con esa carga de profundidad que es el arte, dirigido a estimularnos hacia otros niveles de conciencia diferentes al nuestro».
El poemario está encabezado con esta dedicatoria general: «A mi madre, que soñaba con jardines y bodas» Y es que Lolín Gutiérrez murió poco antes de la impresión del mismo. De modo que este libro es también un sentido homenaje a la madre ausente.
El título mismo de la primera parte, “biografemas”, es otro ejemplo de la coherencia intelectual de nuestro autor, gran conocedor de la obra de Roland Barthes, sobre la cual ha escrito numerosos textos. Biografema es el neologismo acuñado por al filósofo francés para definir escenas, imágenes o pinceladas biográficas concretas que aunque no pueden abarcar una biografía en toda su extensión sí logran ilustrarla.
En el primer capítulo de Las raíces del velo encontramos los recuerdos de la infancia y adolescencia del autor que dejaron una huella indeleble en su memoria y forjaron su conducta psicológica hipersensible e indagatoria. También nos habla el poeta de su capacidad ensoñadora y su querencia por el arte, la poesía, la filosofía y los enigmas de la vida. En estos nueve “biografemas” también se percibe, la obsesión por el paso del tiempo, el asombro y el fervor ante la vida presente.

martes, 4 de agosto de 2020

Reseña sobre Las raíces del velo

CRUZAMOS EL PUENTE DE LOS ESPEJOS CON… JOSÉ MARÍA PIÑEIRO: LAS RAÍCES DEL VELO

Reseña en LoBlanc (30-junio-2020)

José María Piñeiro Gutiérrez (Orihuela, 1963) ha realizado cursos de Filosofía e Historia del Arte a través de la UNED. Es miembro fundador de la revista literaria Empireuma (1985-2007) y colaborador desde hace años en prensa, revistas e instituciones. En 2013 la dirección de la revista Ágora le concedió un premio honorífico al fomento de la lectura por su artículo Que no hayan mensajes va la deriva. También mantiene en internet el blog empireuma.blogspot.com. Es autor del conjunto de aforismos Hilas de papiro (2000) y Ars fragminis (2015). Ha publicado la plaquette de poesía El légamo de las estrellas (1998) y los poemarios Margen armónico (2010), Profano demiurgo (2013). En 2016 publicó Pasajes escritos, una serie de artículos y ensayos que habían ido apareciendo en su blog Micropoesie: Empireuma. Su último libro de poemas, publicado por Editorial Celesta, lleva por título Las raíces del velo (2019).
Acercarse a la obra de José María Piñeiro es sumergirse en un mundo lleno de misterio. Desde muy temprano, la escritura, la pintura y la música han conformado una matriz indivisible, un todo que se manifiesta con distintos lenguajes para converger en un solo punto. Así, sus versos se convierten en refugio y temblor, en una zona creativa donde fundir la propia filosofía con la inventiva y la experiencia poética.
 Desde el propio título, Las raíces del velo trae la confrontación de lo etéreo y lo sólido; la fragilidad, la sutileza y el tacto apenas perceptible de la vida, frente a la fuerza y la consistencia de las experiencias y de todo aquello que constituye la memoria. Un libro que por su estructura bien podían ser tres, pero que el autor unifica desde la perspectiva variable del ciclo vital y las simetrías entre lo real y lo ficticio.
“Con la mirada testificamos cataclismos, la ley misteriosa: / cumplidos los reinos y metamorfosis / todo regresa a su origen. // Artificio y naturaleza confunden así sus demiurgias, / se conjuntan en una única mole / arrojada a los tiempos como memoria del sueño / que abarcó tantas vidas laboriosas”.
Pasado y presente se dan la mano para convivir en un horizonte subjetivo lleno de distancia, de soledad. De esta manera, la madurez facilita la visión y el análisis e incentiva el intelecto que se va transformando en testigo silencioso de lo que le rodea. En las dos primeras partes del poemario, los recuerdos, los amigos, la ciudad y los primeros hallazgos se recrean para dar paso a la reflexión sobre lo que pudo haber sido, sobre los deseos y las expectativas que se quedaron en un rincón del corazón.
“Ahora que el futuro ya pasó, / y sé que la casa frente al mar se derruyó antes de construirse, / y que la mujer de mis sueños en estos, perdida, flota, / no me queda sino la invitación precisa del ahora, / seguir soñando para potenciar el instante / y a mi propia imaginación, / dialogar con los libros / y agradecer este sol y esta tierra edénica / en donde disfruto de la hierba y de las blandas tardes”.
El anhelo, la fascinación y la belleza estructuran un confinamiento voluntario en el que la ausencia de amor, la búsqueda y el propio desconcierto conversan hasta dar sentido a la existencia. José María Piñeiro nos adentra en sus propias complejidades para llegar a la observación crítica sobre la idea y lo sensible, sobre la realidad perceptible y los parámetros de la razón.  La poesía se sumerge en la filosofía, o viceversa. Un camino de dos direcciones. Quizá el centro de la circunferencia.
“Desaparezco cuando reprimo la expresividad / por un diplomático enunciado, / cuando ante los libros, / dispersos por mi cama, / creo potenciar la memoria del pensamiento / con tan solo contemplarlos con orgullo. // Desaparezco cuando sé que la aventura de un cuerpo / no puede consignarse / a través de la mera audacia intelectiva / y me obstino en sublimar ese deseo”.
Su poética mantiene un diálogo abierto con la arquitectura, la pintura, la escultura, la música, el cine, los mitos y la propia poesía, para llegar a lo infinito y también a lo fugitivo del arte. Una revelación de la imagen poética que se produce en lugares sencillos y cotidianos y nos sorprende a través del símbolo que es el lenguaje. Piñeiro se mantiene en un estado de descubrimiento y extrañeza continuo que marca la dinámica de las palabras, su vocación.
“Somos escritura en expansión / y perversa taxonomía de esa escritura, / intelectiva invención / y repetitiva moratoria del confín vislumbrado; / animal y amanuense, / transmisores y destructores de mundos, / sibaritas del verbo / y especuladores de la calígine humana”.
La tristeza, la inestabilidad emotiva y la melancolía se cubren con un velo irónico en la tercera parte del libro, El flâuneur enardecido. El poeta se convierte en observador imaginario, en un paseante que disfruta y se deleita al sentir el vértigo del tiempo, la incertidumbre, el poder de los signos.  Comparte un canon personal de pasiones y se plantea la improductiva búsqueda de la felicidad.
“Evita la insolencia de las grandes mansiones / y la ignorancia del gentío que compra dulces. / Desde su buhardilla ve caer la nieve / sobre la masa esperpéntica de los edificios. / Ha instalado allí su laboratorio / en el que pretende estudiar el proceso vital / de semillas y bacterias aéreas. // Sabe que la semejanza de su morada / con la de un espectro / es una burla más del destino”.
En Las raíces del veloel autor explora la realidad desde la inquietud intelectual. Reflexiona, se busca, titubea y hace balance memorístico de un tiempo en el que afirma no haber vivido, todavía. Su interés y su naturaleza aforística crea un espacio de recogimiento en el que disfrutar del acto de la escritura, de la lectura, de la soledad, del amor que no existe, del que no llega. Alcanzamos así sus poéticas finales: breves destellos que lo definen y nos invitan a compartir un camino, un estado contemplativo y disuasorio del ruido externo. Tal y como dice José María Piñeiro, “lo maravilloso es posible / porque la luz del sol ilumina / el día y sus paisajes. / Parte de esa plenitud / para describir / cómo nace el universo de nuevo”. Cedamos a la conjura del lenguaje. Leamos.
Esther Abellán Rodes

https://loblanc.info/cruzamos-el-puente-de-los-espejos-conjosemaria-pineiro-lasraicesdelvelo

martes, 30 de junio de 2020

Publicación de Adonais de Percy Bysshe Shelley


Percy Bysshe Shelley nació en Field Place (condado de Sussex) en 1792. Fue el primogénito de una familia de la nobleza, recibiendo una esmerada educación. Primero en Eton, luego en Oxford. De esta universidad es expulsado en 1811. Se casa en Escocia con Harriet Westbrook. En 1814 deja Inglaterra acompañado por Mary Godwin, luego Mary Shelley, hija del pensador William Godwin. De ambas tendrá hijos.
De regreso a Inglaterra, en 1815 escribe el poema Alastor o el Espíritu de la soledad. Conoce y entabla amistad con Lord Byron. En 1818, y por motivos de salud, marcha con Mary a Italia, de donde no regresará. Alli finaliza Rosalind y Hellen, y redacta Julián y Madalo. En 1819 está en Roma donde compone el que ha sido considerado su gran poema, el drama lírico, Prometeo liberado. De inicios d 1820 son odas como A Nápoles o A la libertad; y también de ese año es Epypsychidion. Inmediatamente después elabora Adonáis, una elegía a la muerte de Keats. En 1821 se traslada con su familia a Villa Magni, en la bahía de Spezia; pero allí, en julio de 1822, se ahogó cuando navegaba desafiando a una tormenta en un ligero navío.

martes, 3 de marzo de 2020

Reseña de las personas del verbo


Reseña en empireuma (22/02/2020)

En definitiva, para conocernos y comunicarnos, para instalar el punto estratégico desde el cual lanzar nuestros mensajes a los demás, ¿quiénes somos, de entre todas las personas verbales: nosotros, ellos, aquellos, o, simplemente, nos ubicamos en la primera unidad reconocible: el yo abismático y concreto, el yo irrenunciable y polémico?
La cuestión no es nada banal, casi diríamos que alude al interrogante con implicaciones éticas y filosóficas más crucial: no se trata de saber quiénes somos de modo permanente, qué identidad nos pertenece, qué identidad somos, sino cuál vamos a representar; cuándo, ante el mundo y los otros, nos toca ser nosotros, ellos o yo mismo. Se trata de una cuestión de ubicación espacial y sentimental,  de estrategia conceptual.
Rafael González Serrano utiliza un lenguaje de imágenes dinámicas y precisas, de larga resonancia,  para evocar una memoria que nos ilustre, en un primer momento, sobre la historia y las pertenencias propias de estas personas del verbo que al articularse, despliegan una versión distinta de universo.
Cada persona del verbo, tanto las formas singulares como, especialmente, las plurales, son unidades mitológicas del Ser cuya intensidad y veracidad el poeta, parece querer  rastrear para reconstruir la gran épica secreta de cada uno de nosotros y comprobar cuál es el grado de satisfacción en la empresa realizada a lo largo de la vida. Es urgente que sepamos qué lazos son los que constituyen nuestra identidad común si no queremos que el tiempo arrase con nuestro vacilante testimonio. Y en este lance, la propiedad verbal, el formalismo de los textos, se han revelado, también, difusos. A pesar de la potencia de lo que la palabra pueda comunicarnos, hay una vacilación final que no acaba de solucionarse: lo que creíamos que perdura, se va desvaneciendo a la luz de nuestras evocaciones más fieles. Vívidamente, escribe: Pero ni la palabra encinta,/ni la disciplina de lo fragmentario,/ni el crisol del sintagma/nos enseñaron que ese verbo/ era un tatuaje desvaneciéndose/en la piel de los segundos/que alimentan la exactitud.
Desde Nietzsche ya sabemos que sin gramática no hay ontología.
Para el poeta, las normas pueden ser como columnas de aire: existe hacia ellas una consideración respetuosa que implica la subversión a la hora de imaginar nacimientos nuevos del ser. En este sentido, la nominación clarividente de lo plural, la integración de lo diverso en lo uno, es todavía una aspiración a cierta harmonía. Es por ello que la primera persona del plural no haya perdido ciertas implicaciones éticas y de esperanza: Nosotros/….como en el origen del universo. He ahí un vínculo. En el nosotros no hay enajenación, hay una memoria, un deseo de estar bien en comunidad y en el reconocimiento.
La distancia entre las distintas personas del verbo implica una gradación entre ellas de orden emotivo, social y mental. Entre el nosotros y el vosotros, hay una mayor cercanía, incluso, una más próxima semejanza que entre estas personas del verbo y el ellos, la tercera del plural. ¿Quiénes son ellos: son los extranjeros, los raros, los distintos a nosotros, los extraños, los enemigos, los otros…
Esta mecánica de relación humana es la que se muestra en la que, podríamos llamar, la segunda parte del poemario: la amenaza que para “nosotros” y “vosotros”, supone el advenimiento de “ellos”. Si en los primeros poemas se insinúa un desencanto con respecto a la función de las identidades de las primeras personas del verbo, apuntando a cierto desasosiego metafísico, en los últimos poemarios, se trasluce con claridad el pánico que ellos  representan y la inseguridad que significan para nuestro futuro. Qué curioso que las propiedades de las dos primeras personas del plural determinen tan nítidamente las diferencias con respecto a la tercera, ese amenazante ellos, que conceptuamos como los extraterrestres, los periféricos de nuestro sistema y de nuestra sensibilidad.
Rafael González Serrano también insinúa otra funciones de las personas verbales: o bien, marcas que articulan nuestra historia personal y anímica; o bien, como señalizadoras elementales de la alienación: el espanto súbito que nos atraviesa precisamente porque hemos descubierto que hemos dejado de ser “nosotros” (para ser “otros”, para no ser nadie…).
Afortunadamente, porque sabemos que al ser “nosotros” nunca seremos “ellos”, podemos estar relativamente tranquilos, aunque quizá sea esta, otra forma, la más sutil, de enajenación de nuestra presunta identidad.
José María Piñeiro

viernes, 21 de febrero de 2020

Reseña de Las personas del verbo


Reseña en Frutos del tiempo (15/02/2020)

Las personas del verbo (Editorial Celesta, 2020), es el último poemario de Rafael González Serrano. El enérgico caudal de su poesía irrumpe en el lector penetrándolo con su sustancia sugestivamente enunciadora, que se presenta como una apretada sucesión de imágenes inéditas, encontrando un cauce donde verterse seguro, sin accidentes de ritmo, desbordante de ideas que transgreden el mero pensamiento, encumbrándolo hasta las más arriesgadas exploraciones. Allí, en aquellos terrenos, el paralelismo de la realidad parece inasible. Los versos del poeta asumen el logro de una mirada muy singular, una perspectiva única, un arranque de potente luz que brota en la puntual incidencia de lo insoslayable. Es la búsqueda de una descripción que rebase la inflexible compartimentación de los conceptos, la manida y preceptiva explicación de lo extraño.
La poesía de Rafael González valientemente se presenta desasida de ostensibles narraciones que pudieran aflojar la tensión que impone a sus versos, hechos de rigurosos vislumbres, de presentimientos que llaman a los recovecos de lo más propio. Su cadencia se instala en una celebrante imaginación, en una orgía de la continua metáfora que no aspira a la exacta correspondencia sino a una certera pulsación de lo concerniente. Y es que esta voz se asienta en el ámbito de la palabra, en su pequeño universo dispuesto a una perpetua expansión creativa: “La palabra me buscaba / entre sus sílabas / con la persistencia y el afán / del explorador de acentos, / para saber si era / un devoto del verbo. / Pero había desertado / hacía tiempo / al lugar / carente de signos”.
El poema crea un paisaje imprevisto, una sucesión de voces que marcan el territorio del sentimiento: “Me persigo por ensenadas / de perfumes muertos, / por laberintos donde / los soles nacen al ocaso…atravesando inconsciente / pasillos de gasa negra, / para acabar retornando / a la orilla de mi máscara”. Son las nuevas sensaciones, o las viejas recuperadas de su postergación en lo oscuro. Es el dúctil camino de la palabra: “Buscamos en el verbo / fervores de imágenes / y esqueletos de metáforas, / en un laberinto de sospechas”.
Nos hallamos ante una poesía extremadamente alejada de lo prosaico, que se esfuerza en fundar un nuevo aliento del lenguaje. Lo inédito es aquí un camino abandonado al que se nos invita a entrar y en el que nos sentimos sorprendidos por una nueva enunciación de laberintos. No son poemas que estén escritos para una superficial atención. Si su música y su poco definida sugerencia suenan muy bien desde el principio, su superior riqueza solo se capta —o se atisba— en una o varias lecturas detenidas. No hay demasiadas pistas sino sutiles descripciones de lo realmente imaginado.
La primera parte del poemario, Desanudando el yo, nos introduce en las variables de la propia personalidad. De esta parte, destacaría el poema (ninguno tiene título) que se inicia con los versos: “Yo salí de mi patria / hace ya siglos, / y conté a los hombres / lo oscuro de la sintaxis / y el engaño de la palabra”. Y finaliza, en ese ejercicio de introspección, adherido al lenguaje, porque la palabra es, al fin y al cabo, la herramienta que sustancia nuestro pensamiento, el intento de aprehensión de la mirada primigenia, la forma que tenemos de interactuar con el mundo: “Al final no quise ver / a nadie, comí / de la flor del loto, bebí / de la fuente de la amnesia, / y me dispuse a enfrentarme / a mi mirada. / Aunque, a cada intento, / aparto el rostro de mí”.
En la segunda parte, Tu pacto con la letra, hay una indagación propia a través del “tú”: “Tú no eres tú / sin enfrentarte al espejo de los otros, / en el borde de un océano / de planetas / que giran sobre el eje / de una mirada indiferente”. Es un “tú” que sería la contemplación del “yo” caído, aparecido en el mundo: “Inventas una ventana / cada vez que miras el cielo / para poder enmarcar / la ciudad de los dioses, / y poner un poco de mirada / —de pupila y de calor— / en su cruel indiferencia”.
En Acecha su pronombre, el poeta se interna en aquello que no tiene un sujeto preciso, o no es algo personal sino a veces una indefinida presencia oscuramente ominosa: “Llegó como un puñal / que rasgase la túnica / de un consuelo inerte, / que hiriese la piel / de la imposible queja, / haciendo del aullido / la razón del firmamento”.
Coral de acercamientos / Plural de incertidumbres, es el último apartado del libro y el que contiene unos poemas cuya voz parece situarse en una exterioridad del presente, desde la que se divisan las acciones claudicadas, y revelan el sustento que transparenta las conexiones con el irreductible secreto, con la recíproca clandestinidad. “Adelgazar el verso / hasta que ellos no sepan / dónde nos escondemos / o si vosotros  nos / habéis acogido en el exilio”. Y es que hay una sensación de posición indefensa ante las abrumadoras fuerzas de lo fatalmente gregario: “Llegarán para quedarse / entre ceremonias de dominio / y atlas huérfanos  de meridianos; serán aclamados por la ofrenda / de la piedra desnuda de sal / y estómagos ahítos de banderas”.
Las personas del verbo es un libro poderoso, profundo, que crece con cada relectura. Cada imagen es un fogonazo que nos alcanza en el centro de nuestra sensibilidad, nos impacta haciéndonos sentir invitados a unas estancias en las que queda arrasado el melifluo discurso cotidiano y se alzan nuevos enclaves para la irreverente verdad.  “Queremos salvarnos con las palabras / que nombren la desdicha del silencio / y que abran la puerta del secreto”.
Javier Puig