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martes, 1 de septiembre de 2020

Reseña sobre Las raíces del velo

(Reseña en Las nueve musas, 28 de julio de 2020)

José María Piñeiro Gutiérrez es un escritor oriolano dotado de una gran versatilidad. Destaca como articulista, ensayista, narrador y autor de aforismos.

También practica la fotografía y la pintura, y desde hace años mantiene el blog, empireuma. Blogspot,comPero ante todo es un auténtico poeta, si bien creo que como autor lírico no ha obtenido el reconocimiento que merece, eso que se da en llamar justicia poética. Su último poemario, Las raíces del velo (Editorial Celesta, Madrid, 2019), repleto de imágenes y destellos imaginativos, está escrito con una dicción reflexiva, intensa y envolvente que no rehúye la emotividad.
En todo el poemario se fusionan intuición y pensamiento en una constante basculación entre el pasado y el presente, el himno y la elegía. El autor ahonda en asuntos metafísicos esenciales sin renunciar a un lenguaje matérico y carnal. La poeta y crítica literaria Esther Abellán ha escrito con acierto en la revista cultural LOBLANC que «desde el propio título, Las Raíces del velo trae la confrontación de lo etéreo y lo sólido; la fragilidad, la sutileza y el tacto apenas perceptible de la vida frente a la fuerza y la consistencia de las experiencias y de todo aquello que constituye la memoria».
Las raíces del velo está sustentado formalmente en el hábil manejo del versículo, el empleo de figuras retóricas como el encadenamiento de imágenes (José María Piñeiro es un maestro consumado en el empleo de la imagen poética), la anáfora, la sinestesia o la aliteración y una riqueza semántica apabullante, si bien el poeta no se estanca en díscolos ensimismamientos expresivos, ni se solaza en la mera voluptuosidad retórica; lima y pule sin someterse a las restricciones de las normas convencionales de versificación, de tal modo que la lectura de sus poemas constituye una gratificante y enriquecedora experiencia.
En cuanto al inspirado título del libro que nos ocupa, el propio autor ha explicado en varias ocasiones, y esto mismo queda reflejado en la contraportada, que Las raíces del velo «simboliza la fragilidad, la fugitiva esencia de la vida; las raíces, por oposición, serían los episodios más determinantes de lo vivido».
El poemario está dividido en tres partes permeadas por un manifiesto autobiografismo. Cada una de ellas podría haber originado un libro por sí mismas. No estamos hablando, sin embargo, de tres poemarios incompletos agrupados en un solo volumen, pues las tres secciones, perfectamente ensambladas, constituyen una estructura unitaria y coherente. José Manuel Ramón, uno de los mejores amigos del autor, definió con tino la estructura tripartita del libro durante su intervención en la presentación del mismo en la librería Códex de Orihuela en mayo del año pasado: «son tres partes íntimamente relacionadas entre sí y vehiculadas en pos de una búsqueda del Amor absoluto que el autor ha emprendido, y que todos íntimamente ansiamos o deberíamos ansiar, según infiero. Amor absoluto representado por la verdad y la belleza, también por la carnalidad y su crudo relato del deseo, en definitiva, por el ser humano que desbroza su esencia con esa carga de profundidad que es el arte, dirigido a estimularnos hacia otros niveles de conciencia diferentes al nuestro».
El poemario está encabezado con esta dedicatoria general: «A mi madre, que soñaba con jardines y bodas» Y es que Lolín Gutiérrez murió poco antes de la impresión del mismo. De modo que este libro es también un sentido homenaje a la madre ausente.
El título mismo de la primera parte, “biografemas”, es otro ejemplo de la coherencia intelectual de nuestro autor, gran conocedor de la obra de Roland Barthes, sobre la cual ha escrito numerosos textos. Biografema es el neologismo acuñado por al filósofo francés para definir escenas, imágenes o pinceladas biográficas concretas que aunque no pueden abarcar una biografía en toda su extensión sí logran ilustrarla.
En el primer capítulo de Las raíces del velo encontramos los recuerdos de la infancia y adolescencia del autor que dejaron una huella indeleble en su memoria y forjaron su conducta psicológica hipersensible e indagatoria. También nos habla el poeta de su capacidad ensoñadora y su querencia por el arte, la poesía, la filosofía y los enigmas de la vida. En estos nueve “biografemas” también se percibe, la obsesión por el paso del tiempo, el asombro y el fervor ante la vida presente.

viernes, 8 de febrero de 2019

Presentación de Los libros que me habitan

José Luis Zerón y Javier Puig

UNA BIOGRAFÍA LECTORA

Javier y yo nos conocimos hace aproximadamente veinticinco años. Desde el primer encuentro surgió entre nosotros una relación especial de amistad y literatura. Desde entonces hasta hoy hemos intercambiando confidencias y reflexiones, compartido espacio en antologías, revistas y blogs y seguimos participando en numerosos empeños culturales; así que puedo decir con conocimiento de causa que me extraña mucho que Javier haya tardado tanto en publicar ese primer libro que sus amigos esperábamos desde hace tiempo, por ello este acontecimiento gozoso que celebramos aquí, en nuestra querida librería Códex, es también un acto de justicia. Enhorabuena, Javier. Ya tocaba.
            Javier Puig se ha decidido por una recopilación de cuarenta artículos referidos a la literatura, agrupados bajo un título hermoso y muy adecuado: Los libros que me habitan, en edición de la madrileña editorial Celesta que dirige Rafael González Serrano; editorial asentada que no teme apostar por escritores de calidad que publican por primera vez. Javier es un escritor polifacético y cultivado que escribe y vive con la honestidad como brújula. Su opera prima podría haber sido un libro de cuentos, una recopilación de entradas del diario que escribe desde hace años, un poemario o una recopilación de reseñas de cine (Javier es un cinéfilo impenitente), pero ha optado por una selección de textos sobre los libros “que le han motivado a escribir”, como el mismo autor subraya en el prólogo. Algo así como un canon literario inevitablemente incompleto, ya que se ha quedado fuera mucho material por falta de espacio. Estos artículos han ido apareciendo durante los últimos seis años en publicaciones digitales como La Galla Ciencia, Mundiario o Frutos del tiempo y, según confiesa el mismo autor, son lecturas “que me han producido un sentir cercano a la devoción”.
            Cuando terminé de leer Los libros que me habitan me vino a la mente la frase de François Mauriac que Federico García Lorca utilizara como título para una de sus conferencias: Dime lo que lees y te diré quién eres. También recordé el neologismo “biografema” inventado por el semiólogo Roland Barthes, quien sostenía que se puede rastrear la biografía de un autor a través de sus propios libros, pues este siempre deja en su escritura una serie de destellos biográficos que conforman algo así como “una historia pulverizada”. Digo esto porque Javier traza un autorretrato involuntario en este libro, no solo a través de los autores y libros escogidos, también por los pequeños retazos autobiográficos insertados en los textos a modo de cuña evocadora (hay recuerdos e incluso confesiones), así como por las breves opiniones y partículas críticas que contienen indicios de la visión estética del autor y de su concepción de la vida. Es por eso que no podemos leer estos textos como meras reseñas literarias, pues no lo son. La reseña literaria surgió con el auge del periodismo cultural y de alguna manera siempre ha estado vinculada a la industria del libro. Javier se desvincula por completo de la ortodoxia exigida a una reseña, pues omite en la mayoría de los textos, datos que le parecen accesorios, irrelevantes o poco sustanciales para lo que él quiere transmitir, como son el nombre de la editorial y del traductor (si el libro no está escrito en español), la fecha de edición, etc. Tampoco se pueden considerar ensayos pues no son muy extensos y carecen de referencias bibliográficas y del idiolecto especializado propio de este género literario. Me atrevo a afirmar que estos comentarios (así los llama el propio autor) pertenecen a un género mestizo, ya que surgen del acoplamiento del artículo o reseña literarias, la entrada de diario (muchos de los textos tienen su germen e incluso su desarrollo en las páginas del diario del autor) y el ensayo breve.

viernes, 18 de marzo de 2016

Acto de presentación de Cruzar el cielo

José Luis Zerón y Ada Soriano

José Luis Zerón

Buenas noches. Os agradecemos que estéis aquí celebrando con nosotros la salida del poemario Cruzar el cielo, publicado por la editorial madrileña Celesta.
No creo que haga falta a estas alturas hablar demasiado de la autora. Todos conocéis a Ada Soriano y su trayectoria literaria. Solo diré que este libro que hoy presentamos es su quinto poemario publicado. No es, pues, una autora muy prolífica, si bien ha dedicado más de treinta años de su vida a la poesía. Ha publicado poemas, artículos y narraciones en numerosas revistas literarias de ámbito nacional e internacional y creo que casi todos conocéis su labor editorial, como cofundadora y coeditora de Empireuma. En cuanto a mí, es decir, a mi presencia aquí esta noche como presentador, no creo que deba dar demasiadas explicaciones puesto que están claros los vínculos que me unen a Ada. Ella es la madre de mis hijos y nuestras respectivas trayectorias literarias han seguido caminos paralelos, pues durante veinticinco años realizamos un común esfuerzo por difundir la poesía como directores de la revista Empireuma. Además, he sido testigo privilegiado de la gestación de Cruzar el cielo, que hoy presentamos, de modo que tengo argumentos suficientes para justificar mi presencia aquí esta noche, ¿verdad?
Cuando Ada dio por terminado Cruzar el cielo hace un par de años, envió copias a varios amigos. Uno de ellos, poeta conocido, lo calificó de extraordinario. Y no le faltaba razón. Me pareció muy acertado el adjetivo calificativo, pero se me ocurrió en aquel momento escribir un decálogo que  titulé “Por qué es extraordinario Cruzar el cielo”. Hoy suscribo absolutamente lo que escribí entonces.

¿Por qué es extraordinario el libro de Ada?

1.- Porque en sus poemas se aprecia un tono confesional que no renuncia a la experiencia solidaria. Hay una presencia constante de la ternura, la emotividad, el afecto, y la solidaridad, pero no hay sentimentalismo. Al mismo tiempo se alcanza con la palabra la sublimación de todo aquello que amenaza y perturba a la autora: el miedo, la inquietud, la ansiedad...  Hay en estos poemas espacio para el autoconocimiento y la apertura imaginativa. Pongo como ejemplos los poemas: "Agorafobia", "Viaje", "Una ciudad del sur", "Te amo", "Nonagenaria", "El despertar de la memoria".
2.- Porque hay un perfecto equilibrio entre el verso lírico y el discursivo. Ejemplos: "Una ciudad del sur", "Carpas en el río", "Luna de invierno", "El despertar de la memoria", "Nonagenaria", y "Viaje".
3.- Porque está presente en todo el libro un epicureísmo sereno que deviene en esa atmósfera erótica propia de los poemas de la autora. Hay una fusión entre Eros y Logos. La búsqueda del sentido de la vida, la fe en el valor de la palabra, el anhelo trascendente, la capacidad de asombro, la preferencia por la sensualidad y la celebración de la naturaleza, están muy presentes en la poética de Ada.  Esa preferencia por lo erótico, es decir, esa apuesta por la vida, por el placer de los sentidos en su plenitud, se refleja igualmente en la naturaleza y en el cosmos... Es la confrontación del hombre y de la mujer con su propia inmanencia, allá donde las falsas fronteras se ven abolidas. La pulsión erótica también está presente en todo el libro, pero destaco "Luna de invierno", "Venus cabalga sobre el arco de la luna", "Una tarde de primavera", "Rocío del mar" y "El beso".
4.- Porque los poemas de Cruzar el cielo están escritos con rigor y sutileza pero transmiten frescura. Digo frescura porque no se notan las hipotéticas marcas de taller. El lenguaje poético fluye con naturalidad, aun en sus fases más complejas. Esta es una de las características más notables de la obra poética de Ada Soriano.
5.- Porque la voz de la autora, unas veces inquietante, otras acogedora, mantiene un aliento pletórico, una intensidad constante. Pero los poemas de Cruzar el cielo no quedan atrapados en la enorme urdimbre de banalidades, presente en todos los ámbitos de lo real cotidiano. Nada tienen que  ver con las veleidades confesionales de los viejos poetas de la experiencia, ni con la trivialidad, supeditada al ingenio y la ironía autocomplaciente, practicada por muchos jóvenes poetas con resabios experienciales.
6.- Porque es una poesía tan alusiva como elusiva. Los poemas de Cruzar el cielo, siguen una línea clara, pero leyéndolos en profundidad se observa una torsión expresiva que deja entrever el misterio oculto tras la realidad fenoménica. 
7.- Porque está bien articulada la precisión con la ambigüedad. A los poemas no les sobra nada, sin embargo no evitan la polisemia y la paradoja; por eso están llenos de dobles fondos a los que hay que acceder a través de la imaginación.
8.- Porque Cruzar el cielo se aleja de las escrituras líquidas de la posmodernidad  para unirse a las poéticas sólidas de siempre, de toda la vida.
9.- Porque en este libro hay un debate continuo entre la soledad, el aislamiento (no reclusivo) y las ansias de libertad, la necesidad de vuelo Por ejemplo: "Rocío del mar", "Mariposa", "Agorafobia", "Viaje", "Una ciudad del sur", "Te amo".
10.- Y porque rinde un homenaje a las poetas Sylvia Plath y a Anne Sexton, pero no encalla en los médanos del elogio ni en los escollos monotemáticos de la literatura hagiográfica.
           
Ada Soriano

Buenas noches Quiero agradeceros vuestra presencia. Gracias, a ti, José Luis, por tus palabras y por haber aceptado presentar mi libro. También doy las gracias a la concejalía de Cultura por habernos cedido este auditorio y a Jesús Zerón que me ha ayudado a elaborar el audio que vamos a escuchar al finalizar este acto. Y por último mi agradecimiento especial a Rafael González, por haber editado mi libro. Deseo que la editorial Celesta goce de una vida larga y próspera. Aunque de apariencia modesta por ser poco voluminoso, mi libro está muy bien editado. Además Rafael me ha dispensado en todo momento un trato exquisito.

jueves, 10 de marzo de 2016

Reseña de Leves alas al vuelo de Rafael González Serrano





La figura de Rafael González Serrano supone desde hace años un saludable ejemplo de generosa dedicación a la poesía al margen de los circuitos oficiales, como editor al frente de la editorial Celesta, como bloguero (su blog De turbio en claro está dedicado exclusivamente a la poesía) y como poeta y traductor. Leves alas al vuelo es el sexto poemario publicado por Rafael González, precisamente en la elegante editorial Celesta. Es un libro de carácter híbrido en el que conviven el poema, el aforismo y el fragmento en prosa, pero no incurre en la incoherencia o en la dispersión. Muy al contrario, es un conjunto conexo cimentado en la brevedad, el virtuosismo formal, el lenguaje plástico y la voluntad analítica. El discurso breve no naufraga en un minimalismo descarnado, ni en una sobriedad abrupta, ni es un esencialismo espurio. En este libro no hay lugar para lo superfluo, pero si para la belleza, que se presenta en fogonazos esplendentes que iluminan el mapa reflexivo. En la fugacidad se instaura la belleza, escribe el autor. A esto hay que añadir una precisión en el lenguaje que convierte en aparentemente sencillo lo más complejo.
El contenido del libro está sintetizado en la aliterada sutileza de las cuatro palabras que conforman el título: levedad formal y búsqueda, indagación y revelación a través de un vuelo metafórico que se alcanza con la precisión del esfuerzo, la fuerza de la elocución y la insobornable voz lírica.
Leves alas al vuelo se compone de cuatro epígrafes que llevan por título Breverías, Duinos, Aladas y Aporismos. Son cuatro partes aparentemente distintas, pero, como decía, conectadas por el código de extrema sencillez y exactitud y la íntima alianza entre reflexión y lirismo presente cada una de las páginas de este volumen.
En el primero encontramos un conjunto de poemitas a modo de haikus, pero como bien apunta el autor no entrarían estricto sensu en esta categoría, pues su temática es plural y no exclusivamente referida a la naturaleza. Aquí encontramos deliciosas pinceladas aforísticas que abarcan el detalle nimio y humilde que nace de un buceo en la raíz del acontecer (Cae la lluvia,/todo semeja ser gris./ Es el otoño. O La luna baña/ un cortejo de sombras;/luego se marcha), la elegía personal (Los días sufren/ de sus noches resacasde amor concluso. o Una rosa de/olvido se marchita/ en tu memoria), la peripecia reflexiva de corte pesimista (Llegar tarde a/ la cita con la muerte:/ ardid inútil. O De las armas de/ metal resta sólo su/mellado filo), la urdimbre humanizadora del amor (Nos fundimos en/ un tiempo transversal: yo,/tú, el abrazo. O La incógnita de/ tu ecuación se resuelve/ en tus caderas), el vuelo lírico que admira lo vivo (La luciérnaga/luce entre las estrellas./ Su luz contemplo. O Las flores sueñan/con mundos renacidos/ en primavera) y la pirueta paradojal (en la tormenta/ se funda la fuerza que/ trae la calma. O En un segundo/ se condensan cristales/ de eternidades).
El segundo epígrafe lleva un título que nos remite a las célebres elegías de Rilke por su carácter elegíaco. Siguiendo con la brevedad, los Duinos son poemas de dos versos isosilábicos que no entrarían en la definición típica de lo que es un pareado o un dístico y tienen mucho en común con el epígrafe anterior por el contenido aforístico, un tono pesimista y un sistema de símbolos relacionados con la soledad, la pérdida, el dolor y la consumición, pero sin llegar a la desgarradura ni al grito desesperado, pues en oposición a este panorama sombrío se alza en todo el libro un deseo ferviente de vida, y muchos de los símbolos de muerte y destrucción, como el fuego, tan basal en la obra de Rafael González, también representan la regeneración, la esperanza y la vitalidad Todo fluye en estos versos sin estridencias ni altibajos, con una delicada belleza no exenta de rotundidad y una inusual armonía.
Las aladas que conforman el tercer epígrafe, son quince composiciones de versos cortos y rítmicos que se diferencian de los textos reunidos en las demás secciones, sobre todo porque destilan una emoción menos concentrada, una mayor tensión metafórica y una expresión más sensual. El contenido resulta en ocasiones críptico No obstante son poemas de una belleza convulsa que surgen de una derrota del aliento/sobre un cristal/ de espejismos, y una epifanía/de secretos/, una celebración/ en el límite.
Por último, la sección que cierra el libro titulada aporismos, acoge textos en prosa a modo de máximas. Como indica el título, están cercanos a la paradoja, a la contradicción, a la dificultad lógica, y expresan un combate entre elementos contrarios, por ejemplo leemos en una máxima: En cualquier lucha que iniciemos, por el hecho de participar en ella, somos perdedores de antemano. Y a continuación: solo quien anhela vence aún en la derrota. En suma, hay un sustento reflexivo que no renuncia al lenguaje lírico. Aquí el discurso es tan especulativo como explícito, tan contundente y sentencioso como elíptico. Y también es más denso.
Leves alas al vuelo es un libro bello, rico, complejo y valiente. Hay en sus páginas un conflicto continuo entre el chispazo azaroso o intuitivo y la reflexión sobre el deseo, la identidad, la incertidumbre, el temor, el amor con sus maravillas y desastres, el paso del tiempo, en suma, la vida y la muerte; pero el autor no se erige en portavoz del dolor y la desolación y solo traza con nitidez una forma de entender el mundo cercana al estoicismo desde formas estilizadas que no renuncian a la plenitud y el misterio (si se abre bien los ojos en la noche se nos revelará lo que mil soles no pueden mostrarnos), porque La brevedad/ intenta rescatar/ lo inevitable
José Luis Zerón Huguet

Enlace a página original: https://frutosdeltiempo.wordpress.com/2016/01/23/leves-alas-al-vuelo-de-rafael-gonzalez-serrano-por-jose-luis-zeron-huguet/

martes, 26 de enero de 2016

Reseña de Leves alas al vuelo de Rafael González Serrano

Reseña en La Galla Ciencia
(viernes, 22 de enero de 2016)

LEVES ALAS AL VUELO
Rafael González Serrano

Editorial Celesta,
colección Piel de sal. Madrid, 2015.

La figura de Rafael González Serrano supone desde hace años un saludable ejemplo de generosa dedicación a la poesía al margen de los circuitos oficiales, como editor al frente de la editorial Celesta, como bloguero (su blog De turbio en claro está dedicado exclusivamente a la poesía) y como poeta y traductor. Leves alas al vuelo es el sexto poemario publicado por Rafael González, precisamente en la elegante editorial Celesta. Es un libro de carácter híbrido en el que conviven el poema, el aforismo y el fragmento en prosa, pero no incurre en la incoherencia o en la dispersión. Muy al contrario, es un conjunto conexo cimentado en la brevedad, el virtuosismo formal, el lenguaje plástico y la voluntad analítica. El discurso breve no naufraga en un minimalismo descarnado, ni en una sobriedad abrupta, ni es un esencialismo espurio. En este libro no hay lugar para lo superfluo, pero si para la belleza, que se presenta en fogonazos esplendentes que iluminan el mapa reflexivo. En la fugacidad se instaura la belleza, escribe el autor. A esto hay que añadir una precisión en el lenguaje que convierte en aparentemente sencillo lo más complejo. El contenido del libro está sintetizado en la aliterada sutileza de las cuatro palabras que conforman el título: levedad formal y búsqueda, indagación y revelación a través de un vuelo metafórico que se alcanza con la precisión del esfuerzo, la fuerza de la elocución y la insobornable voz lírica.
Leves alas al vuelo se compone de cuatro epígrafes que llevan por título Breverías, Duinos, Aladas y Aporismos. Son cuatro partes aparentemente distintas, pero, como decía, conectadas por  el código de extrema sencillez y exactitud y la íntima alianza entre reflexión y lirismo presente cada una de las páginas de este volumen.
En el primero encontramos un conjunto de poemitas a modo de haikus, pero como bien apunta el autor no entrarían estricto sensu en esta categoría, pues su temática es plural y no exclusivamente referida a la naturaleza. Aquí encontramos deliciosas pinceladas aforísticas que abarcan el detalle nimio y humilde que nace de un buceo en la raíz del acontecer (Cae la lluvia,/todo semeja ser gris./ Es el otoño. O La luna baña/ un cortejo de sombras;/luego se marcha), la elegía personal (Los días sufren/ de sus noches resacas/ de amor concluso. o Una rosa de/olvido se marchita/ en tu memoria), la peripecia reflexiva de corte pesimista  (Llegar tarde a/ la cita con la muerte:/ ardid inútil. O  De las armas de/ metal resta sólo su/mellado filo),  la urdimbre humanizadora del amor (Nos fundimos en/ un tiempo transversal: yo,/tú, el abrazo. O La incógnita de/ tu ecuación se resuelve/ en tus caderas), el vuelo lírico que admira lo vivo (La luciérnaga/luce entre las estrellas./ Su luz contemplo. O Las flores sueñan/con mundos renacidos/ en primavera) y la pirueta paradojal (en la tormenta/ se funda la fuerza que/ trae la calma. O En un segundo/ se condensan cristales/ de eternidades).
El segundo epígrafe lleva un título que nos remite a las célebres elegías de Rilke por su carácter elegíaco. Siguiendo con la brevedad, los Duinos son poemas de dos versos isosilábicos que no entrarían en la definición típica de lo que es un pareado o un dístico y tienen mucho en común con el epígrafe anterior por el contenido aforístico, un tono pesimista y un sistema de símbolos relacionados con la soledad, la pérdida, el dolor y la consumición, pero sin llegar a la desgarradura ni al grito desesperado, pues en oposición a este panorama sombrío se alza en todo el libro un deseo ferviente de vida, y muchos de los símbolos de muerte y destrucción, como el fuego, tan basal en la obra de Rafael González, también representan la regeneración, la esperanza y la vitalidad Todo fluye en estos versos sin estridencias ni altibajos, con una delicada belleza no exenta de rotundidad y una inusual armonía.
Las aladas que conforman el tercer epígrafe, son quince composiciones de versos cortos y rítmicos que se diferencian de los textos reunidos en las demás secciones, sobre todo porque destilan una emoción menos concentrada, una mayor tensión metafórica y una expresión más sensual. El contenido resulta en ocasiones críptico No obstante son poemas de una belleza convulsa que surgen de una derrota del aliento/sobre un cristal/ de espejismos, y una epifanía/de secretos/, una celebración/ en el límite.
Por último, la sección que cierra el libro titulada aporismos, acoge textos en prosa a modo de máximas. Como indica el título, están cercanos a la paradoja, a la contradicción, a la dificultad lógica, y expresan un combate entre elementos contrarios, por ejemplo leemos en una máxima: En cualquier lucha que iniciemos, por el hecho de participar en ella, somos perdedores de antemano. Y a continuación: solo quien anhela vence aún en la derrota. En suma, hay un sustento reflexivo que no renuncia al lenguaje lírico. Aquí el discurso es tan especulativo como explícito, tan contundente y sentencioso como elíptico. Y también es más denso.
Leves alas al vuelo es un libro bello, rico, complejo y valiente. Hay en sus páginas un conflicto continuo entre el chispazo azaroso o intuitivo y la reflexión sobre el deseo, la identidad, la incertidumbre, el temor, el amor con sus maravillas y desastres, el paso del tiempo, en suma, la vida y la muerte; pero el autor no se erige en portavoz del dolor y la desolación y solo traza con nitidez una forma de entender el mundo cercana al estoicismo desde formas estilizadas que no renuncian a la plenitud y el misterio  (si se abre bien los ojos en la noche se nos revelará lo que mil soles no pueden mostrarnos), porque La brevedad/ intenta rescatar/ lo inevitable.

martes, 3 de febrero de 2015

Acto de presentación de Ars fragminis

José Luis Zerón y José María Piñeiro

José María Piñeiro fue miembro fundador de la revista Empireuma y ha publicado las plaquetes  El légamo de las estrellas e Hilas de papiro, así como los libros Margen Harmónico y Profano demiurgo. Además es colaborador en numerosas revistas y periódicos y autor del blog empireuma.blogspot.com.  Ars fragminis es su tercer libro y se compone de notas, aforismos y  fragmentos extraídos del diario del autor. José María también es fotógrafo y pintor, pero siente una especial predilección por la poesía, y a la escritura y lectura de poesía le dedica una gran parte de su tiempo; por ello quien lo conoce se hará estas dos preguntas: ¿por qué, teniendo la oportunidad de volver publicar un libro no se ha decantado por un poemario? ¿Se ha sumado José María a la moda de la escritura breve que impera en Internet y empieza a colonizar el mercado editorial? Como amigo suyo que soy de toda la vida os diré que José María Piñeiro no es un oportunista, y puedo atestiguar que durante su adolescencia ya practicaba la escritura mínima, fragmentaria, llámese aforismo, sentencia, axioma o apotegma. Desde sus tempranos inicios en la literatura escribía un diario que ha continuado con más o menos regularidad, de modo que José María es un veterano de la literatura breve y sé que acariciaba desde hace tiempo la idea de publicar un libro de escrituras fragmentarias.
Este que hoy presentamos consta de tres secciones: la primera y la tercera contienen aforismos o notas breves, la segunda una selección de entradas del diario del autor. La primera sección se titula Líneas I y se trata de un conjunto delicioso de fulguraciones gnómicas que no tienen un tema común; no son máximas morales o sentencias que desembocan en el axioma, el refrán o el proverbio, ni son sesudos aforismos con cierta diatriba social, ni una concatenación atropellada de impresiones ingeniosas pero vacías, no, los textos quintaesenciados que componen este libro obedecen tanto a una comprensión del mundo, a su necesidad de captarlo aquí y ahora, como a una intención estética y al mismo tiempo reflexiva. Estos aforismos nos hablan de la intimidad del autor pero también de ese flujo incesante de acontecimientos llamado realidad, captado como una cascada de sensaciones e impresiones. 
Somos el universo cuando fluimos, cuando cantamos; estamos en el universo al delimitar un territorio, al enfrentarnos a otros habitantes”. Dice un aforismo. 
Y  este otro:
procesaré durante años la información que me ha brindado ese instante. 
José María demuestra una amplitud de miras, un más allá en su visión del mundo y de la cultura que trasciende el tópico, expresándose en un tejido de experiencias múltiples y simultáneas: 
Materialismo, idealismo, solipsismo, positivismo, espiritualismo… al fin y al cabo toda teoría supone una imagen de las cosas  y es válida para entender al hombre y al mundo. La preeminencia de una tendencia sobre la otra es eventual en el concurso de la creatividad del pensar. 
Muchos de sus aforismos están dedicados a la poesía  y a los poetas, como no podía ser de otra manera en alguien que se considera esencialmente poeta. He aquí varios ejemplos: 
Solo la poesía y la belleza son posibles.
Lo que más fastidiaba a Baudelaire era escribir poemas.
Hay algo oscuro en un poema recitado en una plaza, bajo la luz del sol, en pleno día. 
También hay en ellos una tendencia al culturalismo:
Hay genios que hablan su propio idioma: Góngora, Lezama Lima, Joan Miró.  
Siempre entendí el título del libro de Octavio Paz Pasado en claro, como posado en claro. 
En estos fragmentos asoma la incorregible vocación de flâneur de nuestro amigo José María, callejeador y hermeneuta, como se califica a sí mismo. 
El mayor lujo: pasear.
Casualidades estocásticas por la calle, el portazo de un coche, un martillazo lejano y un par de ruidos en un andamio reproducen varias notas de un pasaje de la obra musical Arcana de Varése.
"Amad a los poetas locos", pintada leída en Torrevieja, a principios de los noventa. 
El autor también  habla de sí mismo: 
Soy un visitador de discursos.
Me interesan ciertos éxtasis de los otros.
Y hay lugar para el ingenio cercano a la greguería, la paradoja, el retruécano y el juego de palabras: 
El estrépito de la carcajada como cuando cae la vajilla al suelo.
Por mucho que se arrugue, el agua no se rompe.
Un relámpago lentísimo. 
Y por último, y para no extenderme, destacaré la reflexión del autor sobre la escritura fragmentaria: 
El fragmento es un lujo de lo unitario.
El aforismo no sentencia, detecta un nódulo de realidad.
Escribir aforismos es otro modo de jugar con los espacios en blanco. 
Las notas y aforismos de José María basculan de la solemnidad al humor, de la aseveración a la ironía, de la actitud epistémica al escarceo intuitivo, del ascetismo tajante a la voluptuosidad imaginativa, de la opinión intelectual al pensamiento espiritual, siendo fiel el autor a los requisitos que hay que pedirle a un buen aforista: brevedad, agudeza , fuerza de lenguaje, lucidez, tendencia ilustrada que no excluya la intuición, intensidad, lenguaje claro y sintaxis estable, posesión instantánea y simultánea de la realidad.
La segunda sección lleva por título La arena del reloj  y consta de fragmentos del diario personal del autor. Estos textos son más extensos y, por tanto pierden contundencia, pero no abandonan la concisión, la síntesis y la agudeza. Incluso en esta sección también leemos algunos aforismos. Por ejemplo  Un apunte que es en sí mismo una verdadera poética: 
Ser poeta es habitar un ritmo. 
Esta sección combina la escritura reflexiva con la experiencia y la memoria personal aboliendo ciertas fronteras narrativas. José María es capaz de reflexionar con asombrosa lucidez y riqueza de matices, a pesar de la brevedad de los textos, sobre complejos asuntos filosóficos o sucesos leídos en la prensa, y al mismo tiempo registra sensaciones nimias, percepciones pasajeras, anota sueños, da cuenta de sus lecturas o de sus audiciones musicales, de sus paseos, del proceso de su escritura. El autor exhibe una admirable capacidad analítica al mismo tiempo que una libre asociación de ideas a la hora de desarrollar los temas, con un manejo del lenguaje como materia dúctil.
José María lo abarca todo, nada escapa a su curiosidad y asombro, desde la astrofísica y sus misterios y paradojas, la filosofía, las artes y la literatura, hasta la parapsicología, pasando por los conflictos de la realidad actual; pero además, también habla de su experiencia vital, más contemplativa que activa, de sus introspecciones, de sus hallazgos, “esos tesoros del día escondidos por la luz del día”, como escribe en una de sus entradas. El autor no escamotea la crítica y la ejerce de manera tan sutil como contundente, verbigracia esta entrada de una sola frase: 
Hoy la poesía solo está bien escrita. 
Asimismo abre un camino amplio de posibilidades especulativas y narrativas que evita la autobiografía y sus detalles irrelevantes, así como el envaramiento intelectual, algo tan común en la mayoría de diaristas. El suyo, a pesar de su riqueza analítica, es un diario vivo, candente, pleno de intuiciones y hallazgos, sin imposturas, que apuesta por el valor salvífico de la escritura: José María dice en una de las entradas: 
Un diario exclusivamente intelectual parece escamotearnos algo. ¿Dónde está el cuerpo, las emociones liberadas, el grito? Todo  ha sido sustituido por la convulsión conceptual, por la ebriedad meditativa. La palabra es una frondosidad -ideológica sensorial-.” 
O esta otra: 
Incluso para escribir el poema más desolado, más aniquilante o presuntamente verdadero, hay que tener un dominio sobre lo experimentado, se tiene que haber trascendido en parte, al menos, lo vivido para que precisamente se dé meticulosa memoria de ello. Lo cual demuestra el aspecto productivo de nuestros malestares: podemos morir varias veces y dar cuenta de nuestras finitudes, es decir, es posible la resurrección (dentro de la vida). 
Por otra parte me parece destacable el uso activo e inteligente de la memoria para seleccionar la anécdota pasada y establecer correspondencias espacio- temporales. José María nos dice que: 
La memoria no es desván sino meandro soterrado. La memoria es activa y selectiva. 
La capacidad de José María Piñeiro para establecer analogías y su impresionante memoria, crean una aventura poética que se nutre de los enigmas  cotidianos y de los relumbrones maravillosos del pasado. No en vano el autor escribe en una de las entradas del diario: 
“El mundo supone una serie de retos y misterios: en la naturaleza, en el devenir social. Nuestra posición: o recuperamos entusiasmos y nos implicamos en la revolución de cualquiera de estas cuestiones, ya sea por competencia, por interés, por proximidad, o nos convertimos en tibios disidentes de la emocionante complejidad que se nos lanza.” 
Y José maría, desde luego, apuesta por implicarse, por salir al exterior con una mirada asombrada -no ingenua-, con una capacidad para hacerse preguntas originarias que no han obtenido respuestas definitivas, y de esta manera captar el mundo y dotarlo de sentido.
La última parte titulada Líneas II vuelve sobre las notas aforísticas; una versión pura y simple de una multitud de experiencias y reflexiones aliadas con el lenguaje, lejos de la comodidad y la pereza, conformando, pues, una estructura circular.
Por último quisiera aclarar un hecho que estamos olvidando. La escritura breve, inmediata, aquella que requiere un coraje especial porque al autor se la juega en unas pocas palabras, ofrece al escritor pocos refugios y mucha intemperie. No es un género literario exclusivo de nuestra época a pesar de Facebook, los blogs, wassasp, twiter, y otras formas de comunicación que proliferan en las redes sociales. Ha existido siempre, aunque se ignore o se desprecie en los manuales de literatura, y no es cuestión de ahondar en las razones de esta desmemoria. Ciñéndonos a la tradición occidental, citaré algunos nombres: tenemos en la antigüedad los fragmentos de Heráclito, los aforismos científicos de Hipócrates, o las piruetas verbales de Diógenes el cínico. En la Roma antigua sobresalen como aforistas Marco Aurelio y Séneca; en la Edad Media y en España hay magos de la inmediatez como Ramón Llull; en el siglo XVI el francés Montaigne; en el XVII Gracián, Pascal,  La Rochefoucauld y Spinoza. En el XVIII Chanfort y Lichtenberg, Blake y el marqués de Vauvenargues; en el  XIX Schopenhauer, Nietzsche, y Jules Renard; en el pasado siglo, Juan Ramón Jiménez, José Bergamín, Cioran, Canetti, Wittgestain, Walter Benjamin y María Zambrano; y ya en nuestros días, Carlos Marzal, Jordi Doce y Manuel Neila.
Con este libro híbrido y fragmentario, José María Piñeiro se inscribe dentro de esa fecunda tradición de escritores de la miniatura, de hacedores de “pequeños milagros cotidianos, fósforos frotados inopinadamente en la oscuridad”, como diría Roland Barthes.
                                                                                         José Luis Zerón