lunes, 18 de junio de 2018

Acto de presentación de El fuego del mar


José Luis Zerón, Mª Engracia Sigüenza y Mateo Marco Amorós

Caen los versos / como polen / sobre el estruendo del mundo. Son versos que cierran el sólido poemario de María Engracia Sigüenza Pacheco que presentamos, titulado El fuego del mar, editado por Celesta, prologado con acierto por José Luis Zerón Huguet.
Sobre el estruendo del mundo se precipitan los versos.
Afortunadamente, tenemos que añadir. Y caen como polen. Un polen terapéutico por impregnarnos de poesía en este mundo excesivo de ruidos. Curándonos. Y como poesía fiel a la poesía, las palabras nos sanan y salvan por preciosas y precisas. Palabras especialmente necesarias en estos días en los que se consume una primavera húmeda y rara. Primavera al cabo. Pero versos que también servirán para toda estación de la vida con sus veranos cálidos y pesados. Con sus otoños de soledades y desnudeces. Con sus inviernos fríos.
Los que somos y nos sentimos del otoño nos veremos muy reflejados en un poema de El fuego del mar titulado "Otoño". Un magnífico poema, para no obstante, como hemos dicho del poemario en general, para toda estación de la vida.
Uno agradece esta polinización poética –decíamos– que nos concilia con las palabras oportunas, explicativas de los momentos eternos. Palabras preciosas y precisas –también hemos dicho–, necesarias para decirnos lo esencial.
Esto es lo que uno, más lector que poeta, humildemente pide a los versos. Precisión frente a nuestro hablar cotidiano. Utilidad y tino frente al decir usual excesivamente tópico, decir usual excesivamente convencional. Decir usual que por tópico y convencional, resulta inútil para explicarnos lo fundamental, inservible para explicarnos a nosotros mismos. Defectuoso para conocernos, para saber qué somos. No así las palabras transformadas en poesía que nos trae María Engracia Sigüenza en su libro.
     El fuego del mar se nos presenta en tres fracciones: "El espíritu de Gea", "Atenea y las Musas" y "La mirada de Cronos".
En la primera fracción –así lo confiesa la autora– la naturaleza, la vida y el amor sugieren las composiciones.
En la segunda, manda la inspiración inducida por el arte, por las artes: la música, la literatura, la pintura... Es esta sección, en gran parte, un honrado homenaje a los creadores. Leyéndola, nos ha traído a la memoria –y salvemos las distancias que haya que salvar– la magnífica obra de Daniel J. Boorstin titulada, precisamente, Los creadores. Al cabo somos herederos de todo lo precedente. Y lo precedente legatario de una eternidad. Pero para llegar a este homenaje que rinde la poeta en "Atenea y las Musas" es preciso desprenderse de vanidades y ver en el legado de los demás, en lo que nos sugieren las sabidurías de los otros, las respuestas que buscamos. Así, en esta segunda parte María Engracia se desprende agradecida a sus "musas", en cada poema, en cada verso.
El tercer apartado, aun teniendo presente la inquisitiva e inevitable mirada de Cronos –del Tiempo y la muerte– resulta balsámico. Tiempo escrito con mayúscula como en el poema "Crepúsculos". Escrito con mayúscula como de pequeños nos enseñaron a escribir la palabra Dios. Dice la autora con una ternura brutal, insisto con una ternura brutal, que son reflexiones sobre el tiempo y la necesidad de reconciliarme con la muerte mirándola sin miedo en los ojos de la vida.
Hemos dicho conscientemente ternura brutal y lo hemos repetido y lo repetimos –ternura brutal– para jugar como juega con sagacidad Sigüenza Pacheco, en todo el libro, con conceptos opuestos. En ocasiones aparentemente opuestos. Conceptos opuestos –oxímoron dicen los analistas del lenguaje figurado– y también paradojas, que más que contrariar reafirman la idea que pretenden transmitir:
—Aurora y ocaso.
—Vivir muriendo.
—Perdedores invictos.
—Caos del universo versus orden de la vida.
—Fragilidad de los mortales versus poder de los dioses.
—grito mudo
—Realidad o sueño, / certeza o anhelo.
—Bálsamo o revulsivo / (...) huracán que sosiega.
—la salud de los enfermos.
—"Los recuerdos del porvenir".
—Heridas que curan.
O esa paradoja que cierra el poema magistral y misterioso titulado "La visita", dedicado a su hermana. Poema magistral y misterioso, insisto:
y regreso al mañana.
O el vivir muriendo. En "Vivir".
Como en otro titulado "Tú y yo" se enfrentan:
—vida y muerte
—dicha y pena
—sombra y luz.
Oxímoron y paradojas y más paradojas, especialmente, en el titulado... "Paradojas":
(...) corazones de fuego / creciendo en una tierra polar, / (...) palpitar de las flores / en los jardines de hielo. // (...) crepúsculos
Conceptos aparentemente opuestos pero que reafirman la idea que pretenden transmitir. Y concilian la diversidad. Y la embellecen. Versos –recordamos– que caen como polen / sobre el estruendo del mundo.
Afortunadamente.
Versos plenos de hermosuras.
Sirvan de ejemplo los escritos en "Amor":
y el faro de la luna / iluminó sus vidas.
O el que se escribe en "Todo":
la explosión de sol de los girasoles.
O...
tejeremos el tapiz sagrado del recuerdo, que se dice al final del titulado "Luchas".
O... el gran piano del mar. Ésto en el titulado "Euterpe".
O ese magnífico verso abierto con el que termina "La Medusa":
Pero algunos días eran luminosos...
Y qué decir de esos versos finales del poema "Tu recuerdo" dedicado –como todo el libro– al padre–:
Ahora debes alejarte, / debes regresar / al fondo de mi alma.

martes, 5 de junio de 2018

Publicación de El fuego del mar de María Engracia Sigüenza


Mª Engracia Sigüenza (Orihuela, 1963) es licenciada en Filosofía y Ciencias de la Educación, en la especialidad de Psicología, por la Universidad de Murcia. Trabajó en el campo de la psicología clínica, ha sido profesora de filosofía, y en la actualidad se dedica a la orientación educativa.
Ha participado en libros colectivos, antologías y exposiciones, publicado artículos y poemas en revistas como Cuadernos del matemático, Opticks magazine, Las afinidades electivas, Frutos del tiempo o minutocero.es, y resultado finalista y ganadora en concursos literarios. Autora de varias obras inéditas, publica ahora su primer libro, el poemario El fuego del mar.          

miércoles, 23 de mayo de 2018

Publicación de El riesgo del juego de Domicio Proença


Domício Proença Filho (Río de janeiro, Brasil, 1936) es doctor en Letras y profesor emérito de la Universidad Federal Fluminense. Fue profesor titular convidado en la Universidad de Colonia y en la Escuela de Altos Estudios de Aachen, en Alemania. Es  miembro de la Academia Brasileña de Letras, de la que ha sido presidente, y de la Academia de Ciencias de Lisboa. Además de poeta, es narrador, crítico literario, guionista y animador de proyectos culturales.
Ha publicado sesenta y ocho libros entre los que cabe mencionar, en el ámbito del ensayo, A linguagem literaria (1999), Estilos de época na literatura (2002), Leitura do texto, leitura do mundo (2017) y Muitas linguas, uma língua (2017). En el campo de la ficción, con traducciones al francés y al italiano, es destacable la novela Capitu‒memórias póstumas (2005). En el terreno poético ha publicado, entre otros, los poemarios Dionísio esfacelado: Quilombo dos Palmares (1984), Oratório dos Inconfidentes (1989) y O risco do jogo (2013). Precisamente este último libro –El riesgo del juego– es el que ofrecemos aquí en la primera versión en español de un título de su autor.

jueves, 5 de abril de 2018

Publicación de Tristezalegre de Francisco J. Blas Sánchez


Francisco J. Blas Sánchez (Orihuela, 1974), efectuó estudios técnicos, de informática, así como cursos en la UNED. Profesionalmente se ha dedicado a actividades comerciales y de técnico especialista, entre otras.
Ha colaborado con artículos en revistas como La lucerna o Empireuma, y en el diario La Verdad de Orihuela. También sus poemas han aparecido en revistas como La buhardilla o Ágora y en el diario La Verdad. Es autor de varios poemarios y libros narrativos inéditos, siendo Tristezalegre su primer texto publicado.

martes, 20 de marzo de 2018

Reseña de Cruzar puertas traseras

Reseña en Diario de improvisaciones

Porque la aproximación y el desencuentro se dan cita en nuestra cotidiana aventura de la vida, pues las expectativas, los deseos, los proyectos o, incluso, las ilusiones, nos constituyen.
Las palabras que ilustran la contraportada balizan la situación que nos encontraremos cuando la ruta de la lectura de este libro nos derive a la tormenta.
Cruzar puertas traseras no es un huir de los hechos principales que catalogan la existencia. De hecho, es un afrontar la realidad onírica que marca el tercio de varas con el que nos castiga la vida. No, no huye el poeta de su viaje: descubre su rostro para dejar que lo golpee la rabia de lo cotidiano.
Cruzar puertas traseras es un libro maduro, real. Cincelado a golpe de recorrer etapas que nunca se dan por perdidas, de respiraciones asfixiantes que nunca ahogan porque se puede con/contra ellas.
No hay que mostrar, se lee en Rafael: hay que sugerir. Hay que bucear dentro de sus letras para llegar al fondo de sus sentimientos y aguantar la apnea en unas imágenes que oxigenan a pesar del efecto de angustia que traza en pinceladas.
Ventanas entornadas, Alcobas paralelas, Escaleras furtivas y Callejones traseros. Cuatro partes adjetivadas que catalogan un todo con la sutileza de un pintor de miniaturas, delineando, milímetro a milímetro, las ojeras de un héroe diminuto. Héroe cotidiano que habita moradas internas y vive en metáforas que, a veces, no son bellas ni ideales.

        Acecho

Desde aquí,
donde átomos invisibles generan
una red de transparencias,
observas un afuera
que no es sino un espacio
de interiores desterrado.

Y desde ese universo
te responde tu propia mirada,
convertida ya en simulacro
de pupilas ajenas
que se deslizan sinuosas
y fugaces por la frontera
de una calle;
                    la misma
que te reta a descifrarla.

La calle, la acera, la alcoba, la puerta, las paredes, el tabique, la ventana, las escaleras, el portal...
Los elementos cotidianos de un edificio son las mantas que nos cubren, la piel que nos cobija, 
los pasos que nos llevan y el camino que afrontamos.
En la superficie: el personaje, el amor y la soledad (aunque sea multitudinaria).
En el fondo: un excelente libro de una nueva etapa.
En lo profundo: el poeta desnudo.
En todo: la palabra y la imagen.

Te delata tu olor:
un estigma de cloro
y fibra lacaya.
La herrumbre te acusa
en un aquelarre
de pasado y deshonor,
y un tesoro de polvo
seduce a las acuarelas de
las flores marchitas.
Eres la esencia de
los colores fenecidos y
de las frecuencias
disipadas en rumores.


José Luis Nieto Aranda

martes, 13 de marzo de 2018

Presentación de Torno al corazón

Rafael González y Federico Monroy

“Amo la vida con saber que es muerte” nos dejó escrito Quevedo, y esta cita se me viene a la memoria después de la lectura de “Torno al corazón”, el libro que, lector, te dispones a leer, un libro de erudición pero de temblor, un libro que trata de adoptar cierta frialdad –la frialdad del que sabe soportar sin alharacas los desmanes del tiempo- pero que sucumbe, afortunadamente, a la emoción.
La muerte, motor de la vida, campea derrotada entre estos poemas donde la vida se señorea en los brazos del tiempo, que es a la vez su hábitat y su tumba. No hay otra manera de vivir que no sea muriendo constantemente, y lejos de sucumbir a esta pérdida insoslayable, la poesía de Federico se eleva plena de sentido, de argumento contra la desazón.
El recuerdo –la madre muerta, al fondo, velada, como hilo conductor del libro-, el amor, la infancia, aparecen aquí contados y cantados con la voz calmada y rigurosa de la buena poesía. Voz calmada y rigurosa, dos adjetivos que explican muy bien a Federico Monroy. Muchos cafés en el Parador Nacional de nuestro pueblo, mirando al horizonte desde la Peña altiva, han ahondado en nuestra amistad hecha de versos y recuerdos comunes.
Recuerdos que usted puede ahora leer, embellecidos por la palabra y donde podrá asomarse, con ternura y temblor, al corazón de un poeta. 
                                                               Pedro Sevilla

Federico durante la lectura

martes, 20 de febrero de 2018

Reseña de La mirada perdida

Reseña en Frutos del Tiempo (7/02/2018)

La mirada perdida, de Alejandro López Pomares:
el interior de una historia. Por Javier Puig


La mirada perdida no es una novela convencional, ni una historia fácilmente deducible, sino un relato huidizo, que nos invita a leer de forma microscópica para extraer toda su densa sustancia. Los etéreos personajes se mueven sintiendo el misterio de vivir, centrados en sus sensibles introspecciones que parten de su oculto roce con el mundo. Viven en su forma más espiritual. Son anónimos, están apenas dibujados desde afuera. Hay pocos asideros inequívocos para conectar estas existencias errantes o superadas, nos volcamos en ellos sin un claro mapa de sus movimientos, pero lo que importa es que nunca se pierde el hilo de un sentimiento profundo, enlazado, muy bien descrito en ceñidas palabras.
No, no se puede leer esta novela como cualquier otra. Aceptemos prescindir de las amplias perspectivas, de las ubicaciones claras en el gran espacio de los acontecimientos mundanos. La magnífica prosa se sustenta en la búsqueda de lo poético, retuerce los vislumbres de la realidad hasta encontrar una significación secreta. Se hace necesario que el lector atienda este relato muy despierto. Los personajes transitan los escenarios de la vida desde una especie de sonambulismo que remite a las ensoñaciones que persiguen. Son vagamente reflexivos y se sienten extraños ante esa frágil conjunción de su interior con el mundo. Permanecen perplejos ante el ineluctable orden de la vida, inseguros de sus reafirmaciones.
La narración se desarrolla con atrevimiento, sin renunciar a los pasos inauditos, pero no se embriaga de osadías inútiles. Las descripciones del mundo exterior se limitan a los recovecos del espacio aparentemente común en los que se refleja el alma que los mira. El libro empieza con fragmentos que llevan el título de los anónimos personajes que lo integran: el joven, el niño, la mujer, el hombre, el anciano. En sus reapariciones, no es fácil reconocerlos. No hay necesidad de incidir en las constantes más evidentes. Apenas se abre el foco más allá de sus absorbentes y pequeñas continuaciones, de su intenso presente, y no alcanzamos a ver toda la amplitud de su biografía emocional. Lo importante aquí no es la rigurosa configuración de una personalidad, sino la extendida efusión de una esencia. Estos cortos capítulos podrían ser unos microcuentos muy precisos, escuetamente iluminadores, infinitos en su centro.
Los personajes no pretenden su estricta realidad sino tan solo ser fidedignas representaciones de una peculiar forma de sentir la vida. Hay un vuelco hacia la búsqueda del interior del instante, de indagación del tiempo que se vive, de íntima percepción de la vida, de persecución de una cerrada y mínima relación frente a la mayúscula existencia. Y para ello buscan una posición inédita ante un entorno abrumador, una perspectiva que los salve de la banalidad y los acerque al misterio de aquella parte de la conciencia que atiende la conexión decisiva. Y lo que sienten es siempre enigmático, es lo que se deriva del implacable contacto entre el ser y la frontera que nos sugiere paisajes del más allá habitados por seres inabordablemente ajenos.
La mirada perdida es un relato audaz, hecho de pura literatura, capaz de crear un clima que nos envuelve en los sucesos más recónditos de un mundo apenas abierto al exterior sino a través de sutiles conexiones. Es un libro que requiere de la atenta participación del lector, de su mirada alerta. A través del dominio de una prosa minuciosa, se desarrolla una narración íntima, intensamente apartada de las pautas de la cotidianidad más homologable. La sucesión de los momentos interiores es descrita desde una sólida ingravidez. Es este un libro que, como los buenos de poesía, nos invita a empezarlo de nuevo, a no abandonar esa cadencia que nos ha incluido en un sesgo del mundo que no habíamos hollado pero que en nada nos debe resultar ajeno.

martes, 13 de febrero de 2018

Reseña de La mirada perdida

Reseña en Frutos del tiempo (7/02/2018)

Alejandro López Pomares presentó en Orihuela su primera novela, por Ada Soriano


El pasado 1 de febrero se presentó la ópera prima de Alejandro López Pomares; una novela que lleva por título La mirada perdida y que acaba de ser editada por Celesta, (Colección Letra Aleph, Madrid, 2017), bajo la dirección del poeta y escritor Rafael González. 
Una vez más, la librería Códex fue escenario de tal evento, en el que se dieron cita escritores, familiares y amigos del autor. El acto fue presentado por el poeta José Luis Zerón, quien manifestó su satisfacción al tratarse, en este caso, de la novela de un amigo y ser esta su primera obra publicada.
Zerón indicó en su discurso que es una novela compleja y que no posee una línea argumental definida. Por ello aconsejó leerla desde la perspectiva de la estética y la voluntad. Aclaró asimismo que, al no poseer trama temporal, queda lejos de la novela clásica. Explicó que La mirada perdida consta de tres partes reales, aunque estructuralmente se aprecian solo dos: “La primera es una narración en tercera persona, con superposición de planos y personajes entrecruzados, y la segunda está narrada en primera persona, y se trata de fragmentos de diarios en las que interactúan lector y escritor”.
Igualmente destacó la alternancia entre naturaleza y ciudad, a pesar de que el autor se implica más en el paisaje, que confiere a la obra una honda textura lírica. “De este modo la novela podría leerse como un conjunto de prosas poéticas”.
Sensualidad, experimentalismo y cierto misterio para una novela que, según Zerón, puede calificarse de poliédrica por los distintos matices y lecturas que ofrece y porque entronca con la tradición vanguardista: desde Las olas de Virginia Woolf y el Ulises de Joyce, pasando por Le Nouveau Roman y El Constructivismo, hasta autores contemporáneos como Agustín Fernández Mayo.
Tras la presentación, escuchamos las palabras de Alejandro López Pomares, quien nos hizo cómplices de sus sentimientos: “Revelar el secreto de que he escrito un libro me resulta más difícil que el hecho de escribir”.
Afirmó que su novela no da la apariencia de poseer un argumento, pero que él sí piensa que existe una trama, aunque esté fragmentada y disuelta, y que su intención es transmitir otra forma de lectura, es decir, leer con empeño: “Lo que en un principio podría haberse quedado en un conjunto de relatos escritos en un cuaderno de campo, acabó convirtiéndose en una novela ya que, al volver a leerlos, vi algo distinto; algo que me llevó a plantearme reescribirlos, pero eso sí, respetando la estructura inicial. Mi deseo era potenciar la confusión que se forja a partir de la fragmentación y, por tanto, sí hay una intencionalidad en mi novela”.
Como buen observador, comentó que “cuanto más sabemos, más grande es la confusión del mundo en que vivimos, debido a un exceso de acumulación de detalles, y que el mundo se nos hace así más incomprensible”.
El autor, tras transmitir con honestidad y desparpajo sus experiencias vividas con respecto a la elaboración de esta singular novela donde, según sus palabras, hay soledad, nostalgia y tiempo (sobre todo, tiempo), los asistentes le correspondieron con un fuerte y sentido aplauso.
Ada Soriano 

domingo, 4 de febrero de 2018

Acto de presentación de La mirada perdida

José Luis Zerón Huguet y Alejandro López Pomares

La madrileña editorial Celesta ha publicado en su colección Letra Alef  La mirada perdida, opera prima de Alejandro López Pomares (Orihuela, 1983), novela hermosa y arriesgada por su complejidad estructural y la ausencia de un argumento definido, sujeta a una multiplicidad de contextos y personajes que se cruzan y al uso de planos superpuestos y yuxtapuestos en texturas poéticas fragmentadas. Se hace difícil (diría imposible) apreciar esta novela si se trata de leerla como un texto lineal con su presentación, nudo y desenlace. No tiene nada que ver con las novelas más premiadas y reconocidas que exploran el terreno del realismo más estricto, la temática histórica o el paisaje fantástico próximo al boom del realismo mágico.
La mirada perdida es una nouvelle de poco más de cien páginas vinculada a la narrativa vanguardista. La deflagración de la estructura novelística no es un recurso nuevo. El uso del perspectivismo a través de soliloquios, flujos de conciencia, digresiones, diversos planos narrativos y de tramas, atemporalidad ficcional, etc., causará estupor y hasta rechazo en el novelista convencional o en el mero lector aficionado a la narrativa de ficción; pero no le resultará extraño a quien esté iniciado en la mecánica de la narración experimental. La mirada perdida está próxima a la escritura intrincada y especular de Borges y a la narrativa lírica y preconsciente de Las olas, de Virginia Woolf, y es igualmente cercana a la innovación cortazariana de Rayuela o El libro de Manuel, a la escritura introspectiva y metalingüística del Nouveau Roman (Alain Robbe-Grillet, Nathalie Sarraute, Claude Simón, Michel Butor, etc,), al fragmentarismo lírico de Agustín Fernández Mallo, al experimentalismo radical de Thomas Pynchon y al lenguaje cinematográfico onírico de David Lynch, o el de las tramas paralelas de Paul Thomas Anderson. Entronca asimismo con las características del constructivismo: dejar abierto el texto para que el lector lo rescriba con sus interpretaciones, ya que el argumento como tal no existe. El protagonista sería el discurso mismo. En este caso la lectura es una actividad constructiva compleja que se realiza al mismo tiempo en diferentes niveles de captación y percepción.
José Luis Zerón Huguet

El pasado jueves 1 de febrero el autor y quien esto escribe, presentamos La mirada perdida en la librería Códex de Orihuela. Con la intención de reproducir lo que ambos dijimos en el acto de presentación nace esta entrevista.
Alejandro, has escrito una primera novela arriesgada y difícil de explicar a quien quiera saber de qué trata. Una lectura poco atenta de tu libro puede hacer creer al lector que hay dos historias inconexas: la primera una serie de fragmentos escritos en tercera persona protagonizados por personajes misteriosos, arquetípicos, que carecen de nombre propio (el hombre, la mujer, el niño, el anciano…) y la segunda unas memorias narradas en primea persona: pero si leemos con atención descubrimos que hay pasadizos ocultos que conectan una y otra. ¿Cuál es el argumento de la novela? ¿Incluye algún misterio o razón oculta?
La mirada perdida es una novela de trama fragmentada, o más todavía, diluida, que persigue desesperadamente la implicación del lector en la creación de la obra. Es una necesidad que se hace patente ante la ausencia aparente de referentes a lo largo de los capítulos. Los personajes viven su propio tiempo quedando ligados a las sensaciones y al recuerdo, por el cruce entre sus vidas, por el esplendor del instante. Reescribiendo así los espacios en blanco que, incluso, ellos mismos tienen.
Un anciano en su mecedora, un niño huyendo de sus miedos, la sorpresa, una chica y su mirada, un hombre autoexculpado, una mujer y el abandono de recorrer diariamente sus propios pasos. El paisaje. Y más allá el lenguaje, la estética, los sonidos y el silencio, la nostalgia en la piel, la rabia contenida, la soledad, el pulso de la lírica y una percepción del tiempo que nos rodea y nos devuelve antiguas miradas a los ojos. Los nervios anclados a la tierra, el agua como símbolo, un banco en el que todo se detiene, y un recuerdo que proviene de otro recuerdo y que, en cierto modo, ha perdido su origen, pero que todavía nos permite soportar este ritmo frenético que discurre por encima y nos diluye.

viernes, 5 de enero de 2018

Reseña de Una tirada de dados

Reseña en empireuma


UNA TIRADA DE DADOS 
Stéphane Mallarmé

(Versión de Rafael González Serrano)
Editorial Celesta

Rafael González Serrano nos brinda, en esta edición,  una exclusiva, aunque seamos conscientes de la existencia de las otras versiones que se encuentran en nuestras bibliotecas. Atreverse a publicar una nueva versión de la obra pionera de la contemporaneidad en poesía, que fue y es, Un Coup de dés, de Mallarmé, creo que sigue siendo eso, una exclusiva, no sólo por la relevancia del texto sino por la nueva oportunidad que ofrece al traductor valiente a bucear por las dispersas consignas que como brechas luminosas constituyen este poema absolutamente singular.
Contextualizar un texto implica conocer qué horizonte se cubre y qué otro se descubre en el seno de las palabras, que posibilidad se ha trascendido o potenciado en el orbe de lo semántico, que límite del decir se ha confirmado o se ha inaugurado. Y esta obra es un inicio poético y arrastra una clave. Al traducir el texto, uno quisiera creer que el traductor lo hace como si fuera la primera vez que aborda el texto, es decir, que conociendo las versiones que ya  existen, el traductor enfrentado al poema lo traduzca como si se encontrara ante un texto desconocido, sin sospechar desarrollos semánticos ni derivas experimentales que harían un estereotipo del poema originario del que parten. 
La novedad más notable de esta versión de la pieza de Mallarmé es la que el propio Rafael señala: la elección de “tirada” por “jugada”, no solo porque en español resulte más habitual sino porque también alude de modo directo al hecho simple y concreto del verbo. "Jugada" tiene una significación más amplia, alude a las veces en que se juega y se lanzan los dados; tirada alude directamente al hecho y efecto de la jugada, a la acción concreta de lanzar los dados. Esos dados que ,según dijera Octavio Paz, son el ideograma de ese azar que constituiría tanto lo irreductible como el horizonte que las palabras jugarían a encarnar y franquear. 

José María Piñeiro Gutiérrez

viernes, 15 de diciembre de 2017

Publicación de La mirada perdida de Alejandro López Pomares


Alejandro López Pomares (Orihuela, 1983) es licenciado en Biología por la Universidad de Alicante, y licenciado en Antropología Social y Cultural por la UNED. Ha trabajado como profesor en los ámbitos científico-tecnológico y socio-lingüístico, así como practicado la investigación en la Universidad de Alicante.
Ha participado con diversos artículos de carácter científico y divulgativo en revistas nacionales e internacionales, así como ponencias en los campos de la Ecología, la Geografía y la Etnografía. En el terreno literario, ha publicado relatos y poemas en revistas como Empireuma o El picudo blanco. La mirada perdida (2017) es su primer libro publicado, aunque tiene otros proyectos literarios.

martes, 5 de diciembre de 2017

Reseña de Cruzar puertas traseras

Reseña en empireuma (4-12-2017)


Cruzar puertas traseras. Rafael González Serrano. Editorial Celesta, 2017

Decía Borges que la poesía es el lenguaje de la imaginación, lo que también viene a decir que es el lenguaje de lo posible. La plasticidad absoluta con que la poesía somete  a la palabra, permite la expresión de cualquier singularidad al tiempo que hace adaptarse al lenguaje a las anfractuosidades de todo medio que exija  una descripción elocuente.
En este poemario de Rafael González Serrano, de formato tan breve como preciso, se cumplen con prestancia   todas estas expectativas, puesto que la imaginación ha trabajado con soltura y lo expresado lo es de un mundo al que se le podían aplicar las disquisiciones que un Gaston Bachelard expusiera en su libro Poética del espacio.
En este caso, Rafael González Serrano elige un motivo de rico simbolismo, la casa, convirtiendo sus distintos componentes –pasillos, alcobas, puertas, mirillas, baldosas o ventanas– en tramos de una singladura exploratoria de vívida imaginación. Que la casa sea el laberinto de la propia subjetividad o signifique una aventura semejante de otros territorios, es algo que converge o es lo mismo en el intrincado desfiladero de  mundos posibles en que queda convertida la casa. Pocas cosas tan personales como la casa de uno y al tiempo, susceptible de convertirse en testigo de desasosiegos y significaciones súbitas de la historia de sus habitantes y que la poesía aplicada con viveza convierta en testimonio que trasciende la estricta subjetividad.
Cada casa tiene su memoria y la casa misma es metáfora del modo de vivir y ser de un alma. En el poemario no solo se recorren todos los rincones sino que hay recorridos exploratorios por los aledaños,  -plazas y  callejones-  incluyéndolos en los territorios relacionados con la casa. Esta es un centro, un interior que se explora y descifra del mismo modo como lo es el entorno, los linderos que pertenecen al exterior inmediato. Volvemos a lo dicho. Es la poesía lo que hace posible un viaje semejante y que tal viaje implique un desciframiento profundo del lugar donde mora el sujeto y sus fantasmas. Y el resultado del poemario de Rafael González Serrano es, en efecto, un viaje descifrador tan lúcido como imaginativo. 
José María Piñeiro Gutíerrez

lunes, 23 de octubre de 2017

Publicación de Torno al corazón de Federico Monroy


Federico Monroy (Arcos de la Frontera, Cádiz, 1972) es diplomado en Graduado Social y licenciado en Teoría de la literatura y literatura comparada por la Universidad Complutense. Trabaja en el Grupo Ilunion de la Fundación ONCE, desde el año 2006, en Madrid.
Tiene publicada una plaquette, Postales Póstumas; está incluido en la antología 23 poetas y un DNI. En 2008 edita su primer poemario, Doblaje. Su segundo libro de poemas, La lengua de los ciegos, sale en 2010. Ahora ve  la luz su tercer poemario extenso, Torno al corazón. Ha colaborado en diversas revistas literarias y organizado Duetos de Poesía y Música en diversos espacios.

jueves, 22 de junio de 2017

Publicación de Cruzar puertas traseras de Rafael González Serrano


Rafael González Serrano nació en Madrid, ciudad donde realizó sus estudios universitarios. Aparte de su actividad docente, ha escrito poesía, novela, artículos sobre obras de poetas del siglo XX (habiendo traducido a algunos); además, desde hace unos años, se dedica a la edición de textos de creación literaria.
Ha publicado los siguientes poemarios: Presencias figuradas (2006), Manual de fingimientos (2008), Insistir en la noche (2010), Mapa del laberinto (2011), Fragmentos de la llama (2014) y Leves alas al vuelo (2015). Cruzar puertas traseras es su nuevo libro de poemas. Es autor de la novela Siempre la feria (2012). También ha traducido a Valéry y Mallarmé, y editado a Quevedo. Tiene el blog sobre poesía De turbio en claro

miércoles, 3 de mayo de 2017

Publicación de Una tirada de dados de Stéphane Mallarmé


Stéphane Mallarmé nació en Paris en 1842. Estudia el bachillerato en Sens y comienza a componer sus primeros poemas. En 1860 descubre Las flores del mal de Baudelaire, obra que será fundamental en su formación poética. En 1862 conoce a una institutriz alemana, María Gerhard, y marcha con ella a Londres para prepararse como profesor de inglés; allí contrae matrimonio y obtiene la acreditación. De vuelta en Francia, es nombrado profesor; escribe poemas como Apparition, Les fenêtres, Les fleurs, Angoisse, Brise marine, Soupir, Don du poème, etc.
El año de 1865 compone el poema extenso L’Après-midi d’un faune, que espera que sea representado en el Téâtre-Français, pero es rechazado. Un año después es nombrado profesor en Besançon; y en 1867 en Avignon. Establece correspondencia con Verlaine, y poemas suyos son publicados en la revista Parnasse Contemporain. A partir de 1869 inicia la composición de su poema extenso Igitur, que quedará inconcluso. En 1871, destinado en Paris, se instalará allí con su familia.
Desde 1874, frágil de salud, realiza frecuentes estancias en Valvins. Gracias a un artículo que le dedica Verlaine y a ser citado por Huysmans adquiere mayor notoriedad. De 1888 son sus traducciones de los poemas de Edgar Allan Poe. El poema Herodiade, iniciado 1866, lo reescribe hasta 1887, mas quedará inconcluso. Conoce a Valéry, que será un asiduo en las reuniones de los martes en su casa. Debussy comienza a componer en 1891 su Prélude a L’Après-midi d’un faune.
Ya en 1893 obtiene el retiro a causa de su salud. Al año siguiente impartirá conferencias en Oxford y Cambridge. Tras la muerte de Verlaine en 1896, él pasa a ser el primero de los poetas franceses vivo. La ambición de escribir el poema absoluto se plasma en su obra Un coup de dés jamais n'abolira le hasard terminado en 1898, pero que aparecerá póstumamente. En septiembre de 1898 es víctima de un espasmo de laringe; al día siguiente muere en su residencia de Valvins.

martes, 21 de febrero de 2017

Reseña de Cruzar el cielo

Reseña en La galla ciencia
(20 de febrero de 2017)  




                      Cruzar el cielo 
                      Ada Soriano
                      Col. Piel de sal 
                      (Celesta, 2016)






Me quedé dormida y al despertar asistí al alumbramiento.

Este poemario llega a mis manos a través de un poeta magnífico, José Manuel Ramón, cuyo poemario La Senda Honda, también tuve la oportunidad de reseñar. Y Ada Soriano, poeta de Orihuela, ha sido para mí otro descubrimiento muy grato. 
Cruzar el cielo, es uno de esos libros distintos, que se recuerdan siempre, no por la calidad de sus poemas, que también, sino porque algunos son verdaderos hallazgos, como el que da nombre al libro, y otros, como De Vuelta, Viaje o Mariposas
El latido de Sylvia Plath está presente en la forma de escribir de Ada Soriano, y convierten este puñado de bien hilados poemas, en una suerte de conjuro oportuno bien cocinado. Una poética forma de acercarse a una realidad propia, un universo personal, a través de los ojos de la poeta, a cuya poesía me he acercado precisamente por este libro, y a la que procuraré no perder de vista, para asistir a la evolución de su poética.
Construyen Cruzar el cielo, diecinueve poemas mágicos, cosidos a mano. Y aunque no suelen ser de mi agrado personal los poemas excesivamente largos, sí que me ha llamado la atención la coherencia interna, incluso la voluntad narrativa de alguno de ellos. Uno de mis favoritos, El despertar de la memoria, es una evocación onírica del recuerdo. Emocionantes y poderosas imágenes: 

Y me hallé de nuevo en aquella casa 
con su escalón de siete pulgadas. (…) 
Recuerdo la vieja escalera, 
la que conducía al altillo, donde yacía 
la pizarra con una ecuación ya resuelta. 

Nosotros, vamos resolviendo ecuaciones, resolviendo la vida, avanzando, quizás, huyendo de ella. Es este el enfoque. Es posible. La búsqueda de un asidero, en la corriente del tiempo. Es justo lo que ofrece Ada Soriano. La invocación de los elementos, de las estaciones, de los ángeles, de la luz y la sombra, el amor, la locura, el miedo en la incertidumbre. Del posible refugio al desvalimiento.
La lectura de este poemario sin duda, provoca en el lector cierto desasosiego. A pesar de no ser precisamente vitalistas, irradian luz desde el interior, y esta claridad aleja a esta autora, radicalmente, de la voz de Sylvia Plath, o Anne Sexton,  aunque se rinda a las poetas suicidas un sincero homenaje en poemas como Te amo, en el que no se esconde una apasionada fascinación por la desesperación, por el anhelo de abandonar un mundo demasiado complicado. Ada, sin embargo, ofrece en sus versos fórmulas para sobrevivir, a la agorafobia, al peso de lo cotidiano, y se me antoja que a la asfixia en el mundillo literario, también. 
Lo vemos en el poema Hacia la concreción:

No se ama cuando se hurga en los contenedores de la fama 
para sentir el roce del halago y el sabor de la popularidad.

Desconozco el bagaje de Ada Soriano, sus lecturas de base, pero posee un lenguaje, una voz propia, bien definida, distinguible en el ruido, en la multitud. Y siempre es de agradecer que sea posible encontrar, en una autora, precisamente lo que se busca. Lo que se espera. La imagen de vuelta como en un espejo. La empatía, solícita, que reconforta la existencia.
Cruzar el cielo, es un libro digno. Un buen poemario para degustar con tranquilidad, pues agita los mecanismos internos. Poesía bien estructurada. Formas, bien acabadas, desde el punto de vista de la técnica de una autora que sabe lo que hace y lo que escribe, y ha trazado bien el camino para llegar al momento justo, al lugar deseado. Esos recovecos del alma, donde aún, es posible sentir el calambre, el temblor de la más pura emoción. 

 Rosario Troncoso

viernes, 20 de enero de 2017

Publicación de La tierra baldía de Thomas Stearns Eliot


Thomas Stearns Eliot nació en Saint Louis, Missouri, en 1888. La primera educación la recibió en Saint Louis, pero luego ingresó en la universidad de Harvard en Boston, donde estudia griego, literatura inglesa, historia medieval, arte y filosofía. Viaja a Paris, donde conocerá a Henri Bergson y a Charles Maurras. Obtiene una beca para estudiar en Alemania, pero ahí le sorprende la guerra y se traslada a Londres en 1914.
Instalado en Londres, pronto conoce a Ezra Pound que le introducirá en el mundillo literario inglés. Para mantenerse, en 1915 da clases de francés, alemán e historia. Contrae matrimonio con una incipiente bailarina, Vivien Haigh-Wood. En 1917 entra a trabajar en el banco Lloyd’s; años más tarde, en 1925, aceptará el puesto de director de una editorial, la que posteriormente sería Faber and Faber.
Colaborador habitual de la revista The Egoist, en 1917 publicó su primer poemario, Prufrock y otras observaciones. En 1920 aparece un nuevo libro de poemas, Poems, y también en este año publica el libro de ensayos críticos El bosque sagrado. El año 1922 funda la que sería una influyente revista, The Criterion. Y ese mismo año se editará, ya en libro, su gran poema La tierra baldía. En 1927 se nacionaliza británico y se convierte al anglicanismo. Continúa con su labor ensayística en Para Lancelot Andrews de 1928.
En 1943 ven la luz los poemas de Cuatro cuartetos que, junto con La tierra baldía, constituyen su cima lírica. El reconocimiento a su labor literaria le llega en 1948 con la concesión del Premio Nobel así como con la Orden del Mérito del Reino Unido. A partir de aquí irán apareciendo obras de teatro como El cóctel (1949) o El secretario particular (1953); o múltiples libros de ensayos como Sobre poesía y poetas (1957) o Criticar al crítico (1961). En 1957 se casa por segunda vez con su secretaria, Valerie Fletcher. Fallece en Londres en 1965 debido a un enfisema pulmonar.     

miércoles, 18 de enero de 2017

Reseña de Errática textura

Reseña en Cheshire

Errática textura
Jorge Sánchez López


Biografía: Jorge Sánchez López nació en Madrid en 1981. Realizó estudios de psicología y de grado en estudios ingleses. Se dedica profesionalmente a la docencia en inglés, y ha escrito manuales didácticos para cursos de formación y libros de psicología. 
Ha participado en la antología Anónimos 2.0, y ha publicado un poemario: Sentimientos o vasos comunicantes. Errática textura es su segundo poemario editado. Tiene un blog de poesía en Internet, Ondas Aladas. 
Errática textura es un conjunto de 59 poemas que nos permiten pasear por un camino hacia un paisaje representado por las sombras de la humanidad y su naturaleza, frente a la luz de la libertad, condicionada a su vez por el conjunto de circunstancias, miedos, objetivos, luchas, enfrentamientos, y deseos individuales, que se tejen en nuestro entorno y nos rodea en cada instante. Un paisaje que nos muestra como el cuerpo se manifiesta y proyecta a través de la poesía, en una conjetura de hechos, sucesos, experiencias, emociones, sensaciones, haciendo una historia viva, plasmada en una fotografía de palabras que nacen desde la piel. 
He seleccionado un poema del libro como muestra de la obra:

Globo rocoso

Yo soy un átomo que se sostiene
sobre una esfera tenue
con blancas telarañas,
experto en el rechazo del filo de su sombra.
Nací para rodar por laberintos,
apartando corrientes
que me pertenecían
y  fragmentos esenciales de sustrato.
Si quieres que te diga la verdad,
comprimí mis cualidades naturales,
me apartaba del camino hacia mí mismo
y ahora soy una esfera
domada por chubascos.
El tiempo crece y mengua como yo.
Si vienes a buscarme por la noche
hallarás mi personalidad,
que está rodando
escenas en la pendiente del sueño.
Yo seré como Urano durmiendo entre las nubes.

He elegido este poema porque en mi caso cada palabra resuena en mi interior, como las teclas de un piano que son tocadas en el orden correcto y crea en mi un placer y una paz muy reconfortante. 
Os recomiendo este libro por la suma delicadeza con la que ha sido escrito cada poema, como el pintor que se desliza en el lienzo. Puedes sentirte partícipe y protagonista de las emociones que se describen perfectamente en los versos y sentir que hay una parte de ti, escrita en este libro. Una manera de retratar la realidad y la existencia, llena de individualidades que, sin embargo, a su vez forman la historia en sí.

http://www.revistacheshire.com/libros/err%C3%A1tica-textura/