jueves, 22 de junio de 2017

Publicación de Cruzar puertas traseras de Rafael González Serrano


Rafael González Serrano nació en Madrid, ciudad donde realizó sus estudios universitarios. Aparte de su actividad docente, ha escrito poesía, novela, artículos sobre obras de poetas del siglo XX (habiendo traducido a algunos); además, desde hace unos años, se dedica a la edición de textos de creación literaria.
Ha publicado los siguientes poemarios: Presencias figuradas (2006), Manual de fingimientos (2008), Insistir en la noche (2010), Mapa del laberinto (2011), Fragmentos de la llama (2014) y Leves alas al vuelo (2015). Cruzar puertas traseras es su nuevo libro de poemas. Es autor de la novela Siempre la feria (2012). También ha traducido a Valéry y Mallarmé, y editado a Quevedo. Tiene el blog sobre poesía De turbio en claro

miércoles, 3 de mayo de 2017

Publicación de Una tirada de dados de Stéphane Mallarmé


Stéphane Mallarmé nació en Paris en 1842. Estudia el bachillerato en Sens y comienza a componer sus primeros poemas. En 1860 descubre Las flores del mal de Baudelaire, obra que será fundamental en su formación poética. En 1862 conoce a una institutriz alemana, María Gerhard, y marcha con ella a Londres para prepararse como profesor de inglés; allí contrae matrimonio y obtiene la acreditación. De vuelta en Francia, es nombrado profesor; escribe poemas como Apparition, Les fenêtres, Les fleurs, Angoisse, Brise marine, Soupir, Don du poème, etc.
El año de 1865 compone el poema extenso L’Après-midi d’un faune, que espera que sea representado en el Téâtre-Français, pero es rechazado. Un año después es nombrado profesor en Besançon; y en 1867 en Avignon. Establece correspondencia con Verlaine, y poemas suyos son publicados en la revista Parnasse Contemporain. A partir de 1869 inicia la composición de su poema extenso Igitur, que quedará inconcluso. En 1871, destinado en Paris, se instalará allí con su familia.
Desde 1874, frágil de salud, realiza frecuentes estancias en Valvins. Gracias a un artículo que le dedica Verlaine y a ser citado por Huysmans adquiere mayor notoriedad. De 1888 son sus traducciones de los poemas de Edgar Allan Poe. El poema Herodiade, iniciado 1866, lo reescribe hasta 1887, mas quedará inconcluso. Conoce a Valéry, que será un asiduo en las reuniones de los martes en su casa. Debussy comienza a componer en 1891 su Prélude a L’Après-midi d’un faune.
Ya en 1893 obtiene el retiro a causa de su salud. Al año siguiente impartirá conferencias en Oxford y Cambridge. Tras la muerte de Verlaine en 1896, él pasa a ser el primero de los poetas franceses vivo. La ambición de escribir el poema absoluto se plasma en su obra Un coup de dés jamais n'abolira le hasard terminado en 1898, pero que aparecerá póstumamente. En septiembre de 1898 es víctima de un espasmo de laringe; al día siguiente muere en su residencia de Valvins.

martes, 21 de febrero de 2017

Reseña de Cruzar el cielo

Reseña en La galla ciencia
(20 de febrero de 2017)  




                      Cruzar el cielo 
                      Ada Soriano
                      Col. Piel de sal 
                      (Celesta, 2016)






Me quedé dormida y al despertar asistí al alumbramiento.

Este poemario llega a mis manos a través de un poeta magnífico, José Manuel Ramón, cuyo poemario La Senda Honda, también tuve la oportunidad de reseñar. Y Ada Soriano, poeta de Orihuela, ha sido para mí otro descubrimiento muy grato. 
Cruzar el cielo, es uno de esos libros distintos, que se recuerdan siempre, no por la calidad de sus poemas, que también, sino porque algunos son verdaderos hallazgos, como el que da nombre al libro, y otros, como De Vuelta, Viaje o Mariposas
El latido de Sylvia Plath está presente en la forma de escribir de Ada Soriano, y convierten este puñado de bien hilados poemas, en una suerte de conjuro oportuno bien cocinado. Una poética forma de acercarse a una realidad propia, un universo personal, a través de los ojos de la poeta, a cuya poesía me he acercado precisamente por este libro, y a la que procuraré no perder de vista, para asistir a la evolución de su poética.
Construyen Cruzar el cielo, diecinueve poemas mágicos, cosidos a mano. Y aunque no suelen ser de mi agrado personal los poemas excesivamente largos, sí que me ha llamado la atención la coherencia interna, incluso la voluntad narrativa de alguno de ellos. Uno de mis favoritos, El despertar de la memoria, es una evocación onírica del recuerdo. Emocionantes y poderosas imágenes: 

Y me hallé de nuevo en aquella casa 
con su escalón de siete pulgadas. (…) 
Recuerdo la vieja escalera, 
la que conducía al altillo, donde yacía 
la pizarra con una ecuación ya resuelta. 

Nosotros, vamos resolviendo ecuaciones, resolviendo la vida, avanzando, quizás, huyendo de ella. Es este el enfoque. Es posible. La búsqueda de un asidero, en la corriente del tiempo. Es justo lo que ofrece Ada Soriano. La invocación de los elementos, de las estaciones, de los ángeles, de la luz y la sombra, el amor, la locura, el miedo en la incertidumbre. Del posible refugio al desvalimiento.
La lectura de este poemario sin duda, provoca en el lector cierto desasosiego. A pesar de no ser precisamente vitalistas, irradian luz desde el interior, y esta claridad aleja a esta autora, radicalmente, de la voz de Sylvia Plath, o Anne Sexton,  aunque se rinda a las poetas suicidas un sincero homenaje en poemas como Te amo, en el que no se esconde una apasionada fascinación por la desesperación, por el anhelo de abandonar un mundo demasiado complicado. Ada, sin embargo, ofrece en sus versos fórmulas para sobrevivir, a la agorafobia, al peso de lo cotidiano, y se me antoja que a la asfixia en el mundillo literario, también. 
Lo vemos en el poema Hacia la concreción:

No se ama cuando se hurga en los contenedores de la fama 
para sentir el roce del halago y el sabor de la popularidad.

Desconozco el bagaje de Ada Soriano, sus lecturas de base, pero posee un lenguaje, una voz propia, bien definida, distinguible en el ruido, en la multitud. Y siempre es de agradecer que sea posible encontrar, en una autora, precisamente lo que se busca. Lo que se espera. La imagen de vuelta como en un espejo. La empatía, solícita, que reconforta la existencia.
Cruzar el cielo, es un libro digno. Un buen poemario para degustar con tranquilidad, pues agita los mecanismos internos. Poesía bien estructurada. Formas, bien acabadas, desde el punto de vista de la técnica de una autora que sabe lo que hace y lo que escribe, y ha trazado bien el camino para llegar al momento justo, al lugar deseado. Esos recovecos del alma, donde aún, es posible sentir el calambre, el temblor de la más pura emoción. 

 Rosario Troncoso

viernes, 20 de enero de 2017

Publicación de La tierra baldía de Thomas Stearns Eliot


Thomas Stearns Eliot nació en Saint Louis, Missouri, en 1888. La primera educación la recibió en Saint Louis, pero luego ingresó en la universidad de Harvard en Boston, donde estudia griego, literatura inglesa, historia medieval, arte y filosofía. Viaja a Paris, donde conocerá a Henri Bergson y a Charles Maurras. Obtiene una beca para estudiar en Alemania, pero ahí le sorprende la guerra y se traslada a Londres en 1914.
Instalado en Londres, pronto conoce a Ezra Pound que le introducirá en el mundillo literario inglés. Para mantenerse, en 1915 da clases de francés, alemán e historia. Contrae matrimonio con una incipiente bailarina, Vivien Haigh-Wood. En 1917 entra a trabajar en el banco Lloyd’s; años más tarde, en 1925, aceptará el puesto de director de una editorial, la que posteriormente sería Faber and Faber.
Colaborador habitual de la revista The Egoist, en 1917 publicó su primer poemario, Prufrock y otras observaciones. En 1920 aparece un nuevo libro de poemas, Poems, y también en este año publica el libro de ensayos críticos El bosque sagrado. El año 1922 funda la que sería una influyente revista, The Criterion. Y ese mismo año se editará, ya en libro, su gran poema La tierra baldía. En 1927 se nacionaliza británico y se convierte al anglicanismo. Continúa con su labor ensayística en Para Lancelot Andrews de 1928.
En 1943 ven la luz los poemas de Cuatro cuartetos que, junto con La tierra baldía, constituyen su cima lírica. El reconocimiento a su labor literaria le llega en 1948 con la concesión del Premio Nobel así como con la Orden del Mérito del Reino Unido. A partir de aquí irán apareciendo obras de teatro como El cóctel (1949) o El secretario particular (1953); o múltiples libros de ensayos como Sobre poesía y poetas (1957) o Criticar al crítico (1961). En 1957 se casa por segunda vez con su secretaria, Valerie Fletcher. Fallece en Londres en 1965 debido a un enfisema pulmonar.     

miércoles, 18 de enero de 2017

Reseña de Errática textura

Reseña en Cheshire

Errática textura
Jorge Sánchez López


Biografía: Jorge Sánchez López nació en Madrid en 1981. Realizó estudios de psicología y de grado en estudios ingleses. Se dedica profesionalmente a la docencia en inglés, y ha escrito manuales didácticos para cursos de formación y libros de psicología. 
Ha participado en la antología Anónimos 2.0, y ha publicado un poemario: Sentimientos o vasos comunicantes. Errática textura es su segundo poemario editado. Tiene un blog de poesía en Internet, Ondas Aladas. 
Errática textura es un conjunto de 59 poemas que nos permiten pasear por un camino hacia un paisaje representado por las sombras de la humanidad y su naturaleza, frente a la luz de la libertad, condicionada a su vez por el conjunto de circunstancias, miedos, objetivos, luchas, enfrentamientos, y deseos individuales, que se tejen en nuestro entorno y nos rodea en cada instante. Un paisaje que nos muestra como el cuerpo se manifiesta y proyecta a través de la poesía, en una conjetura de hechos, sucesos, experiencias, emociones, sensaciones, haciendo una historia viva, plasmada en una fotografía de palabras que nacen desde la piel. 
He seleccionado un poema del libro como muestra de la obra:

Globo rocoso

Yo soy un átomo que se sostiene
sobre una esfera tenue
con blancas telarañas,
experto en el rechazo del filo de su sombra.
Nací para rodar por laberintos,
apartando corrientes
que me pertenecían
y  fragmentos esenciales de sustrato.
Si quieres que te diga la verdad,
comprimí mis cualidades naturales,
me apartaba del camino hacia mí mismo
y ahora soy una esfera
domada por chubascos.
El tiempo crece y mengua como yo.
Si vienes a buscarme por la noche
hallarás mi personalidad,
que está rodando
escenas en la pendiente del sueño.
Yo seré como Urano durmiendo entre las nubes.

He elegido este poema porque en mi caso cada palabra resuena en mi interior, como las teclas de un piano que son tocadas en el orden correcto y crea en mi un placer y una paz muy reconfortante. 
Os recomiendo este libro por la suma delicadeza con la que ha sido escrito cada poema, como el pintor que se desliza en el lienzo. Puedes sentirte partícipe y protagonista de las emociones que se describen perfectamente en los versos y sentir que hay una parte de ti, escrita en este libro. Una manera de retratar la realidad y la existencia, llena de individualidades que, sin embargo, a su vez forman la historia en sí.

http://www.revistacheshire.com/libros/err%C3%A1tica-textura/

jueves, 15 de diciembre de 2016

Reseña de Pasajes escritos

Reseña en Minuto cero (14/12/2016)

Sobre los lúcidos ensayos de José María Piñeiro en “Pasajes escritos”

Cada uno de estos pequeños ensayos es una ventana que se abre y nos invita a una estancia que podremos habitar con el más plácido de nuestros esfuerzos

José María Piñeiro ha dado un paso que celebramos los que seguimos y admiramos su blog Empireuma :: micropoësie. Ha seleccionado una pequeña parte de las entradas que ha ido añadiendo durante los últimos años y nos las ha ofrecido en forma de un libro Pasajes escritos, editado por Celesta–, por lo que ahora tenemos la ocasión de disfrutar de esos textos, de calidad y enjundia tan inusuales, con el recogimiento mayor que ofrece este formato.
Piñeiro es un apasionado de los libros, un degustador de páginas inopinadas, un buscador sin prejuicios: “Disfruto tanto de los textos que elijo leer, que las teorías que los juzgan me suelen parecer casi siempre juicios sumarísimos con respecto a ese prisma de sugerencias y mundos que percibo.” Es alguien que está alerta y que gusta de explorar las zonas menos iluminadas de la cultura y tantear las promesas de singularidad, las obras genuinas, apartadas del ruido que alberga el acaparador tránsito de lo aceptado, la suma de confluyentes reconocimientos e inercias. Gusta de los textos complejos, de los ensayos más teorizantes,  de los estudios más profundos, pero también de aquellos sencillos, cuando estos se ciñen expresivamente a una vida, como la autobiografía de Bertrand Rusell: “Un excelente ejemplo de cómo a través de una escritura sencilla se pueden reflejar con intensidad los episodios más interesantes de una vida.”. Y es que ama los escritos aparentemente accesorios: los diarios, la literatura fragmentaria, las crónicas, el insólito ensayo del novelista. Escribe, no sobre las obras consideradas mayores de cada autor, sino sobre sus trazos más espontáneos y personales. Porque, en estos artículos, hay una fascinación por saber cómo, cada escritor, desde su única ubicación en el mundo, interpreta la vida, la descubre: “Todo libro es un tramo de vivencias, de aventuras, el relato de algo.”
Pero José María Piñeiro no siempre se encierra en su gabinete. A veces, coge el tren o el autobús, abierto a atisbar los signos que la realidad le presente. Y los capta con su cámara fotográfica o los transcribe en sus creaciones literarias. La exterioridad debe ser conectada, asumida, integrada, en un universo mental que requiere una pequeña renovación continua, un alimento que no tan solo venga del arte más nutricional, sino también de los pequeños detalles que van formando una red a través de las percibidas afinidades.
Aunque, muchas veces, no es necesario salir a la calle para acceder a lo más revelador del mundo. Piñeiro se queda en casa, junto al querido y prometedor objeto del libro, inmerso en sus exploraciones: “Cierto es que el estudio y la reflexión también pueden suponer un arduo viaje”, pues: “El viaje es una vivencia sensorial que irriga mente y cuerpo. El pensamiento, un viaje extático.”   Nos habla de los “altos placeres de gabinete”, de la seducción de “la aventura cognoscitiva.”
La cita de Wittgenstein: “Se debe siempre estar  preparado para aprender algo totalmente nuevo”, la hace suya. Está fascinado por el pensamiento, por su concepción en la palabra. El pensar es una fructífera variante de la vida inmediata, supone habitar la relativa seguridad de los adentros, concitar el fruto de los hombres que han escrito, que han pensado, para inoportuno.
En sus aproximaciones a los libros, hay intelectualismo (en alguna ocasión, el divagar por conceptos demasiado alejados de la raíz – visible – del hombre), pero también emotividad. Así lo expresa en uno de los textos más entusiastas, el dedicado a Ramón Sijé: “Cada vez que me he acercado a Sijé he experimentado siempre la misma sensación: un gran entusiasmo velado por la melancolía.” Piñeiro goza de esos descubrimientos, de la apasionada lectura que no está respaldada por un veredicto unánime, sino que contradice tantos juicios o indiferencias que displicentemente se instalan en el panorama cultural. Él sabe encontrar: “En Sijé asistimos, efectivamente, a un jubiloso dominio de la escritura.” Hablando de Sijé, refiere lo que el propio autor oriolano consideraba “pasión crítica”, y añade: “Dos términos que pueden parecer contradictorios, salvo si el talante llega a tal admiración del producto cultural que la pasión no es un obstáculo para que la crítica se ejerza.” El indudable poeta que hay en el autor se emociona al leerlo, al disfrutar de: “Una prosa azuzada en su corazón por lo poético.”
Muchas de las reseñas que hay en la segunda parte del libro, la titulada Pretextos, están dedicadas a los diarios que va leyendo, que no suelen ser los más conocidos, sino algunos con los que felizmente ha dado en alguna de sus expectantes incursiones por las librerías. “El diario me acerca a esa literalidad de la realidad que la ficción metarfosea.”, nos dice. “Todo puede ser registrado, expresado por la escritura porque todo es literaturizable.”
Cada uno de estos pequeños ensayos es una ventana que se abre y nos invita a una estancia que podremos habitar con el más plácido de nuestros esfuerzos. Nos dan la impresión de no haber dejado ningún cabo suelto, de haber conseguido una bella confluencia de la palabra con la idea. Piñeiro consigue ir más allá de la percepción primera, de la adhesión emocional, e indaga en los mecanismos ocultos que erigen las superficies del arte. Describe lo teórico, su elegante fulgor. Lo suyo, lo que persigue, es el descubrimiento. La seducción de la exquisitez cultural, de la personalidad única, de la mirada incontaminada por las redundancias. Escribe con claridad y ahonda con sutileza su pensamiento muchas veces complejo. Su prosa no puede ser para muchos, sus focalizaciones son las propias de quien lleva una vida interior desusada entre los ciudadanos que lo envuelven, de quien está familiarizado con un género ensayístico que tanto placer intelectual alberga.
Dice el autor que disfruta leyendo a Ortega, a Foucault, a Barthes o Paz: “Por la suntuosidad y nitidez con que fluyen sus exposiciones conceptuales.” Autores a los que se les ha reprochado el exhibicionismo de su escritura y a los que él defiende: “La exigencia de una escritura sencilla y clara es tan retórica como la contraria”. En esta colección de ensayos y artículos encontramos aunadas y satisfechas las dos exigencias: por una parte, la conceptual, de una forma literaria brillante. No busca lo abstruso pero no renuncia a sus aledaños necesarios. Son textos que alcanzan el máximo de amenidad posible con una prosa vigorosa, segura sí misma, armónicamente desencadenante.
¿Están algunos temas alejados de lo que verdaderamente importa en el mundo, son un lujo? Lo que busca Piñeiro es la realidad alcanzable, la visión elaborada, siempre impregnada del propio ser. Pasajes escritos impresiona por su fuerza ensayística, por una prosa rica, que no se arredra ante la palabra no oficialmente aceptada. Su impronta entusiasta nos señala nuevos puntos rutilantes en la proyección de nuestras necesidades artísticas. Estos escritos, así reunidos, nos muestran mejor sus virtudes, que no son inferiores a las de cualquier ensayista que pueda ocupar la cúspide de los elegidos. Ya estoy esperando el nuevo libro prometido: otra selección de textos de su blog, otro caudal de lúcida literatura.
                                                                                                                                          Javier Puig

miércoles, 7 de diciembre de 2016

Acto de presentación de Pasajes escritos

 
José María Piñeiro y Manuel García

El pasado uno de diciembre se presentó en la librería Códex de Orihuela el nuevo libro de José María Piñeiro, Pasajes escritos, que ha visto a la luz gracias a la madrileña editorial Celesta y reúne una selección corregida y actualizada de textos breves aparecidos en el blog Micropoesía Empireuma. La librería se llenó con la presencia de escritores, artistas y familiares del autor. El poeta, escritor y crítico literario Manuel García Pérez inició el acto de presentación con una introducción sobria y certera. A continuación le  hizo una serie de preguntas a José María Piñeiro acerca de su nuevo libro en particular y de su obra creativa en general.
Manuel García calificó Pasajes escritos de libro fronterizo, “ya que, es difícil de catalogar, pues los textos de la primera parte recogidos bajo el epígrafe “Especulaciones”, tocan temas a medio camino entre la narración, el poema en prosa y el artículo, mientras que los de la segunda parte, titulada “Pretextos” son en rigor reseñas de libros y ensayos que podríamos calificar de heterodoxos por el pensamiento libre y el sentido poético que fluye en ellos”.
José María Piñeiro se expresó con serenidad y desparpajo poético. Nombró algunos referentes  de su obra literaria como Borges, Lezama Lima, Mallarmé y Barthes. Asimismo habló de la compatibilidad y convivencia de la fotografía y la escritura en su obra, y reivindicó para la poesía el acto de mirar, la necesidad de estar alerta y a la escucha. Para José María, fotografía y escritura forman un vínculo indisoluble y ambas se sustentan en la acción poética, en la visión epifánica, en la capacidad de asombro. Durante el coloquio con el público, también salió a relucir la importancia de la experiencia de José María como miembro fundador de la revista Empireuma y lo que supuso para su obra ser uno de los pilares de la misma. Entre pregunta y pregunta hubo una emotiva lectura de fragmentos del libro a cargo Gema y Miriam, sobrinas del autor. En suma, los asistentes gozamos de un acto ameno, entrañable y enriquecedor.
José Luis Zerón 

viernes, 28 de octubre de 2016

Publicación de Pasajes escritos de José María Piñeiro


José María Piñeiro Gutiérrez, nació en Orihuela (Alicante) en 1963. Ha realizado cursos de Filosofía e Historia del Arte a través de la UNED. Colabora desde hace años en prensa, revistas e instituciones. Fue uno de los miembros fundadores de la revista literaria Empireuma (1985-2007). 
Ha publicado plaquettes de poesía El légamo de las estrellas (1998) y de aforismos  Hilas de papiro (2000), y los libros de poesía Margen harmónico (2010) y Profano demiurgo (2013). En 2015 salió a la luz otro libro de aforismos, Ars fragminis. Ha sido incluido en antologías como Ciclos de prosa y poesía temáticas Alicante/Murcia (2005). Editamos ahora su nuevo libro, de ensayos y artículos, Pasajes escritos. Mantiene en internet el blog empireuma.blogspot.com.  

lunes, 29 de agosto de 2016

Reseña de Cruzar el cielo

Reseña en Frutos del Tiempo

(2 de agosto de 2016)

CUANDO CRUCÉ EL CIELO CON ADA SORIANO, por Fernando Pastor Pons


En ocasiones, se tiene la suerte de conocer personalmente a poetas cuya sensibilidad nos toca en nuestro más profundo interior; poetas que unen, a una obra ya sobradamente asentada y reconocida entre la crítica, una forma tan hermosa de ser, que hace palidecer a esos otros tan pagados de sí mismos y de su propia egolatría y vanidad que muestran una disidencia absoluta con su obra y de los que, lo mejor que puede uno hacer, es olvidar a la persona y centrarse en lo escrito porque, la persona, apesta por sus bajos valores personales.
Pero, como digo, hay esas maravillosas excepciones y, sin dudarlo, la poeta Ada Soriano (Orihuela, 1963), que fue Premio Nacional de Poesía “Montesinos 2000”, codirectora de la revista de creación “Empireuma” y autora de poemarios como ‘Anúteba’ (Ed. Autor, Orihuela 1987); ‘Luna esplendente o sol que no se oculta’ (Ed. Empireuma, Orihuela 1993); ‘Como abrir una puerta que da al mar’ (BB.PP. Fernando de Loazes, Generalitat Valenciana, Orihuela 2000); ‘Poemas de amor’ (Fundación Cultural Miguel Hernández, Orihuela 2010); ‘Principio y fin de la soledad’ (Cátedra Arzobispo de Loazes, UA, 2011) une al hecho de ser una excelente poeta la feliz coincidencia de una personalidad y carácter acorde con su poesía.
Es por ello que, al llegar a mis manos su último poemario ‘Cruzar el Cielo’ (Ed. Celesta 2016 – ISBN 9788494391033) me he regodeado en el poemario. Como el oso glotón con un panal, así he disfrutado ‘Cruzar el Cielo’. No sólo lo he leído repetidas veces sino que, además, gracias a una grabación que me enviaron de Ada recitando varios de los poemas en la presentación que hicieron de su libro en Orihuela, he podido releer aquellos textos a la par que escuchaba el recitativo lo que me ha permitido entrar un poco más en los recovecos de la autora y captar sus inflexiones, sus silencios, su respirar con cada palabra. Como digo, miel a mis labios adustos. Así que compartiré contigo, que has dado en tener el detalle de leer estas mis insípidas palabras, mi experiencia, mi sentimiento del poemario; no un análisis sesudo e intelectual que dejo a los críticos sino la visceral, la sanguínea que refleja lo que he sentido como lector y poeta; así que perdona de antemano la extensión, porque comentaré muchos poemas y, de los que no comento, no es porque no me atraigan sino porque reiteraría lo ya dicho en otros y por contenerme un poco (eso sí, poquito…)
No se cómo lo ven los críticos u otros poetas pero, para mí, el primer poema del libro me parece que debe ser como el primer párrafo de un relato, debe ser la trampa, el anzuelo, que enganche al lector. En ‘Luna de Invierno’ cuando arranca Ada con:

“Aquella vez estabas tan cerca que pude sentir
tu aliento gélido y contemplar la mirada irónica
de tus cicatrices”

inicia con tan buen oficio el poemario que uno se relame con epicúreo placer; y luego:

“Quedaste atrapada entre los brazos de un árbol
y lo nombraste rey ante los desolados cañaverales
Así, encajada, parecías distinta.”

Esa figura, esa imagen poética y fotográfica, de la luna brillando entre las desnudas ramas del árbol, es bellísima y me conmueve; y el “encajada” que tan bien refleja y fortalece la figura del primer verso completa un inicio exquisito que se completa con esa referencia a la mítica Avalón celta que nos traslada a tiempos y lugares indefinidos, oníricos, épicos y dice: “querrían para ellos el aroma / de tu cuerpo afrutado”, lo que me devuelve a otra imagen bellísima del amor cortesano y a la ligereza de un verso lleno de sensualismo y erótica (¡eso también!) Un poema bellísimo.
No menos bello me parece ‘Rocío del Mar’ con esos paralelismos entre el mar, las olas y la espuma y el amor “vertiendo en su extensión rocío” que menciona en I; o cuando en II hace ese paralelismo tan hermoso y sensual con la espuma, las algas, el caballito de mar y, finalmente, ese alumbramiento del sol, hermoso retoño de un amor prohibido; en III me parece muy bella la imagen de la mariposa sosteniéndose en su agitada fragilidad; y en IV, por fin, esa ceremonia, esa procesión de los animales, a modo de corolario, podría confundirte y parecer el final de ‘Rocío del Mar’ error que no ayuda a evitar el que V y VI estén en la contra página pero, entonces te encuentras con:

“Hay un momento en que la luz comienza
a desvestirse, al igual que la llama no sobrevive a la vela”

que me vuelve a extasiar y lo leo y lo releo y lo subrayo con el lápiz y lo vuelvo a leer y pienso “¡qué imagen más bella!” y acabo “en la melancolía que destilan los ojos de la luna” y mi corazón se llena de esa melancolía que tantas veces he vivido como vive la casa que menciona la poeta; y ¡qué decirte de VI! con:

“…esa nube que se arrastra con cautela imitando el paso de la /culebra,
y se acerca a la luna y la rodea con su forma de cinta.
En su aparente quietud acaricia el cuerpo desnudo…”

donde se crea una tensión lírica tan penetrante, es una imagen tan expresiva y tan bella que resulta ¡de nuevo! sensual e intensa y me hace percibir mi epidermis y expande un sentimiento de placer y gozo en mi pecho. Ya sé que suena exagerado, pero es lo que hay; es lo que siento con su lectura cada vez que lo retomo.

lunes, 27 de junio de 2016

Publicación de Olaf el Blanco de Manuel A. Martínez


Manuel A. Martínez nació en Oviedo en 1983. Abandonó los estudios de biología marina para dedicarse profesionalmente al diseño gráfico, especializándose en cartas náuticas.
Publicó en formato digital un poemario en la plataforma Bubok, y llevó a cabo una asidua labor de crítica literaria en el blog La torre de David, activo hasta 2010. Los relatos incluidos en Olaf el blanco (2016) constituyen su primera publicación en formato de papel.

lunes, 13 de junio de 2016

Reseña de Las voces que me dicen

Reseña en Mundiario
(24 de mayo de 2016)

En Las voces que me dicen, Paco Moral nos ofrece una nueva visión de Pessoa
La editorial madrileña Celesta acaba de publicar una edición bilingüe de poemas del portugués Pessoa y de tres de sus heterónimos: Ricardo Reis, Alberto Caeiro y Álvaro de Campos.


Ada Soriano
Ada Soriano
Poeta y escritora. Nacida en Orihuela en 1963. Codirectora de la revista de creación literaria Empireuma y colaboradora de la revista socio-cultural La Lucerna. Autora de dos plaquetas y cinco libros. El último, Cruzar el cielo, ha sido editado recientemente por la editorial Celesta. Colabora en MUNDIARIO




Además de los recientes libros que han aparecido este año sobre la obra de Fernando Pessoa, como Cuentos (Páginas de Espuma), La educación del estoico, (Isla de Siltolá), Poemas completos de Alberto Caeiro (Baile del Sol), Odas de Ricardo Reis (Visor), Ficciones del interludio (Alianza), y Libro del desasosiego (Alianza) habría que añadir el publicado recientemente en la editorial Celesta al cuidado de Rafaél González Serrano, que lleva por título Las voces que me dicen. Se trata de una antología en edición bilingüe sobre el desconcertante poeta Fernando Pessoa.
La selección y traducción de los poemas -con muy buen criterio- corren a cargo del escritor Paco Moral, además de una amena y precisa nota que invita a indagar en la sugerente poesía de este autor portugués. Se trata de una antología absolutamente personal y subjetiva, nos dice P. Moral. Afirma asimismo que la intención no es otra que la de rendir un homenaje (…) a uno de los autores más importantes (…) de la literatura y de la poesía universal de todos los tiempos, y que alguien que no conozca aún a Pessoa pueda acercarse a él y a la complejidad de su mundo poético.
En este libro se da a conocer una parte importante de la obra poética de Pessoa desde diferentes perspectivas debido al hecho de haber recurrido al uso de los heterónimos, al inevitable afán del desdoblamiento. Nos encontramos, por tanto, ante un escritor verdaderamente raro, a una abeja laboriosa que acepta sin más los diferentes matices de las flores. El resultado es la codiciada miel, la composición del poema procedente de una amalgama de aromas. Pessoa se bautiza con frecuencia. Si se siente la necesidad, ¿por qué no reinventarse?
El autor de esta antología nos presenta al poeta acompañado con tres de sus heterónimos. “Queriendo, amo el infinito. Haciendo, nada es verdad”, nos dice Pessoa en su poema Todo lo que hago o medito. Aparece, entre otros, su imprescindible poema Autopsicografía con estos versos conocidos y, en ocasiones, malinterpretados, con respecto a la honestidad de los poetas: “El poeta es un fingidor. / Finge tan completamente/ que hasta finge que es dolor/ el cierto dolor que siente”. Después llega Ricardo Reis, realista, reflexivo y armonioso; asombrosamente conformista y feliz, de quien me quedo con estos versos de su poema titulado Las rosas: “La luz para ellas es eterna, porque/ nacen nacido el sol, y acaban/ antes que Apolo deje/ su trayecto visible”. Le sigue Alberto Caeiro con un discurso narrativo y contemplativo, que nos muestra un lenguaje estético y sencillo, y en su poema, que lleva por título La espantosa realidad de las cosas, sorprende al lector con versos tan contundentes como este: “Basta existir para ser completo”. Finalmente nos encontramos con Álvaro de Campos, quien con su pensamiento de sentirse siempre extranjero, se nos presenta con un lenguaje más elaborado donde asoma el escepticismo: “No tengo ideales/ pero nadie tiene”. En su poema Estanco, acertada elección para cerrar el libro, irremediablemente, nos seduce: “(¡Come chocolatinas, pequeña; / come chocolatinas!/ Mira que no hay más metafísica en el mundo que la de las chocolatinas. / Mira que todas las religiones no enseñan más que la confitería”.
Pessoa es un puzle que une y desune sus piezas para consolidar una sola voz con sus célebres contradicciones: la inconfundible voz del enigmático Pessoa. Léase en El libro del desasosiego: “Tristeza de serlo todo, una sensación de ser yo y a la vez algo externo”.
Me ha gratificado volver a leer a este poeta, en este caso, a través de Las voces que me dicen, poemas que transmiten buenas vibraciones, con muy buen criterio de Paco Moral y muy bien editado por Rafael González, quien apuesta por lo fundamental: el rigor, el misterio y la honradez de la poesía.

martes, 31 de mayo de 2016

Reseña de Cruzar el cielo

Reseña en Frutos del tiempo
(16 de mayo de 2016)

EL CIELO DE ADA SORIANO, por Elías Cortés

Hace algún tiempo leí un poema inédito de Ada Soriano titulado “La espada del Arcángel”, que me envió José Luis Zerón y al que, todavía masticando el desconcertante sabor acerado de los versos y con mi alma de inocente dragón a la defensiva, le comenté lo siguiente: “Ada tose una soledad de palabras que refulgen como espadas de arcángeles mientras hieren nuestro asombro”. Dichas sean estas intimidades con perdón de la mesa.
Hoy, tras beberme el libro “Cruzar el cielo” –donde aparece en toda su gloria el inquietante poema arriba aludido-, sigo pensando que las incisorias palabras de Ada, las tantas veces perturbadores versos de Ada nos abren el pecho en canal, en tanto cauterizan oscuros rincones del alma para hacer sitio a preguntas insomnes, sólo aliviadas por una desesperada certidumbre de que tienes ante ti lo bello:
Cruzar el cielo“Oh, San Miguel, Arcángel de las cohortes celestiales,
Siempre con la espada desenvainada,
Dispuesta para el duro combate.
Querías la gloria a cambio de eliminar a Satanás,
El deslenguado, el lascivo, el lujurioso.
Dicen que lo derrotaste, que lo arrojaste a la tierra.
¿Somos acaso sus descendientes?”
Aunque suene a pedantería muy lejos de mi ánimo, me apetece manifestar, mejorando lo presente, que si esto no trasciende el famoso diálogo platoniano del “Hipias Mayor” entre el sofista Hipias y el gran Sócrates acerca de la belleza (no resuelto acertadamente por ninguno de los dos, creo), que venga San Miguel y lo vea. Pero sin espada.
Lo cierto es que estas páginas que acabo de leer, estos poemas que he podido ver, tocar, oler, oír y saborear en toda su intensidad y calidez no sólo han despertado las mariposas que llevo dentro, sino que también me han dejado un amargo regusto de felicidad contenida ante la certeza de las dudas que plantea la autora: Esa aparente fragilidad que intenta encubrir a una mujer de armas tomar. Y no me refiero a nada bélico, sino a esas palabras suyas que acometen el espíritu de uno con el sabor a manzanas melancólicas y a rocío de mar de sus lunas irrepetibles; que nos movilizan ante la soledad, las ocasiones perdidas, las fobias sensualmente sublimadas:
“Nada que temer.
Pasará el vendaval por encima de nosotros,
Y el cielo, desinfectado y preparado,
Abrirá su vagina azul sobre el horizonte.
Expulsará la primera luz y mostrará su parto cósmico”.
A esto hay que añadir que siempre nos quedará el sol y esa canónica concupiscencia que nos acercan a la tierra, a los miedos refrenados por la eterna esperanza: Ese viaje al colosal cemento de Benidorm, a la geometría quebrantada por la leyenda sobre el caballero que ofrece, dando un tajo al pico de la montaña, un cacho más del astro rey para que arrope la agonía de la amada, y que concluye en una roca herida de espuma y azul:
“La roca, en la singularidad de su forma,
Alzó sobre el horizonte un ángulo.
División de azules”.
En la llamémosle metaempatía que, como tantos otros intento cultivar, junto a mi interés por identificarme con la autora, no puedo evitar dejarme arrastrar hacia las estrofas, introducirme en los versos de sus poemas y, aparte de lo ya dicho, me fijo en el tiempo, en las horas que pasan, en la vida que transcurre tras ellos a pesar de todo:
La suerte estaba echada.
El tiempo es un ogro que peca de gula”.
Porque si para algunos el tiempo es oro, para los poetas es una lenta tortura que conduce desde la profundidad insufrible del folio en blanco, hasta la laxitud pecaminosa y triunfal de haber concluido victoriosamente la búsqueda de sueños fantasmagóricos, pero cotidianamente pertinaces y tentadores: Ese amor a las cumbres, al verano, al mar, al hombre, a tantos poetas, especialmente a los suicidas con Sylvia Plath a la cabeza… A esto Ada Soriano, mientras nos invita “a respirar el sol de la tarde”, nos desplaza hasta los juncos y cañaverales perdidos, pero que están siempre ahí para trasladarnos al comienzo del mundo; a la “triste historia de un payaso y su chica de alto rango”, a “los tangos y boleros que disuelven el frío/ de las crudas noches de invierno” y a la Casablanca de “tócala otra vez, Sam”. Perdón, quiero decir a ese maravilloso final de “Vuelta”:
“Vuelve a cantar la de El Bardo, Papá,
La de El Bardo”.
Entremedias, la insistente memoria cuajada de humanidad filial, de ternura, de susurros:
Yo era Blancanieves sin madrastra (…)
Y mi padre era el héroe. Mi padre era una torre
De enanos superpuestos, un hombre alto”.
¡Ay!, ese anhelo de padre y de infancia. ¡Ay!, el regreso. Siempre el regreso –eternamente Íthaca- al tiempo de mecedora y canciones a través del camino de las palabras calientes, de la íntima y firme impresión de la autora de ser sólo ella dueña de sus cataclismos cuando, en una relación mágica, el que más y el que menos también los hace suyos, y de la misma manera naufraga sin remedio en sus sueños.
Finalmente necesito decir que esta mujer ya me hirió de muerte con sus obras “Poemas” de amor” y “Principio y fin de la soledad”, pero tengo que resistir; quiero seguir visitando esas lunas suyas tan ardientes, y bañarme en sus mares y en sus lluvias, pues, al leer este libro observamos que Ada nos agita ocasionalmente en la ambivalencia de enfrentarnos a un amor intenso hacia la vida, por una parte; y por otra, con un mínimo equipaje, a la muerte adelantada: “un cepillo de dientes sin usar/ ropa bien doblada y ordenada”. Sin embargo yo me inclino con rapidez por negarme a cruzar el incógnito cielo de Sylvía Plath. Que espere Sivvy tranquila en sus galaxias de esplendor y angustia ya reparada. Prefiero el cielo de Ada Soriano y sentarme al acecho de los próximos libros con que ella me endulzará ácidamente el alma. Al mismo tiempo aguardaré resignadamente, confiando que se retrase mucho, a que llegue el cartero “con su irremediable sorpresa”.
Cruzar el cielo. Editorial Celesta, Madrid, 2016
Elías Cortés

lunes, 23 de mayo de 2016

Entrevista a Ada Soriano

(miércoles, 11 de mayo de 2016)

Ada Soriano  (Orihuela, 1963)

Dedicada desde temprano a la actividad cultural, fue codirectora de la revista de creación literaria Empireuma y colaboradora de la revista socio-cultural La Lucerna. Ha publicado las plaquetas Anúteba (1987) y Alimentando lluvias (2000), así como los libros de poemas Luna esplendente o sol que no se oculta (1993), Como abrir una puerta que da al mar (2000), Poemas de amor (2011), Principio y fin de la soledad. Ha sido incluida en varias antologías y traducida al inglés y al rumano.
Recientemente se ha presentado su poemario Cruzar el cielo, publicado por la editorial madrileña Celesta.
¿De qué le salva la poesía?
Mire, la poesía me mata pero me salva. Y es por eso mismo que al salvarme, me mata. Es un callejón sin salida. Me asiste y me somete. Lo mismo se comporta como una buena amiga que como una hija de puta. Concluyo en que ser poeta es un infortunio.
¿Un verso para repetirse siempre?
No es un verso, pero me parece muy acertado.
“… es aterrorizador pensar que hay tantas cosas que se hacen y se deshacen con palabras…” Es de Rainer Maria Rilke.
¿Qué libro debe estar en todas las bibliotecas?
A pesar de las interpretaciones desde una óptica religiosa, que no comparto, sin duda alguna, la Biblia. Todo lo contiene. De hecho, es el Libro.
Amor, muerte, tiempo, vida…,  ¿cuál es el gran tema?
Todo lo que nombra es el tema.
¿Qué verso de otro querría haber escrito?
Tantos versos me han cautivado que me resultaría difícil elegir uno. Me resigno a quedarme con los míos.
¿Escribir, leer o vivir?
Vivir, evidentemente. Cuando muera…
¿Dónde están las musas?
Musas, inspiración… Soy más feliz cuando no llegan que cuando se presentan, ya que me siento más libre, a pesar de que no pueda escabullirme del todo. Es que tienen la desfachatez de plantarse delante de mí sin cita previa.
¿Qué no puede ser poesía?
Lo que no es poesía, aunque algunos se empeñen en demostrar que todo vale.
¿Cuál es el último poemario que ha leído?
La senda honda, de José Manuel Ramón y el poemario inédito –ya a punto de salir a la luz- De exilios y moradas,  de José Luis Zerón. No suelo atenerme a un solo libro. Quiero decir, que tengo la manía de llevar varios en danza. Actualmente he incluido en mis lecturas nocturnas una novela de Julio Llamazares que lleva por título Las lágrimas de San Lorenzo.
Si todos leyéramos versos, el mundo…
Sería muy raro, ¿no?
Tres autores para vencerlo todo.
A lo largo de mi vida me he identificado con muchos poetas de diversas nacionalidades, al igual que con otros que no son poetas, pero que de alguna manera me han hecho sentirme cómplice de sus actos. No sería justo que nombrase tan solo a tres.
¿Papel y lápiz, teclado o smartphone?
Papel y boli. Me da igual de qué tipo de papel se trate y el color de la tinta del bolígrafo. Cuando sucede lo inevitable, escribo donde pillo. Me da igual que sea en la nota de la lista de la compra, en el reverso de un recibo del banco o en los bordes del sobre de Iberdrola. Después llega el teclado. Es un proceso lento. El caos antecede al orden y a la pulcritud. No obstante, cada poema guarda en sus entrañas su naturaleza anárquica.