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martes, 1 de septiembre de 2020

Reseña sobre Las raíces del velo

(Reseña en Las nueve musas, 28 de julio de 2020)

José María Piñeiro Gutiérrez es un escritor oriolano dotado de una gran versatilidad. Destaca como articulista, ensayista, narrador y autor de aforismos.

También practica la fotografía y la pintura, y desde hace años mantiene el blog, empireuma. Blogspot,comPero ante todo es un auténtico poeta, si bien creo que como autor lírico no ha obtenido el reconocimiento que merece, eso que se da en llamar justicia poética. Su último poemario, Las raíces del velo (Editorial Celesta, Madrid, 2019), repleto de imágenes y destellos imaginativos, está escrito con una dicción reflexiva, intensa y envolvente que no rehúye la emotividad.
En todo el poemario se fusionan intuición y pensamiento en una constante basculación entre el pasado y el presente, el himno y la elegía. El autor ahonda en asuntos metafísicos esenciales sin renunciar a un lenguaje matérico y carnal. La poeta y crítica literaria Esther Abellán ha escrito con acierto en la revista cultural LOBLANC que «desde el propio título, Las Raíces del velo trae la confrontación de lo etéreo y lo sólido; la fragilidad, la sutileza y el tacto apenas perceptible de la vida frente a la fuerza y la consistencia de las experiencias y de todo aquello que constituye la memoria».
Las raíces del velo está sustentado formalmente en el hábil manejo del versículo, el empleo de figuras retóricas como el encadenamiento de imágenes (José María Piñeiro es un maestro consumado en el empleo de la imagen poética), la anáfora, la sinestesia o la aliteración y una riqueza semántica apabullante, si bien el poeta no se estanca en díscolos ensimismamientos expresivos, ni se solaza en la mera voluptuosidad retórica; lima y pule sin someterse a las restricciones de las normas convencionales de versificación, de tal modo que la lectura de sus poemas constituye una gratificante y enriquecedora experiencia.
En cuanto al inspirado título del libro que nos ocupa, el propio autor ha explicado en varias ocasiones, y esto mismo queda reflejado en la contraportada, que Las raíces del velo «simboliza la fragilidad, la fugitiva esencia de la vida; las raíces, por oposición, serían los episodios más determinantes de lo vivido».
El poemario está dividido en tres partes permeadas por un manifiesto autobiografismo. Cada una de ellas podría haber originado un libro por sí mismas. No estamos hablando, sin embargo, de tres poemarios incompletos agrupados en un solo volumen, pues las tres secciones, perfectamente ensambladas, constituyen una estructura unitaria y coherente. José Manuel Ramón, uno de los mejores amigos del autor, definió con tino la estructura tripartita del libro durante su intervención en la presentación del mismo en la librería Códex de Orihuela en mayo del año pasado: «son tres partes íntimamente relacionadas entre sí y vehiculadas en pos de una búsqueda del Amor absoluto que el autor ha emprendido, y que todos íntimamente ansiamos o deberíamos ansiar, según infiero. Amor absoluto representado por la verdad y la belleza, también por la carnalidad y su crudo relato del deseo, en definitiva, por el ser humano que desbroza su esencia con esa carga de profundidad que es el arte, dirigido a estimularnos hacia otros niveles de conciencia diferentes al nuestro».
El poemario está encabezado con esta dedicatoria general: «A mi madre, que soñaba con jardines y bodas» Y es que Lolín Gutiérrez murió poco antes de la impresión del mismo. De modo que este libro es también un sentido homenaje a la madre ausente.
El título mismo de la primera parte, “biografemas”, es otro ejemplo de la coherencia intelectual de nuestro autor, gran conocedor de la obra de Roland Barthes, sobre la cual ha escrito numerosos textos. Biografema es el neologismo acuñado por al filósofo francés para definir escenas, imágenes o pinceladas biográficas concretas que aunque no pueden abarcar una biografía en toda su extensión sí logran ilustrarla.
En el primer capítulo de Las raíces del velo encontramos los recuerdos de la infancia y adolescencia del autor que dejaron una huella indeleble en su memoria y forjaron su conducta psicológica hipersensible e indagatoria. También nos habla el poeta de su capacidad ensoñadora y su querencia por el arte, la poesía, la filosofía y los enigmas de la vida. En estos nueve “biografemas” también se percibe, la obsesión por el paso del tiempo, el asombro y el fervor ante la vida presente.

martes, 3 de marzo de 2020

Reseña de las personas del verbo


Reseña en empireuma (22/02/2020)

En definitiva, para conocernos y comunicarnos, para instalar el punto estratégico desde el cual lanzar nuestros mensajes a los demás, ¿quiénes somos, de entre todas las personas verbales: nosotros, ellos, aquellos, o, simplemente, nos ubicamos en la primera unidad reconocible: el yo abismático y concreto, el yo irrenunciable y polémico?
La cuestión no es nada banal, casi diríamos que alude al interrogante con implicaciones éticas y filosóficas más crucial: no se trata de saber quiénes somos de modo permanente, qué identidad nos pertenece, qué identidad somos, sino cuál vamos a representar; cuándo, ante el mundo y los otros, nos toca ser nosotros, ellos o yo mismo. Se trata de una cuestión de ubicación espacial y sentimental,  de estrategia conceptual.
Rafael González Serrano utiliza un lenguaje de imágenes dinámicas y precisas, de larga resonancia,  para evocar una memoria que nos ilustre, en un primer momento, sobre la historia y las pertenencias propias de estas personas del verbo que al articularse, despliegan una versión distinta de universo.
Cada persona del verbo, tanto las formas singulares como, especialmente, las plurales, son unidades mitológicas del Ser cuya intensidad y veracidad el poeta, parece querer  rastrear para reconstruir la gran épica secreta de cada uno de nosotros y comprobar cuál es el grado de satisfacción en la empresa realizada a lo largo de la vida. Es urgente que sepamos qué lazos son los que constituyen nuestra identidad común si no queremos que el tiempo arrase con nuestro vacilante testimonio. Y en este lance, la propiedad verbal, el formalismo de los textos, se han revelado, también, difusos. A pesar de la potencia de lo que la palabra pueda comunicarnos, hay una vacilación final que no acaba de solucionarse: lo que creíamos que perdura, se va desvaneciendo a la luz de nuestras evocaciones más fieles. Vívidamente, escribe: Pero ni la palabra encinta,/ni la disciplina de lo fragmentario,/ni el crisol del sintagma/nos enseñaron que ese verbo/ era un tatuaje desvaneciéndose/en la piel de los segundos/que alimentan la exactitud.
Desde Nietzsche ya sabemos que sin gramática no hay ontología.
Para el poeta, las normas pueden ser como columnas de aire: existe hacia ellas una consideración respetuosa que implica la subversión a la hora de imaginar nacimientos nuevos del ser. En este sentido, la nominación clarividente de lo plural, la integración de lo diverso en lo uno, es todavía una aspiración a cierta harmonía. Es por ello que la primera persona del plural no haya perdido ciertas implicaciones éticas y de esperanza: Nosotros/….como en el origen del universo. He ahí un vínculo. En el nosotros no hay enajenación, hay una memoria, un deseo de estar bien en comunidad y en el reconocimiento.
La distancia entre las distintas personas del verbo implica una gradación entre ellas de orden emotivo, social y mental. Entre el nosotros y el vosotros, hay una mayor cercanía, incluso, una más próxima semejanza que entre estas personas del verbo y el ellos, la tercera del plural. ¿Quiénes son ellos: son los extranjeros, los raros, los distintos a nosotros, los extraños, los enemigos, los otros…
Esta mecánica de relación humana es la que se muestra en la que, podríamos llamar, la segunda parte del poemario: la amenaza que para “nosotros” y “vosotros”, supone el advenimiento de “ellos”. Si en los primeros poemas se insinúa un desencanto con respecto a la función de las identidades de las primeras personas del verbo, apuntando a cierto desasosiego metafísico, en los últimos poemarios, se trasluce con claridad el pánico que ellos  representan y la inseguridad que significan para nuestro futuro. Qué curioso que las propiedades de las dos primeras personas del plural determinen tan nítidamente las diferencias con respecto a la tercera, ese amenazante ellos, que conceptuamos como los extraterrestres, los periféricos de nuestro sistema y de nuestra sensibilidad.
Rafael González Serrano también insinúa otra funciones de las personas verbales: o bien, marcas que articulan nuestra historia personal y anímica; o bien, como señalizadoras elementales de la alienación: el espanto súbito que nos atraviesa precisamente porque hemos descubierto que hemos dejado de ser “nosotros” (para ser “otros”, para no ser nadie…).
Afortunadamente, porque sabemos que al ser “nosotros” nunca seremos “ellos”, podemos estar relativamente tranquilos, aunque quizá sea esta, otra forma, la más sutil, de enajenación de nuestra presunta identidad.
José María Piñeiro

domingo, 16 de febrero de 2020

Reseña de Miradas de cine


Reseña en empireuma (3/02/2020)

El cine es la vida. Ha llegado a serlo, tras aparecer, equívocamente, en el horizonte de la historia como un mero invento, como un sorprendente artilugio capaz de representar imágenes en movimiento, tal y como estaba persiguiendo, experimentalmente, el hombre desde las últimas décadas del XIX. Es por ello que el cine es el ejemplo más notorio de alianza entre la tecnología y el arte, pues su producto –el film– se ha convertido en la forma narrativa por excelencia.
El cine es la memoria del hombre, tal y como lo son los poemas homéricos sobre los orígenes  mitológicos. Y si el cine es la vida, el registro que pretenda hablar de él de un modo más o menos profesional, más o menos crítico, tendrá que ser, en principio, tan poco dependiente de tendencias o modelos como generoso en sus consideraciones.
Por mucho que podamos referirnos a la autoridad de las Academias de cine, a los análisis semióticos de los textos fílmicos, a las últimas derivaciones de la reflexión filosófica aplicada al desciframiento de las imágenes sucesivas tal y como ya hiciera Guilles Deleuze, el cine requiere, sobre todo, una mirada como la que el propio cine articula: multidireccional y humana, simbolizante y descriptiva, cualitativa, sobre todo con respecto a cualquier azar o detalle que resulte significativo en el desarrollo narrativo, y por lo tanto abierta a lo que la fábula cinematográfica pretenda decirnos de los destinos del alma humana.  El cine y  la vida: quién copia a quién resulta, al final, baladí, aunque la interpretación más sorprendente y misteriosa pueda ser la de  que es la vida o la naturaleza la que copia al arte, y no al revés.
Digo todo esto porque el comentario, más que el análisis, que  Javier Puig va exponiendo en esta selección de películas, visionadas repetidamente y con pasión, resulta tan mesurado como preciso, al no depender de otra técnica crítica que la que propician los propios sentidos alertas en la recepción del film.
Precisamente esa semejanza entre el cine y la vida, hace que la significación última de toda película no dependa de los balances de hermenéuticas o semióticas diseñadas para tal discurso, lo cual facilita que cualquier buen espectador pueda realizar exámenes tan válidos como sorpresivos. En este caso el buen criterio de Javier Puig y su capacidad descriptiva, nos introduce en el decurso profundo de la película en cuestión, haciéndonosla ver por primea vez o estimulando en nosotros el deseo de verla de nuevo. 
La bibliografía sobre cine no exime, independientemente de sus atributos intelectuales, de cierto glamour. Esta obra de Javier, que es la selección de una serie de comentarios sobre cine publicados en la red, no sé si cumple con este requisito, pero sí que se suma a lo más distinguido e ilustrativo que, al menos, por estos lares, se ha publicado sobre el Séptimo Arte.
El cine consiste en contar historias. Y Javier Puig, al comentar las películas que ha visto, también nos cuenta y nos describe lo que ha visto. Aquí la emoción nos muestra que Javier tiende a posicionarse en el disfrute entrañable, es decir, consciente, de la película –como tiene que ser, diría yo– sin que tal posición disperse o determine la perspectiva de esa mirada fílmica sobre la que se arroja, a su vez, la mirada de nuestro amigo, pues el cine es también filmación de atmósferas, en la que todo –contaste fotográfico, duración de secuencias, impacto del sonido– contribuyen a tal expresión ambiental.
Creo que, en definitiva, a lo que este libro de Javier Puig invita es a que sigamos disfrutando, aprendiendo con el cine. Su experiencia catártica consiste, fundamentalmente, en estas dos cosas. 
El libro, publicado por la editorial madrileña Celesta, se presentó en la librería Códex de Orihuela el día 30 de enero pasado.
José María Piñeiro

miércoles, 12 de junio de 2019

Reseña de Las raíces del velo

Sobre Las raíces del velo de José María Piñeiro, por Javier Puig.

Reseña en Frutos del tiempo, 29/05/2019

Desde su versátil capacidad literaria, y después de seis años, José María Piñeiro vuelve a ofrecernos una amplia muestra de su poesía en Las raíces del velo, editado por Celesta. El poemario está dividido en tres partes, cada una de las cuales, como se dijo en la presentación que tuvo lugar en Orihuela, podría constituir una obra independiente. Esto es así porque hay una suficiente diferenciación, y, dentro de cada una de ellas, una coherencia propia; lo que no obsta para reconocer un nexo común, el que se deriva de la marcada personalidad del autor, y que se manifiesta en esa sensible percepción de “el espectáculo de la vida”, del que exprime su intensidad, aunando, en variables proporciones, lo sensorial y lo intelectual.
En la primera parte, Biografemas, hallamos la rememoración de esos contactos con el mundo que resultan significativos, que se imprimen en el ser desde el impacto emocional, desde el descubrimiento que nunca se deja de repasar para continuar afinándolo con nuevas sutilezas. Se habla aquí del espíritu aventurero de la primera juventud, de las atrevidas incursiones en los parajes prometedores, en los espacios ocultados por el mundo impuesto. Es la intrínseca validez de la experimentación, el alegre juego de avanzar para alcanzarse más allá del previsible uno mismo. Pero también hay poemas intemporales, que reflejan una constante vital, esa arraigada posición que indaga desde el austero hedonismo, la creencia en que lo más contiguo al propio ser, el más adherido límite con lo ajeno, ya revela la inconclusa paradoja de la existencia.
En la segunda parte, Confieso que no he vivido, el poeta se somete a un autoanálisis, revisa su trayectoria vital y echa a faltar una mayor exterioridad, una más completa vivencia de las posibilidades del trayecto humano. Si antes, la retrospección era meramente contemplativa, si la mirada se situaba apartada de un responsable protagonismo, ahora la encontramos atrapada en una valoración severa, implacable, sometida a una estricta regla que no perdona la visión de las carencias, sino que las amplifica; sobre todo, la de un indefinible ser íntimo capaz de acompañar, de compartir, de mullir los propios pasos.
Ahora, ese paraíso concentrado, poco más que casero, se ve como baldío. Ese ámbito querido que tantos momentos de plenitud ofrece, pero al que se le achaca su incapacidad integradora: “… Y los libros inertes que sustituyen a los amigos”. Allí es rara la afectuosa conversación, la viva reciprocidad: “A mí me ha vencido la pereza y la belleza”. Es la mala conciencia por el gozo interior, enclaustrado, pertrechado de exquisiteces: “Tú no puedes saber/ qué laboriosamente me entregué / a no hacer nada y soñar furibundamente”.
Es esa trampa psicológica, la idea de la seria negligencia en la que incurrimos cuando vivimos, casi para nosotros solos, una vasta extensión de tiempo que se nos ha regalado. Hay maneras de calmar esa desazón, la mayoría falsas, y alguna más difícil, que exigiría una actitud extraordinariamente generosa. Pero a veces se vive así porque lo próximo no nos satisface y no sabemos encontrar en nosotros una magnánima anuencia. Tal vez el listón se pone demasiado alto cuando se frecuentan las intensidades, las excelsitudes del arte. Por eso el lamento ante la imposibilidad de encontrar a la mujer vecina, palpable; pero, sobre todo, exacta: “La mujer atractiva de mi época / no habla mi lenguaje o vive en paradero desconocido”. Como cuando se refiere a las actrices que lo han fascinado: “Y yo he ido anotando / todas estas apariciones de bellos espectros / en la lista violeta de mis desolaciones perpetuas”.
Es la sensación de llevar una vida muy intensa en sus entusiastas recurrencias, pero siempre sustitutiva, demasiado protegida, ya lejos de la osadía juvenil: “Esta tarde me he comprado un libro: / el acto erótico supremo del día”. Es la habitación como refugio frente a un mundo que no puede ofrecer sino la decepción ante tan altas expectativas de quien está acostumbrado a relacionarse con lo más exquisito: “Es la dulzura incontaminada de la habitación/…./ y soy melancólicamente feliz / imaginando esa poesía de la redención furtiva”. Afuera está ese: “Confín vertiginoso de rostros y cuerpos / que no se conocen”. Quizá la salida sería alcanzarnos en nuestro ser extendido: “Definir un espacio soberano en el que encarnarnos / y pulverizar los miedos y los dilemas, / y olvidar el olvido/ e intentar, en el otro, rescatarnos”.
En la tercera parte, El flaneur enardecido, el poeta recoge la expresión de su nutritiva confluencia con el mundo del arte, cuando, desde la ajustada soledad se alcanza una sensación de no chirriante pertenencia al mundo, de unidad, aunque siempre sea desde una denodada salvaguarda de lo propio. Aquí se trata de encontrar, entre el barullo del mundo, esas “gemas” salvadoras: “El claror del día concita a los vivientes / bajo la gema de su luz”. ”Examinando las gemas que hace el agua de la fuente / al brotar”, “la gema quieta de la tarde toda”, “mi acopio de gemas y perlas imaginadas / se traduce en esta posibilidad narrativa: / escribir poesía / para hacer rica mi pobreza”, “la fronda te devuelve gemas ovales y susurros convocadores”. En todos estos poemas, José María Piñeiro realiza un recorrido por algunos de los puntos cruciales de su vocación, que es la de apreciar el arte que lo incumbe, el de algunos escritores o músicos reconcentrados en vibrantes atisbos. Pero, junta a esas manifestaciones esforzadas, también está la espontánea realidad que se le ofrece, que él penetra con su actitud deambulatoria. Todo eso que hay que digerir y hacerlo propio, creativamente: “Y nuestro placer y privilegio renovados/ es dar nombre a las cosas, / descifrar lo que acontece, / no cesar de interpretar”. Y eso es algo que no se reduce al juego intelectual sino que trasciende hasta lo emotivo: “Una tarde la belleza me hizo llorar / al convertirse en esperanza”.
La obra de un autor no es la permanencia en una fotografía única, en un momento absoluto. En este poemario se exponen la intuición, la tentación, la duda, la posición humana zarandeada por los vaivenes que impone el tiempo. En Poéticas, esa pieza final, fragmentaria, próxima al aforismo, del que es devoto y maestro el autor, se plasma una de esas pequeñas sabidurías que todos nosotros, de vez en cuando, alcanzamos, pero que no sabemos cómo retener frente a la resbaladiza sucesión de los momentos que nos configuran: “Asegura tu partícula luminosa, / cede a lo que te penetra. / Di tu alucinación, /no juzgues lo que te pasa. / Di lo que te pasa”. Pero José María Piñeiro, en un acto de honestidad, de intento de completud de sí mismo, a veces no se obedece; entonces, se juzga, y se dice a sí mismo que no ha vivido; afirmación con la que no podemos estar de acuerdo quienes apreciamos su obra, pues sentimos que está hecha de una vivencia lúcida, sostenida sobre las intermitencias. En Las raíces del velo encontramos sinceridad, belleza, y un buen puñado de poemas que albergan una preciosa “harmonía”.

miércoles, 29 de mayo de 2019

Presentación de Las raíces del velo

José María Piñeiro y José Manuel Ramón

Muchísimas gracias por asistir a la presentación de este nuevo libro de José María Piñeiro: autor inquiero y polifacético, amigo querido, admirado y seguido desde que empezara a publicar poemas, aforismos y escritos varios en la revista Empireuma, así como en sus libros venidos con posterioridad.
Agradecer a Vicente Pina y al personal de la librería el que se facilite la celebración de este acto y que nos acojan con generosidad en Códex, una vez más, nuestra librería de referencia en Orihuela: ¡qué gran labor venís desarrollando!
También agradecer públicamente a José María el que me brindara la oportunidad de acompañarle en esta presentación, con la que me estreno en este tipo de lides. Podría titularse Dos tímidos muy tímidos, si de una comedia del absurdo se tratase. Pero no, no es el caso... La nuestra sería, más bien, una road movie o película de carretera, de amistad salvando los años.

Quisiera comenzar diciendo que nos encontramos ante el libro de poesía más confesional de José María Piñeiro. Las raíces del velo, metáfora de impecable factura, nos remite a la Vida con mayúscula, a su condición dual de volátil mas anclada en tierra con las firmes raíces de la experiencia. Vida en vuelo controlado cual cometa en manos, todavía infantes, del ser. Nada más hermoso y doloroso, al tiempo, que experimentar nuestra libertad bragados con los cordajes de la propia conciencia. Un libro llegado seis años después de Profano demiurgo, que hasta ahora fuera su último libro de poesía. Entre medias publicó uno de aforismos, Ars fragminis (2015) y otro de artículos y ensayos titulado Pasajes escritos (2017). Llega ahora Las raíces del velo, un libro valiente y entrañable dedicado a su madre que soñaba con jardines y bodas... Dedicatoria que nos conmueve a todos los que la conocimos y tratamos, una mujer tan vitalista, alegre y generosa. Este acto se lo dedicamos también a ella.
PREGUNTA: José María, ¿qué hay detrás de esa dedicatoria?:
Bueno, he cuidado de mi madre durante cinco años, día y noche. Por la madrugada me llamaba y me contaba sus sueños. En el último medio año, soñaba que se encontraba en un jardín, ella sola. Aquello era más inquietante que soñar meramente con bodas o con otras personas conocidas y familiares. La significación simbólica de “jardín” es la de “morada de las almas”. Es decir, que se acercaba la hora: la reclamaban desde el otro lado. Tras su fallecimiento, me acordé del diario que Barthes llevó tras la muerte de su madre. Algunas anotaciones no sólo las podría haber escrito yo, sino que las he vivido con literal amargura. Por ejemplo, Barthes escribe: “Hay mañanas tan tristes”. Así han sido las mañanas de estas Navidades pasadas.   
Biografemas, Confieso que aún no he vivido y El flâneur enardecido son las tres partes o secciones de este libro que os presentamos. Como afirmó en una entrevista realizada por Ada Soriano y ahora también aclarado en la contraportada del libro, podrían haber sido tres libros diferentes. Porque son tres partes íntimamente relacionadas entre sí y vehiculadas en pos de una búsqueda del Amor absoluto que el autor ha emprendido, y que todos íntimamente ansiamos o deberíamos ansiar, según infiero. Amor absoluto representado por la verdad y la belleza, también por la carnalidad y su crudo relato del deseo, en definitiva, por el ser humano que desbroza su esencia con esa carga de profundidad que es el arte, dirigido a estimularnos hacia otros niveles de conciencia diferentes al nuestro.

viernes, 19 de abril de 2019

Publicación de Las raíces del velo de José María Piñeiro

José María Piñeiro Gutiérrez, nació en Orihuela (Alicante) en 1963. Ha realizado cursos de Filosofía e Historia del Arte a través de la UNED. Colabora desde hace años en prensa, revistas e instituciones. Fue uno de los miembros fundadores de la revista literaria Empireuma (1985-2007).
Ha publicado plaquettes de poesía El légamo de las estrellas (1998) y de aforismos  Hilas de papiro (2000), y los libros de poesía Margen harmónico (2010) y Profano demiurgo (2013). En 2015 salió a la luz otro libro de aforismos, Ars fragminis y en 2017 uno de ensayos y artículos, Pasajes escritos. Publicamos ahora su nuevo poemario, Las raíces del velo (2019). Mantiene en internet el blog empireuma.blogspot.com

jueves, 15 de diciembre de 2016

Reseña de Pasajes escritos

Reseña en Minuto cero (14/12/2016)

Sobre los lúcidos ensayos de José María Piñeiro en “Pasajes escritos”

Cada uno de estos pequeños ensayos es una ventana que se abre y nos invita a una estancia que podremos habitar con el más plácido de nuestros esfuerzos

José María Piñeiro ha dado un paso que celebramos los que seguimos y admiramos su blog Empireuma :: micropoësie. Ha seleccionado una pequeña parte de las entradas que ha ido añadiendo durante los últimos años y nos las ha ofrecido en forma de un libro Pasajes escritos, editado por Celesta–, por lo que ahora tenemos la ocasión de disfrutar de esos textos, de calidad y enjundia tan inusuales, con el recogimiento mayor que ofrece este formato.
Piñeiro es un apasionado de los libros, un degustador de páginas inopinadas, un buscador sin prejuicios: “Disfruto tanto de los textos que elijo leer, que las teorías que los juzgan me suelen parecer casi siempre juicios sumarísimos con respecto a ese prisma de sugerencias y mundos que percibo.” Es alguien que está alerta y que gusta de explorar las zonas menos iluminadas de la cultura y tantear las promesas de singularidad, las obras genuinas, apartadas del ruido que alberga el acaparador tránsito de lo aceptado, la suma de confluyentes reconocimientos e inercias. Gusta de los textos complejos, de los ensayos más teorizantes,  de los estudios más profundos, pero también de aquellos sencillos, cuando estos se ciñen expresivamente a una vida, como la autobiografía de Bertrand Rusell: “Un excelente ejemplo de cómo a través de una escritura sencilla se pueden reflejar con intensidad los episodios más interesantes de una vida.”. Y es que ama los escritos aparentemente accesorios: los diarios, la literatura fragmentaria, las crónicas, el insólito ensayo del novelista. Escribe, no sobre las obras consideradas mayores de cada autor, sino sobre sus trazos más espontáneos y personales. Porque, en estos artículos, hay una fascinación por saber cómo, cada escritor, desde su única ubicación en el mundo, interpreta la vida, la descubre: “Todo libro es un tramo de vivencias, de aventuras, el relato de algo.”
Pero José María Piñeiro no siempre se encierra en su gabinete. A veces, coge el tren o el autobús, abierto a atisbar los signos que la realidad le presente. Y los capta con su cámara fotográfica o los transcribe en sus creaciones literarias. La exterioridad debe ser conectada, asumida, integrada, en un universo mental que requiere una pequeña renovación continua, un alimento que no tan solo venga del arte más nutricional, sino también de los pequeños detalles que van formando una red a través de las percibidas afinidades.
Aunque, muchas veces, no es necesario salir a la calle para acceder a lo más revelador del mundo. Piñeiro se queda en casa, junto al querido y prometedor objeto del libro, inmerso en sus exploraciones: “Cierto es que el estudio y la reflexión también pueden suponer un arduo viaje”, pues: “El viaje es una vivencia sensorial que irriga mente y cuerpo. El pensamiento, un viaje extático.”   Nos habla de los “altos placeres de gabinete”, de la seducción de “la aventura cognoscitiva.”
La cita de Wittgenstein: “Se debe siempre estar  preparado para aprender algo totalmente nuevo”, la hace suya. Está fascinado por el pensamiento, por su concepción en la palabra. El pensar es una fructífera variante de la vida inmediata, supone habitar la relativa seguridad de los adentros, concitar el fruto de los hombres que han escrito, que han pensado, para inoportuno.
En sus aproximaciones a los libros, hay intelectualismo (en alguna ocasión, el divagar por conceptos demasiado alejados de la raíz – visible – del hombre), pero también emotividad. Así lo expresa en uno de los textos más entusiastas, el dedicado a Ramón Sijé: “Cada vez que me he acercado a Sijé he experimentado siempre la misma sensación: un gran entusiasmo velado por la melancolía.” Piñeiro goza de esos descubrimientos, de la apasionada lectura que no está respaldada por un veredicto unánime, sino que contradice tantos juicios o indiferencias que displicentemente se instalan en el panorama cultural. Él sabe encontrar: “En Sijé asistimos, efectivamente, a un jubiloso dominio de la escritura.” Hablando de Sijé, refiere lo que el propio autor oriolano consideraba “pasión crítica”, y añade: “Dos términos que pueden parecer contradictorios, salvo si el talante llega a tal admiración del producto cultural que la pasión no es un obstáculo para que la crítica se ejerza.” El indudable poeta que hay en el autor se emociona al leerlo, al disfrutar de: “Una prosa azuzada en su corazón por lo poético.”
Muchas de las reseñas que hay en la segunda parte del libro, la titulada Pretextos, están dedicadas a los diarios que va leyendo, que no suelen ser los más conocidos, sino algunos con los que felizmente ha dado en alguna de sus expectantes incursiones por las librerías. “El diario me acerca a esa literalidad de la realidad que la ficción metarfosea.”, nos dice. “Todo puede ser registrado, expresado por la escritura porque todo es literaturizable.”
Cada uno de estos pequeños ensayos es una ventana que se abre y nos invita a una estancia que podremos habitar con el más plácido de nuestros esfuerzos. Nos dan la impresión de no haber dejado ningún cabo suelto, de haber conseguido una bella confluencia de la palabra con la idea. Piñeiro consigue ir más allá de la percepción primera, de la adhesión emocional, e indaga en los mecanismos ocultos que erigen las superficies del arte. Describe lo teórico, su elegante fulgor. Lo suyo, lo que persigue, es el descubrimiento. La seducción de la exquisitez cultural, de la personalidad única, de la mirada incontaminada por las redundancias. Escribe con claridad y ahonda con sutileza su pensamiento muchas veces complejo. Su prosa no puede ser para muchos, sus focalizaciones son las propias de quien lleva una vida interior desusada entre los ciudadanos que lo envuelven, de quien está familiarizado con un género ensayístico que tanto placer intelectual alberga.
Dice el autor que disfruta leyendo a Ortega, a Foucault, a Barthes o Paz: “Por la suntuosidad y nitidez con que fluyen sus exposiciones conceptuales.” Autores a los que se les ha reprochado el exhibicionismo de su escritura y a los que él defiende: “La exigencia de una escritura sencilla y clara es tan retórica como la contraria”. En esta colección de ensayos y artículos encontramos aunadas y satisfechas las dos exigencias: por una parte, la conceptual, de una forma literaria brillante. No busca lo abstruso pero no renuncia a sus aledaños necesarios. Son textos que alcanzan el máximo de amenidad posible con una prosa vigorosa, segura sí misma, armónicamente desencadenante.
¿Están algunos temas alejados de lo que verdaderamente importa en el mundo, son un lujo? Lo que busca Piñeiro es la realidad alcanzable, la visión elaborada, siempre impregnada del propio ser. Pasajes escritos impresiona por su fuerza ensayística, por una prosa rica, que no se arredra ante la palabra no oficialmente aceptada. Su impronta entusiasta nos señala nuevos puntos rutilantes en la proyección de nuestras necesidades artísticas. Estos escritos, así reunidos, nos muestran mejor sus virtudes, que no son inferiores a las de cualquier ensayista que pueda ocupar la cúspide de los elegidos. Ya estoy esperando el nuevo libro prometido: otra selección de textos de su blog, otro caudal de lúcida literatura.
                                                                                                                                          Javier Puig

miércoles, 7 de diciembre de 2016

Acto de presentación de Pasajes escritos

 
José María Piñeiro y Manuel García

El pasado uno de diciembre se presentó en la librería Códex de Orihuela el nuevo libro de José María Piñeiro, Pasajes escritos, que ha visto a la luz gracias a la madrileña editorial Celesta y reúne una selección corregida y actualizada de textos breves aparecidos en el blog Micropoesía Empireuma. La librería se llenó con la presencia de escritores, artistas y familiares del autor. El poeta, escritor y crítico literario Manuel García Pérez inició el acto de presentación con una introducción sobria y certera. A continuación le  hizo una serie de preguntas a José María Piñeiro acerca de su nuevo libro en particular y de su obra creativa en general.
Manuel García calificó Pasajes escritos de libro fronterizo, “ya que, es difícil de catalogar, pues los textos de la primera parte recogidos bajo el epígrafe “Especulaciones”, tocan temas a medio camino entre la narración, el poema en prosa y el artículo, mientras que los de la segunda parte, titulada “Pretextos” son en rigor reseñas de libros y ensayos que podríamos calificar de heterodoxos por el pensamiento libre y el sentido poético que fluye en ellos”.
José María Piñeiro se expresó con serenidad y desparpajo poético. Nombró algunos referentes  de su obra literaria como Borges, Lezama Lima, Mallarmé y Barthes. Asimismo habló de la compatibilidad y convivencia de la fotografía y la escritura en su obra, y reivindicó para la poesía el acto de mirar, la necesidad de estar alerta y a la escucha. Para José María, fotografía y escritura forman un vínculo indisoluble y ambas se sustentan en la acción poética, en la visión epifánica, en la capacidad de asombro. Durante el coloquio con el público, también salió a relucir la importancia de la experiencia de José María como miembro fundador de la revista Empireuma y lo que supuso para su obra ser uno de los pilares de la misma. Entre pregunta y pregunta hubo una emotiva lectura de fragmentos del libro a cargo Gema y Miriam, sobrinas del autor. En suma, los asistentes gozamos de un acto ameno, entrañable y enriquecedor.
José Luis Zerón 

viernes, 28 de octubre de 2016

Publicación de Pasajes escritos de José María Piñeiro


José María Piñeiro Gutiérrez, nació en Orihuela (Alicante) en 1963. Ha realizado cursos de Filosofía e Historia del Arte a través de la UNED. Colabora desde hace años en prensa, revistas e instituciones. Fue uno de los miembros fundadores de la revista literaria Empireuma (1985-2007). 
Ha publicado plaquettes de poesía El légamo de las estrellas (1998) y de aforismos  Hilas de papiro (2000), y los libros de poesía Margen harmónico (2010) y Profano demiurgo (2013). En 2015 salió a la luz otro libro de aforismos, Ars fragminis. Ha sido incluido en antologías como Ciclos de prosa y poesía temáticas Alicante/Murcia (2005). Editamos ahora su nuevo libro, de ensayos y artículos, Pasajes escritos. Mantiene en internet el blog empireuma.blogspot.com.  

viernes, 8 de enero de 2016

Reseña de Leves alas al vuelo de Rafael González Serrano


   
Podríamos decir que el formato breve es hijo de la hiperlucidez, o, al menos, que tal técnica de escritura pareciera asegurar efecto semejantes en sus productos por la mera disposición formal. Lo espectacular de su efecto - certeza y rapidez -  reside en esa colaboración tan esplendente  entre forma y contenido incidiendo uno sobre el otro en una fusión impresionadora: el fogonazo verbal.  
Rafael González Serrano aprovecha estas “ventajas previas” para intentar multiplicarlas, conocedor, también, de que lo breve no excluye la densidad.  
El reiterativo epígrafe , leves alas al vuelo, nos ofrece un muestrario de formas breves –dísticos, haikús, aforismos, poema cortos– cuyo pulimento métrico refuerza y confirma la unidad conceptual del libro.
Toda poesía es trabajo formal y Rafael González Serrano recurre al empleo de la métrica rigurosa para asegurar la redondez del libro, el trazado de la “virguería” poética.
Lo que cabría preguntarse cuando la cuestión técnica resalta de modo especial en una obra literaria es si el producto final confirma a través de su calidad, tal presunto dominio.
Rafael González Serrano consigue con regularidad un nivel, pero los hallazgos y revelaciones hay que buscarlos en el curso de estas repeticiones formales, pues hay que admitir que el mero y diestro empleo del formato breve no asegura porque sí una infalibilidad del pensamiento o la ejecución del haikú inolvidable.  
Leves alas al vuelo se lee con gusto y ritmo, y si la lectura es recolectora de cualidades, podemos encontrarnos, por ejemplo,  con cierto uso común de la paradoja: la suerte es un azar buscado; con la complicada verificación: En el fanatismo habita la cruel locura que, al domesticarse, deviene satisfecha creencia; con la gracia poética: a dos pasos del /deseo, una daga/vuelta amapola; con la precisión casi matemática del sueño: en los perdidos edenes del estío/ se extravía la memoria del ahora. 

martes, 3 de febrero de 2015

Acto de presentación de Ars fragminis

José Luis Zerón y José María Piñeiro

José María Piñeiro fue miembro fundador de la revista Empireuma y ha publicado las plaquetes  El légamo de las estrellas e Hilas de papiro, así como los libros Margen Harmónico y Profano demiurgo. Además es colaborador en numerosas revistas y periódicos y autor del blog empireuma.blogspot.com.  Ars fragminis es su tercer libro y se compone de notas, aforismos y  fragmentos extraídos del diario del autor. José María también es fotógrafo y pintor, pero siente una especial predilección por la poesía, y a la escritura y lectura de poesía le dedica una gran parte de su tiempo; por ello quien lo conoce se hará estas dos preguntas: ¿por qué, teniendo la oportunidad de volver publicar un libro no se ha decantado por un poemario? ¿Se ha sumado José María a la moda de la escritura breve que impera en Internet y empieza a colonizar el mercado editorial? Como amigo suyo que soy de toda la vida os diré que José María Piñeiro no es un oportunista, y puedo atestiguar que durante su adolescencia ya practicaba la escritura mínima, fragmentaria, llámese aforismo, sentencia, axioma o apotegma. Desde sus tempranos inicios en la literatura escribía un diario que ha continuado con más o menos regularidad, de modo que José María es un veterano de la literatura breve y sé que acariciaba desde hace tiempo la idea de publicar un libro de escrituras fragmentarias.
Este que hoy presentamos consta de tres secciones: la primera y la tercera contienen aforismos o notas breves, la segunda una selección de entradas del diario del autor. La primera sección se titula Líneas I y se trata de un conjunto delicioso de fulguraciones gnómicas que no tienen un tema común; no son máximas morales o sentencias que desembocan en el axioma, el refrán o el proverbio, ni son sesudos aforismos con cierta diatriba social, ni una concatenación atropellada de impresiones ingeniosas pero vacías, no, los textos quintaesenciados que componen este libro obedecen tanto a una comprensión del mundo, a su necesidad de captarlo aquí y ahora, como a una intención estética y al mismo tiempo reflexiva. Estos aforismos nos hablan de la intimidad del autor pero también de ese flujo incesante de acontecimientos llamado realidad, captado como una cascada de sensaciones e impresiones. 
Somos el universo cuando fluimos, cuando cantamos; estamos en el universo al delimitar un territorio, al enfrentarnos a otros habitantes”. Dice un aforismo. 
Y  este otro:
procesaré durante años la información que me ha brindado ese instante. 
José María demuestra una amplitud de miras, un más allá en su visión del mundo y de la cultura que trasciende el tópico, expresándose en un tejido de experiencias múltiples y simultáneas: 
Materialismo, idealismo, solipsismo, positivismo, espiritualismo… al fin y al cabo toda teoría supone una imagen de las cosas  y es válida para entender al hombre y al mundo. La preeminencia de una tendencia sobre la otra es eventual en el concurso de la creatividad del pensar. 
Muchos de sus aforismos están dedicados a la poesía  y a los poetas, como no podía ser de otra manera en alguien que se considera esencialmente poeta. He aquí varios ejemplos: 
Solo la poesía y la belleza son posibles.
Lo que más fastidiaba a Baudelaire era escribir poemas.
Hay algo oscuro en un poema recitado en una plaza, bajo la luz del sol, en pleno día. 
También hay en ellos una tendencia al culturalismo:
Hay genios que hablan su propio idioma: Góngora, Lezama Lima, Joan Miró.  
Siempre entendí el título del libro de Octavio Paz Pasado en claro, como posado en claro. 
En estos fragmentos asoma la incorregible vocación de flâneur de nuestro amigo José María, callejeador y hermeneuta, como se califica a sí mismo. 
El mayor lujo: pasear.
Casualidades estocásticas por la calle, el portazo de un coche, un martillazo lejano y un par de ruidos en un andamio reproducen varias notas de un pasaje de la obra musical Arcana de Varése.
"Amad a los poetas locos", pintada leída en Torrevieja, a principios de los noventa. 
El autor también  habla de sí mismo: 
Soy un visitador de discursos.
Me interesan ciertos éxtasis de los otros.
Y hay lugar para el ingenio cercano a la greguería, la paradoja, el retruécano y el juego de palabras: 
El estrépito de la carcajada como cuando cae la vajilla al suelo.
Por mucho que se arrugue, el agua no se rompe.
Un relámpago lentísimo. 
Y por último, y para no extenderme, destacaré la reflexión del autor sobre la escritura fragmentaria: 
El fragmento es un lujo de lo unitario.
El aforismo no sentencia, detecta un nódulo de realidad.
Escribir aforismos es otro modo de jugar con los espacios en blanco. 
Las notas y aforismos de José María basculan de la solemnidad al humor, de la aseveración a la ironía, de la actitud epistémica al escarceo intuitivo, del ascetismo tajante a la voluptuosidad imaginativa, de la opinión intelectual al pensamiento espiritual, siendo fiel el autor a los requisitos que hay que pedirle a un buen aforista: brevedad, agudeza , fuerza de lenguaje, lucidez, tendencia ilustrada que no excluya la intuición, intensidad, lenguaje claro y sintaxis estable, posesión instantánea y simultánea de la realidad.
La segunda sección lleva por título La arena del reloj  y consta de fragmentos del diario personal del autor. Estos textos son más extensos y, por tanto pierden contundencia, pero no abandonan la concisión, la síntesis y la agudeza. Incluso en esta sección también leemos algunos aforismos. Por ejemplo  Un apunte que es en sí mismo una verdadera poética: 
Ser poeta es habitar un ritmo. 
Esta sección combina la escritura reflexiva con la experiencia y la memoria personal aboliendo ciertas fronteras narrativas. José María es capaz de reflexionar con asombrosa lucidez y riqueza de matices, a pesar de la brevedad de los textos, sobre complejos asuntos filosóficos o sucesos leídos en la prensa, y al mismo tiempo registra sensaciones nimias, percepciones pasajeras, anota sueños, da cuenta de sus lecturas o de sus audiciones musicales, de sus paseos, del proceso de su escritura. El autor exhibe una admirable capacidad analítica al mismo tiempo que una libre asociación de ideas a la hora de desarrollar los temas, con un manejo del lenguaje como materia dúctil.
José María lo abarca todo, nada escapa a su curiosidad y asombro, desde la astrofísica y sus misterios y paradojas, la filosofía, las artes y la literatura, hasta la parapsicología, pasando por los conflictos de la realidad actual; pero además, también habla de su experiencia vital, más contemplativa que activa, de sus introspecciones, de sus hallazgos, “esos tesoros del día escondidos por la luz del día”, como escribe en una de sus entradas. El autor no escamotea la crítica y la ejerce de manera tan sutil como contundente, verbigracia esta entrada de una sola frase: 
Hoy la poesía solo está bien escrita. 
Asimismo abre un camino amplio de posibilidades especulativas y narrativas que evita la autobiografía y sus detalles irrelevantes, así como el envaramiento intelectual, algo tan común en la mayoría de diaristas. El suyo, a pesar de su riqueza analítica, es un diario vivo, candente, pleno de intuiciones y hallazgos, sin imposturas, que apuesta por el valor salvífico de la escritura: José María dice en una de las entradas: 
Un diario exclusivamente intelectual parece escamotearnos algo. ¿Dónde está el cuerpo, las emociones liberadas, el grito? Todo  ha sido sustituido por la convulsión conceptual, por la ebriedad meditativa. La palabra es una frondosidad -ideológica sensorial-.” 
O esta otra: 
Incluso para escribir el poema más desolado, más aniquilante o presuntamente verdadero, hay que tener un dominio sobre lo experimentado, se tiene que haber trascendido en parte, al menos, lo vivido para que precisamente se dé meticulosa memoria de ello. Lo cual demuestra el aspecto productivo de nuestros malestares: podemos morir varias veces y dar cuenta de nuestras finitudes, es decir, es posible la resurrección (dentro de la vida). 
Por otra parte me parece destacable el uso activo e inteligente de la memoria para seleccionar la anécdota pasada y establecer correspondencias espacio- temporales. José María nos dice que: 
La memoria no es desván sino meandro soterrado. La memoria es activa y selectiva. 
La capacidad de José María Piñeiro para establecer analogías y su impresionante memoria, crean una aventura poética que se nutre de los enigmas  cotidianos y de los relumbrones maravillosos del pasado. No en vano el autor escribe en una de las entradas del diario: 
“El mundo supone una serie de retos y misterios: en la naturaleza, en el devenir social. Nuestra posición: o recuperamos entusiasmos y nos implicamos en la revolución de cualquiera de estas cuestiones, ya sea por competencia, por interés, por proximidad, o nos convertimos en tibios disidentes de la emocionante complejidad que se nos lanza.” 
Y José maría, desde luego, apuesta por implicarse, por salir al exterior con una mirada asombrada -no ingenua-, con una capacidad para hacerse preguntas originarias que no han obtenido respuestas definitivas, y de esta manera captar el mundo y dotarlo de sentido.
La última parte titulada Líneas II vuelve sobre las notas aforísticas; una versión pura y simple de una multitud de experiencias y reflexiones aliadas con el lenguaje, lejos de la comodidad y la pereza, conformando, pues, una estructura circular.
Por último quisiera aclarar un hecho que estamos olvidando. La escritura breve, inmediata, aquella que requiere un coraje especial porque al autor se la juega en unas pocas palabras, ofrece al escritor pocos refugios y mucha intemperie. No es un género literario exclusivo de nuestra época a pesar de Facebook, los blogs, wassasp, twiter, y otras formas de comunicación que proliferan en las redes sociales. Ha existido siempre, aunque se ignore o se desprecie en los manuales de literatura, y no es cuestión de ahondar en las razones de esta desmemoria. Ciñéndonos a la tradición occidental, citaré algunos nombres: tenemos en la antigüedad los fragmentos de Heráclito, los aforismos científicos de Hipócrates, o las piruetas verbales de Diógenes el cínico. En la Roma antigua sobresalen como aforistas Marco Aurelio y Séneca; en la Edad Media y en España hay magos de la inmediatez como Ramón Llull; en el siglo XVI el francés Montaigne; en el XVII Gracián, Pascal,  La Rochefoucauld y Spinoza. En el XVIII Chanfort y Lichtenberg, Blake y el marqués de Vauvenargues; en el  XIX Schopenhauer, Nietzsche, y Jules Renard; en el pasado siglo, Juan Ramón Jiménez, José Bergamín, Cioran, Canetti, Wittgestain, Walter Benjamin y María Zambrano; y ya en nuestros días, Carlos Marzal, Jordi Doce y Manuel Neila.
Con este libro híbrido y fragmentario, José María Piñeiro se inscribe dentro de esa fecunda tradición de escritores de la miniatura, de hacedores de “pequeños milagros cotidianos, fósforos frotados inopinadamente en la oscuridad”, como diría Roland Barthes.
                                                                                         José Luis Zerón

lunes, 12 de enero de 2015

Publicación de Ars fragminis de José María Piñeiro


José María Piñeiro Gutiérrez, nació en Orihuela (Alicante) en 1963. Ha realizado cursos de Filosofía e Historia del Arte a través de la UNED. Colabora desde hace años en prensa, revistas e instituciones. Fue uno de los miembros fundadores de la revista literaria Empireuma (1985-2007).
Ha publicado plaquettes de poesía El légamo de las estrellas (1998) y de aforismos  Hilas de papiro (2000), y los libros de poesía Margen harmónico (2010) y Profano demiurgo (2013). Ha sido incluido en antologías como Ciclos de prosa y poesía temáticas Alicante/Murcia (2005). Sale a la luz ahora su nuevo libro de aforismos Ars fragminis. Ensayos, artículos y poemas suyos han aparecido en prensa local y en revistas digitales e impresas: Salamandra, Adamar, La Lucerna, Portada, Ágora, Luna de papel, Baquiana, Poezia, etc. Tiene el blog empireuma.blogspot.com.