jueves, 12 de febrero de 2015
martes, 3 de febrero de 2015
Acto de presentación de Ars fragminis
José Luis Zerón y José María Piñeiro
José
María Piñeiro fue miembro fundador de la revista Empireuma y ha publicado las plaquetes
El légamo de las estrellas e Hilas de papiro, así como los libros
Margen Harmónico y Profano demiurgo. Además es colaborador en numerosas
revistas y periódicos y autor del blog empireuma.blogspot.com. Ars fragminis
es su tercer libro y se compone de notas, aforismos y fragmentos
extraídos del diario del autor. José María también es fotógrafo y pintor, pero
siente una especial predilección por la poesía, y a la escritura y lectura de
poesía le dedica una gran parte de su tiempo; por ello quien lo conoce se hará
estas dos preguntas: ¿por qué, teniendo la oportunidad de volver publicar un
libro no se ha decantado por un poemario? ¿Se ha sumado José María a la moda de
la escritura breve que impera en Internet y empieza a colonizar el mercado
editorial? Como amigo suyo que soy de toda la vida os diré que José María
Piñeiro no es un oportunista, y puedo atestiguar que durante su adolescencia ya
practicaba la escritura mínima, fragmentaria, llámese aforismo, sentencia,
axioma o apotegma. Desde sus tempranos inicios en la literatura escribía un
diario que ha continuado con más o menos regularidad, de modo que José María es
un veterano de la literatura breve y sé que acariciaba desde hace tiempo la
idea de publicar un libro de escrituras fragmentarias.
Este que hoy presentamos consta de tres secciones: la primera y la tercera contienen aforismos o notas breves, la segunda una selección de entradas del diario del autor. La primera sección se titula Líneas I y se trata de un conjunto delicioso de fulguraciones gnómicas que no tienen un tema común; no son máximas morales o sentencias que desembocan en el axioma, el refrán o el proverbio, ni son sesudos aforismos con cierta diatriba social, ni una concatenación atropellada de impresiones ingeniosas pero vacías, no, los textos quintaesenciados que componen este libro obedecen tanto a una comprensión del mundo, a su necesidad de captarlo aquí y ahora, como a una intención estética y al mismo tiempo reflexiva. Estos aforismos nos hablan de la intimidad del autor pero también de ese flujo incesante de acontecimientos llamado realidad, captado como una cascada de sensaciones e impresiones.
Somos el universo cuando fluimos, cuando cantamos; estamos en el universo al delimitar un territorio, al enfrentarnos a otros habitantes”. Dice un aforismo.
Este que hoy presentamos consta de tres secciones: la primera y la tercera contienen aforismos o notas breves, la segunda una selección de entradas del diario del autor. La primera sección se titula Líneas I y se trata de un conjunto delicioso de fulguraciones gnómicas que no tienen un tema común; no son máximas morales o sentencias que desembocan en el axioma, el refrán o el proverbio, ni son sesudos aforismos con cierta diatriba social, ni una concatenación atropellada de impresiones ingeniosas pero vacías, no, los textos quintaesenciados que componen este libro obedecen tanto a una comprensión del mundo, a su necesidad de captarlo aquí y ahora, como a una intención estética y al mismo tiempo reflexiva. Estos aforismos nos hablan de la intimidad del autor pero también de ese flujo incesante de acontecimientos llamado realidad, captado como una cascada de sensaciones e impresiones.
Somos el universo cuando fluimos, cuando cantamos; estamos en el universo al delimitar un territorio, al enfrentarnos a otros habitantes”. Dice un aforismo.
Y
este otro:
procesaré durante años la información que me ha brindado ese instante.
José María demuestra una amplitud de miras, un más allá en su visión del mundo y de la cultura que trasciende el tópico, expresándose en un tejido de experiencias múltiples y simultáneas:
Materialismo, idealismo, solipsismo, positivismo, espiritualismo… al fin y al cabo toda teoría supone una imagen de las cosas y es válida para entender al hombre y al mundo. La preeminencia de una tendencia sobre la otra es eventual en el concurso de la creatividad del pensar.
Muchos de sus aforismos están dedicados a la poesía y a los poetas, como no podía ser de otra manera en alguien que se considera esencialmente poeta. He aquí varios ejemplos:
Solo la poesía y la belleza son posibles.
Lo que más fastidiaba a Baudelaire era escribir poemas.
Hay algo oscuro en un poema recitado en una plaza, bajo la luz del sol, en pleno día.
También hay en ellos una tendencia al culturalismo:
Hay genios que hablan su propio idioma: Góngora, Lezama Lima, Joan Miró.
Siempre entendí el título del libro de Octavio Paz Pasado en claro, como posado en claro.
En estos fragmentos asoma la incorregible vocación de flâneur de nuestro amigo José María, callejeador y hermeneuta, como se califica a sí mismo.
El mayor lujo: pasear.
Casualidades estocásticas por la calle, el portazo de un coche, un martillazo lejano y un par de ruidos en un andamio reproducen varias notas de un pasaje de la obra musical Arcana de Varése.
"Amad a los poetas locos", pintada leída en Torrevieja, a principios de los noventa.
El autor también habla de sí mismo:
Soy un visitador de discursos.
Me interesan ciertos éxtasis de los otros.
Y hay lugar para el ingenio cercano a la greguería, la paradoja, el retruécano y el juego de palabras:
El estrépito de la carcajada como cuando cae la vajilla al suelo.
Por mucho que se arrugue, el agua no se rompe.
Un relámpago lentísimo.
Y por último, y para no extenderme, destacaré la reflexión del autor sobre la escritura fragmentaria:
El fragmento es un lujo de lo unitario.
El aforismo no sentencia, detecta un nódulo de realidad.
Escribir aforismos es otro modo de jugar con los espacios en blanco.
Las notas y aforismos de José María basculan de la solemnidad al humor, de la aseveración a la ironía, de la actitud epistémica al escarceo intuitivo, del ascetismo tajante a la voluptuosidad imaginativa, de la opinión intelectual al pensamiento espiritual, siendo fiel el autor a los requisitos que hay que pedirle a un buen aforista: brevedad, agudeza , fuerza de lenguaje, lucidez, tendencia ilustrada que no excluya la intuición, intensidad, lenguaje claro y sintaxis estable, posesión instantánea y simultánea de la realidad.
La segunda sección lleva por título La arena del reloj y consta de fragmentos del diario personal del autor. Estos textos son más extensos y, por tanto pierden contundencia, pero no abandonan la concisión, la síntesis y la agudeza. Incluso en esta sección también leemos algunos aforismos. Por ejemplo Un apunte que es en sí mismo una verdadera poética:
Ser poeta es habitar un ritmo.
procesaré durante años la información que me ha brindado ese instante.
José María demuestra una amplitud de miras, un más allá en su visión del mundo y de la cultura que trasciende el tópico, expresándose en un tejido de experiencias múltiples y simultáneas:
Materialismo, idealismo, solipsismo, positivismo, espiritualismo… al fin y al cabo toda teoría supone una imagen de las cosas y es válida para entender al hombre y al mundo. La preeminencia de una tendencia sobre la otra es eventual en el concurso de la creatividad del pensar.
Muchos de sus aforismos están dedicados a la poesía y a los poetas, como no podía ser de otra manera en alguien que se considera esencialmente poeta. He aquí varios ejemplos:
Solo la poesía y la belleza son posibles.
Lo que más fastidiaba a Baudelaire era escribir poemas.
Hay algo oscuro en un poema recitado en una plaza, bajo la luz del sol, en pleno día.
También hay en ellos una tendencia al culturalismo:
Hay genios que hablan su propio idioma: Góngora, Lezama Lima, Joan Miró.
Siempre entendí el título del libro de Octavio Paz Pasado en claro, como posado en claro.
En estos fragmentos asoma la incorregible vocación de flâneur de nuestro amigo José María, callejeador y hermeneuta, como se califica a sí mismo.
El mayor lujo: pasear.
Casualidades estocásticas por la calle, el portazo de un coche, un martillazo lejano y un par de ruidos en un andamio reproducen varias notas de un pasaje de la obra musical Arcana de Varése.
"Amad a los poetas locos", pintada leída en Torrevieja, a principios de los noventa.
El autor también habla de sí mismo:
Soy un visitador de discursos.
Me interesan ciertos éxtasis de los otros.
Y hay lugar para el ingenio cercano a la greguería, la paradoja, el retruécano y el juego de palabras:
El estrépito de la carcajada como cuando cae la vajilla al suelo.
Por mucho que se arrugue, el agua no se rompe.
Un relámpago lentísimo.
Y por último, y para no extenderme, destacaré la reflexión del autor sobre la escritura fragmentaria:
El fragmento es un lujo de lo unitario.
El aforismo no sentencia, detecta un nódulo de realidad.
Escribir aforismos es otro modo de jugar con los espacios en blanco.
Las notas y aforismos de José María basculan de la solemnidad al humor, de la aseveración a la ironía, de la actitud epistémica al escarceo intuitivo, del ascetismo tajante a la voluptuosidad imaginativa, de la opinión intelectual al pensamiento espiritual, siendo fiel el autor a los requisitos que hay que pedirle a un buen aforista: brevedad, agudeza , fuerza de lenguaje, lucidez, tendencia ilustrada que no excluya la intuición, intensidad, lenguaje claro y sintaxis estable, posesión instantánea y simultánea de la realidad.
La segunda sección lleva por título La arena del reloj y consta de fragmentos del diario personal del autor. Estos textos son más extensos y, por tanto pierden contundencia, pero no abandonan la concisión, la síntesis y la agudeza. Incluso en esta sección también leemos algunos aforismos. Por ejemplo Un apunte que es en sí mismo una verdadera poética:
Ser poeta es habitar un ritmo.
Esta
sección combina la escritura reflexiva con la experiencia y la memoria personal
aboliendo ciertas fronteras narrativas. José María es capaz de reflexionar con
asombrosa lucidez y riqueza de matices, a pesar de la brevedad de los textos,
sobre complejos asuntos filosóficos o sucesos leídos en la prensa, y al mismo
tiempo registra sensaciones nimias, percepciones pasajeras, anota sueños, da
cuenta de sus lecturas o de sus audiciones musicales, de sus paseos, del
proceso de su escritura. El autor exhibe una admirable capacidad analítica al
mismo tiempo que una libre asociación de ideas a la hora de desarrollar los
temas, con un manejo del lenguaje como materia dúctil.
José María lo abarca todo, nada escapa a su curiosidad y asombro, desde la astrofísica y sus misterios y paradojas, la filosofía, las artes y la literatura, hasta la parapsicología, pasando por los conflictos de la realidad actual; pero además, también habla de su experiencia vital, más contemplativa que activa, de sus introspecciones, de sus hallazgos, “esos tesoros del día escondidos por la luz del día”, como escribe en una de sus entradas. El autor no escamotea la crítica y la ejerce de manera tan sutil como contundente, verbigracia esta entrada de una sola frase:
Hoy la poesía solo está bien escrita.
José María lo abarca todo, nada escapa a su curiosidad y asombro, desde la astrofísica y sus misterios y paradojas, la filosofía, las artes y la literatura, hasta la parapsicología, pasando por los conflictos de la realidad actual; pero además, también habla de su experiencia vital, más contemplativa que activa, de sus introspecciones, de sus hallazgos, “esos tesoros del día escondidos por la luz del día”, como escribe en una de sus entradas. El autor no escamotea la crítica y la ejerce de manera tan sutil como contundente, verbigracia esta entrada de una sola frase:
Hoy la poesía solo está bien escrita.
Asimismo
abre un camino amplio de posibilidades especulativas y narrativas que evita la
autobiografía y sus detalles irrelevantes, así como el envaramiento
intelectual, algo tan común en la mayoría de diaristas. El suyo, a pesar de su
riqueza analítica, es un diario vivo, candente, pleno de intuiciones y
hallazgos, sin imposturas, que apuesta por el valor salvífico de la escritura:
José María dice en una de las entradas:
Un diario exclusivamente intelectual parece escamotearnos algo. ¿Dónde está el cuerpo, las emociones liberadas, el grito? Todo ha sido sustituido por la convulsión conceptual, por la ebriedad meditativa. La palabra es una frondosidad -ideológica sensorial-.”
O esta otra:
Incluso para escribir el poema más desolado, más aniquilante o presuntamente verdadero, hay que tener un dominio sobre lo experimentado, se tiene que haber trascendido en parte, al menos, lo vivido para que precisamente se dé meticulosa memoria de ello. Lo cual demuestra el aspecto productivo de nuestros malestares: podemos morir varias veces y dar cuenta de nuestras finitudes, es decir, es posible la resurrección (dentro de la vida).
Por otra parte me parece destacable el uso activo e inteligente de la memoria para seleccionar la anécdota pasada y establecer correspondencias espacio- temporales. José María nos dice que:
La memoria no es desván sino meandro soterrado. La memoria es activa y selectiva.
La capacidad de José María Piñeiro para establecer analogías y su impresionante memoria, crean una aventura poética que se nutre de los enigmas cotidianos y de los relumbrones maravillosos del pasado. No en vano el autor escribe en una de las entradas del diario:
“El mundo supone una serie de retos y misterios: en la naturaleza, en el devenir social. Nuestra posición: o recuperamos entusiasmos y nos implicamos en la revolución de cualquiera de estas cuestiones, ya sea por competencia, por interés, por proximidad, o nos convertimos en tibios disidentes de la emocionante complejidad que se nos lanza.”
Y José maría, desde luego, apuesta por implicarse, por salir al exterior con una mirada asombrada -no ingenua-, con una capacidad para hacerse preguntas originarias que no han obtenido respuestas definitivas, y de esta manera captar el mundo y dotarlo de sentido.
La última parte titulada Líneas II vuelve sobre las notas aforísticas; una versión pura y simple de una multitud de experiencias y reflexiones aliadas con el lenguaje, lejos de la comodidad y la pereza, conformando, pues, una estructura circular.
Por último quisiera aclarar un hecho que estamos olvidando. La escritura breve, inmediata, aquella que requiere un coraje especial porque al autor se la juega en unas pocas palabras, ofrece al escritor pocos refugios y mucha intemperie. No es un género literario exclusivo de nuestra época a pesar de Facebook, los blogs, wassasp, twiter, y otras formas de comunicación que proliferan en las redes sociales. Ha existido siempre, aunque se ignore o se desprecie en los manuales de literatura, y no es cuestión de ahondar en las razones de esta desmemoria. Ciñéndonos a la tradición occidental, citaré algunos nombres: tenemos en la antigüedad los fragmentos de Heráclito, los aforismos científicos de Hipócrates, o las piruetas verbales de Diógenes el cínico. En la Roma antigua sobresalen como aforistas Marco Aurelio y Séneca; en la Edad Media y en España hay magos de la inmediatez como Ramón Llull; en el siglo XVI el francés Montaigne; en el XVII Gracián, Pascal, La Rochefoucauld y Spinoza. En el XVIII Chanfort y Lichtenberg, Blake y el marqués de Vauvenargues; en el XIX Schopenhauer, Nietzsche, y Jules Renard; en el pasado siglo, Juan Ramón Jiménez, José Bergamín, Cioran, Canetti, Wittgestain, Walter Benjamin y María Zambrano; y ya en nuestros días, Carlos Marzal, Jordi Doce y Manuel Neila.
Con este libro híbrido y fragmentario, José María Piñeiro se inscribe dentro de esa fecunda tradición de escritores de la miniatura, de hacedores de “pequeños milagros cotidianos, fósforos frotados inopinadamente en la oscuridad”, como diría Roland Barthes.
Un diario exclusivamente intelectual parece escamotearnos algo. ¿Dónde está el cuerpo, las emociones liberadas, el grito? Todo ha sido sustituido por la convulsión conceptual, por la ebriedad meditativa. La palabra es una frondosidad -ideológica sensorial-.”
O esta otra:
Incluso para escribir el poema más desolado, más aniquilante o presuntamente verdadero, hay que tener un dominio sobre lo experimentado, se tiene que haber trascendido en parte, al menos, lo vivido para que precisamente se dé meticulosa memoria de ello. Lo cual demuestra el aspecto productivo de nuestros malestares: podemos morir varias veces y dar cuenta de nuestras finitudes, es decir, es posible la resurrección (dentro de la vida).
Por otra parte me parece destacable el uso activo e inteligente de la memoria para seleccionar la anécdota pasada y establecer correspondencias espacio- temporales. José María nos dice que:
La memoria no es desván sino meandro soterrado. La memoria es activa y selectiva.
La capacidad de José María Piñeiro para establecer analogías y su impresionante memoria, crean una aventura poética que se nutre de los enigmas cotidianos y de los relumbrones maravillosos del pasado. No en vano el autor escribe en una de las entradas del diario:
“El mundo supone una serie de retos y misterios: en la naturaleza, en el devenir social. Nuestra posición: o recuperamos entusiasmos y nos implicamos en la revolución de cualquiera de estas cuestiones, ya sea por competencia, por interés, por proximidad, o nos convertimos en tibios disidentes de la emocionante complejidad que se nos lanza.”
Y José maría, desde luego, apuesta por implicarse, por salir al exterior con una mirada asombrada -no ingenua-, con una capacidad para hacerse preguntas originarias que no han obtenido respuestas definitivas, y de esta manera captar el mundo y dotarlo de sentido.
La última parte titulada Líneas II vuelve sobre las notas aforísticas; una versión pura y simple de una multitud de experiencias y reflexiones aliadas con el lenguaje, lejos de la comodidad y la pereza, conformando, pues, una estructura circular.
Por último quisiera aclarar un hecho que estamos olvidando. La escritura breve, inmediata, aquella que requiere un coraje especial porque al autor se la juega en unas pocas palabras, ofrece al escritor pocos refugios y mucha intemperie. No es un género literario exclusivo de nuestra época a pesar de Facebook, los blogs, wassasp, twiter, y otras formas de comunicación que proliferan en las redes sociales. Ha existido siempre, aunque se ignore o se desprecie en los manuales de literatura, y no es cuestión de ahondar en las razones de esta desmemoria. Ciñéndonos a la tradición occidental, citaré algunos nombres: tenemos en la antigüedad los fragmentos de Heráclito, los aforismos científicos de Hipócrates, o las piruetas verbales de Diógenes el cínico. En la Roma antigua sobresalen como aforistas Marco Aurelio y Séneca; en la Edad Media y en España hay magos de la inmediatez como Ramón Llull; en el siglo XVI el francés Montaigne; en el XVII Gracián, Pascal, La Rochefoucauld y Spinoza. En el XVIII Chanfort y Lichtenberg, Blake y el marqués de Vauvenargues; en el XIX Schopenhauer, Nietzsche, y Jules Renard; en el pasado siglo, Juan Ramón Jiménez, José Bergamín, Cioran, Canetti, Wittgestain, Walter Benjamin y María Zambrano; y ya en nuestros días, Carlos Marzal, Jordi Doce y Manuel Neila.
Con este libro híbrido y fragmentario, José María Piñeiro se inscribe dentro de esa fecunda tradición de escritores de la miniatura, de hacedores de “pequeños milagros cotidianos, fósforos frotados inopinadamente en la oscuridad”, como diría Roland Barthes.
José Luis Zerón
lunes, 26 de enero de 2015
Publicación de Los labios quemados de José Manuel Vivas
José Manuel
Vivas nació en Badajoz (1958), ciudad en la que reside. Trabaja en
comunicación, diseño gráfico y creación de páginas web. Es vocal de literatura
en el Ateneo de Badajoz y forma parte de la tertulia literaria Página 72. Ha participado
en diversas publicaciones conjuntas, en foros, blogs y encuentros literarios.
Es autor de los siguientes libros de poesía: Los bordes del abismo
(1999), Olvídate de Ítaca (2006), Algo que nos salve de todo rubor (2006),
Breve
catálogo de insectos y otros seres menudos (2008), Crónicas del vértigo (2009),
Cuerpo
en ruinas (2013) y De puertas adentro (2014). Los
labios quemados es su último poemario publicado. Ha participado en
diversos certámenes, obteniendo varios premios y accésit por sus libros.
lunes, 12 de enero de 2015
Publicación de Ars fragminis de José María Piñeiro
José María Piñeiro Gutiérrez, nació en Orihuela (Alicante) en 1963. Ha realizado cursos de Filosofía e Historia del Arte a través de la UNED. Colabora desde hace años en prensa, revistas e instituciones. Fue uno de los miembros fundadores de la revista literaria Empireuma (1985-2007).
Ha publicado plaquettes de poesía El
légamo de las estrellas (1998) y de aforismos Hilas de papiro (2000), y los libros
de poesía Margen harmónico (2010) y Profano demiurgo (2013). Ha sido
incluido en antologías como Ciclos de prosa y poesía temáticas
Alicante/Murcia (2005). Sale
a la luz ahora su nuevo libro de aforismos Ars fragminis. Ensayos, artículos y
poemas suyos han aparecido en prensa local y en revistas digitales e impresas: Salamandra, Adamar, La Lucerna, Portada, Ágora, Luna de papel, Baquiana, Poezia, etc. Tiene el blog empireuma.blogspot.com.
jueves, 25 de diciembre de 2014
Acto de presentación de El día en el que nadie estuvo allí
Chus Arellano, Chema Nievas y Rafael González
Prólogo: De lo casi invisible
Tras
el cristal el mundo, escribe José
María Nievas, y es tras ese cristal o ese velo desde donde vislumbramos lo que ya no nos pertenece, lo que ya
no está aquí.
Pero hay maneras
de conciliarnos con ese cristal, de avanzar separando las finas láminas que
conforman el velo hasta llegar al hogar, a ese espacio que nos mantiene a salvo de la cordura: una especie de
tránsito, de desorden habitable que se nos revela como un hueco donde lo deseado
se ancla firmemente a la tierra. A una
tierra que, por otra parte, no nos
dejará solos cuando caigamos. La tierra no
me dejará solo /cuando caiga // barrerán
mis huesos de polvo / los días
venideros //
Tras
el cristal el mundo, los cuencos vacíos, la raíz
de los verbos, el incendio, la
lengua inmóvil, el miedo. La materia lágrima. El dolor se empequeñece bajo la hendidura o bajo los surcos de lo que ya no sabemos nombrar.
Quizá
es que nunca se fue / quizá es que el universo / no es más que un rincón / en su
cabeza //
Porque es
necesario el escollo para saber de la grieta,
de la palabra malherida, de las voces tullidas. Quizás éstas nunca vuelvan al corazón
alumbrado. Todas las palabras que vadean
el momento / terminan ahogadas // son
los restos del naufragio //
Pero no sólo lo
que ya no está o lo que ya no nos pertenece o lo que ya no sabemos nombrar aparece tras ese
cristal, también la luz, el bálsamo. Ráfagas que, como en las tormentas de William
Turner, nos muestran toda la belleza de lo que aún reside en la ceniza. De lo casi invisible.
Me dijeron tantas cosas // pero cuando destapé la herida / ya se habían ido //
Me dijeron tantas cosas // pero cuando destapé la herida / ya se habían ido //
Decía Roberto Bolaño
que la buena escritura es saber meter la cabeza en lo oscuro, saltar al vacío. José
María Nievas no sólo mete la cabeza sino que, además, se atreve
a abrir los ojos y mostrarnos, a través de ellos, las rugosidades, el azufre, los alambres, los epitafios –esa
nuestra otra mitad sangrante–
Ojos
en los ojos, quiero ver lo que dices //
Carmen Crespo
Chema Nievas en un momento del recital
lunes, 17 de noviembre de 2014
Publicación de El día en el que nadie estuvo allí de José María Nievas
José María Nievas (Madrid, 1978),
realizó estudios de Magisterio en la especialidad de educación musical en la
Universidad Autónoma de Madrid. En la actualidad trabaja en la Administración
como funcionario y reside en Getafe.
A lo largo de los años ha escrito
varios poemarios, que permanecen inéditos. El día en el que nadie estuvo allí
es el primero que ve la luz. Dedicado también a la composición musical, trabaja
en un proyecto que aúna música y poesía. Además participa en aulas de creación
poética.
miércoles, 29 de octubre de 2014
Acto de presentación de Arquitectura de la piel
Rafael González, María Jesús Silva y Juan Martínez
Prólogo
Este libro contiene
escenas y visiones de amor explícito, pero no se detiene en ellas. Traza una historia
natural amorosa que sobrevuela lo anecdótico, el álbum sentimental, para
abordar con ánimo analítico, de constructora de edificios amorosos, como
anuncia el título, la descripción del órgano o territorio que en la visión de
María Jesús Silva registra los placeres y las heridas del enamoramiento.
La estructura del poemario sigue la relación de dos amantes. La primera sección (“Huellas”) se abre con una conclusión desesperanzada:
La estructura del poemario sigue la relación de dos amantes. La primera sección (“Huellas”) se abre con una conclusión desesperanzada:
Nosotros no tuvimos
nunca un mapa con futuro
A esa declaración sigueun examen del emparejamiento como fenómeno transformadormediante instantáneas significantes, una rememoración enun presente sucesivo de revelaciones consonante con eltiempo absorto del amor recién encontrado, en el que se desdibuja lo ajeno al momento.
Las siguientes secciones del poemario (“Escamas”, “Jirones”) muestran ausencias y dependencias, y el epílogo se inicia significativamente, cerrando un círculo, con una cita que cuestiona la posibilidad de comprender desde su vivencia el hecho amoroso, la conducta de los amantes.
A esa declaración sigueun examen del emparejamiento como fenómeno transformadormediante instantáneas significantes, una rememoración enun presente sucesivo de revelaciones consonante con eltiempo absorto del amor recién encontrado, en el que se desdibuja lo ajeno al momento.
Las siguientes secciones del poemario (“Escamas”, “Jirones”) muestran ausencias y dependencias, y el epílogo se inicia significativamente, cerrando un círculo, con una cita que cuestiona la posibilidad de comprender desde su vivencia el hecho amoroso, la conducta de los amantes.
“¿Y si la piel, después
de todo, nos engañaba”?
(Vanesa Pérez
Sahuquillo)
En estos poemas, María Jesús Silva se expresa en ocasiones con observaciones minuciosas de vocabulariodeliberadamente alejado de la banalidad amorosa(incisión, arquivolta, escalpelo, cicatrices), a la manera de una exploración técnica, y otras veces con imágenes libres, bellas y fuertes:
En estos poemas, María Jesús Silva se expresa en ocasiones con observaciones minuciosas de vocabulariodeliberadamente alejado de la banalidad amorosa(incisión, arquivolta, escalpelo, cicatrices), a la manera de una exploración técnica, y otras veces con imágenes libres, bellas y fuertes:
Puedes
dejar hebras de piel
En
cada esquina de la ciudad
Para
colgarme de ellas
Presente en cada página como guía del amor, nombrada casi en cada poema, la piel –el tacto, lo expuesto, lo ingobernable por la razón- es la protagonista de esta hermosa meditación en forma de poemario.
Presente en cada página como guía del amor, nombrada casi en cada poema, la piel –el tacto, lo expuesto, lo ingobernable por la razón- es la protagonista de esta hermosa meditación en forma de poemario.
Juan Martínez de las Rivas
Héctor Guedeja y María Jesús Silva en un momento del recital
jueves, 16 de octubre de 2014
viernes, 26 de septiembre de 2014
Publicación de Arquitectura de la piel de María Jesús Silva
María Jesús Silva (Madrid, 1963) se dedica profesionalmente a la Sanidad, trabajando en la actualidad en el hospital Rey Juan Carlos. Mantiene una intensa actividad en talleres de poesía.
Ha publicado anteriormente un poemario, El
desorden de noviembre (2013), siendo Arquitectura
de la piel su segundo libro editado. Dedicada por necesidad vital a la
escritura, tanto en verso como en prosa, ha sido incluida en diversas
antologías, ha obtenido varios galardones y participado en revistas como Río
Arga, Atlas de divagantes, Luke o Cuadernos del matemático.
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