Estimados autores y lectores, en breve continuaremos con nuestra actividad editora. Irán apareciendo novedades a lo largo de los próximos meses en esta temporada que se inicia, y deseamos que estas nuevas publicaciones sean de vuestro interés. Muchas gracias a todos por la confianza en este proyecto editorial.
viernes, 19 de septiembre de 2014
martes, 1 de julio de 2014
Acto de presentación de Paseantes hoy
Rafael González, Pepe Jesús Sánchez y Cristina Santamarina
Fragmento del Prólogo
Recomendar la lectura del
libro que lectora y lector tienen entre manos no es preciso; explicar innecesario
y desaconsejable. Sí merecidas alabanzas -ni de corte ni de aldea- y una
encarecida invitación a que quien lea Paseantes hoy de Pepe Jesús Sánchez haga un recorrido desde el principio, a fin de no perder el
rumor del río que sube en paralelo a sus variaciones, ni la brisa en el
ascenso. Tramo a tramo, partimos de algunos de sus versos/hitos, hits:
iguales aunque
variables
(XI), así
estos poemas dentro del caminar que
asume un “sujeto paseante” que no ha renunciado a la palabra. Igualdad en su
fluir, variación en el decir, desde el asombro y la serenidad que el lugar ameno
otorga, la identificación o extrañamiento de quien observa.
como
sujetos indiferentes a las cosas (XXXIX), también los animales son observados por el
caminante, que se deja afectar por ellos sin manierismos; así el planto al
perro Bobi, que se duplica en 2 tiempos -poemas XXI y XXV- nos cautiva, en un
tono que pocos poetas de la tradición elegiaca occidental han llegado a
alcanzar, y desde ya quisiéramos poner a dialogar con aquel del poema juanramoniano de Animal de fondo
al que da título su verso
final: “la caricia tranquila del
callado/en igualdad segura de expresión”. Segura la expresión y en igualdad
variable.
Humilla la
realidad en cada paseo al caminante (VIII). Somos
seres que dan cuenta de lo natural con mayor o menor artificio. Poniendo a
dialogar Paseantes hoy con esotra tradición oriental de escritura en
naturaleza, el haiku, nos parece oír: a veces es preferible el haiku que no se
escribe al que se escribe, y en esta medida, que lo que finalmente se escriba
no sea haiku; sí que quede el poso de esa actitud del haijin que viaja sin equipaje
ni comodidades: la sencillez, el deseo de transmitir sin metáfora ni excesiva
elaboración. También la rotundidad, esa que nos quita la venda para lo
esencial, loqueyaestabaahí.
el
rumor/venturoso del reguero en el /costado (XXII). Esa
época en que la rima aligeraba el cansancio del camino y daba ritmo a nuestro
paso, nos ponía a cantar despreocupados ya de la ruta a seguir, que en este
tramo la senda corre paralela al río. En toda época la musicalidad: cantarines
o el paseante que se despreocupa, deja de temer, su palabra de observador se
vuelve agua, fluye entre el cuerpo y la orilla del sendero. El poeta andarín y
el hallazgo de la expresión, que al volverse continuo, música.
Eva Chinchilla
Aspectos de la abarrotada sala Función Lenguaje
miércoles, 28 de mayo de 2014
Acto de presentación de Espada de sentido
Rafael González, Luis de la Rosa y Luis González Nieto
Cuando una amiga común
que está entre nosotros me habló de Luis de la Rosa, me mostró su libro y me
propuso que lo presentara como estoy haciendo en este momento, yo no le
conocía.
Pero en cuanto leí sus
poemas, acepté encantado, no porque él sea
vallisoletano, cosa de la que me enteré al leer la solapa, y yo
palentino (que siempre estamos un poco por encima…en el mapa), sino porque me
ha impresionado muy gratamente cómo blande su ESPADA DE SENTIDO, como se pelea con las palabras para llenar un
vacío, su vacío, para dar forma a una realidad que está ahí, al margen de él
pero a su alcance,
Creo que VACÍO,
SENTIDO, FORMA y también IMÁGENES Y FANTASMAS son elementos clave de su poesía,
como veremos enseguida.
La de Luis de la Rosa
es una poesía que si sitúa en el filo de la navaja de la expresión, que intenta
ser indagación de la palabra y de lo real. No me gusta nada la palabrita,que
está muy de moda, pero estamos en el difícil terreno de la metapoesía, de una
poesía intelectual (tampoco me gusta esta expresión pero no encuentro
otra), que se cuestiona a sí misma y al
mismo tiempo asume, con todos los riesgos, un papel equivalente o sustitutivo
de la filosofía, de explicación del sentido de la existencia y de la comunicación.
En la incipiente
década de los cuarenta de su vida, el discurso de Luis es maduro, aunque, sobre
todo desde mi perspectiva, es muy joven. Pero
normalmente a los cuarenta se es maduro y no es casual, creo yo, que se
dedicación a la poesía haya sido relativamente tardía, como él me ha explicado.
A menudo, durante la
lectura de sus poemas, me ha resonado aquella invocación juanramoniana:
“¡Intelijencia, dame / el nombre exacto de las cosas! / …Que la palabra sea /
la cosa misma / creada por mi alma nuevamente. / ¡Intelijencia, dame / el nombre exacto, y tuyo, / y suyo, y mío, de
las cosas”.
O también aquella voz
de Ángel González: “Escribir un poema:
marcar la piel del agua. / Suavemente, los signos / Se deforman, se agrandan,…
/ Se distienden, se tensan hasta / Que el hombre que los mira… / O ve su propio
rostro / O –transparencia pura, hondo / Fracaso- no ve nada”.
Es la concepción
de la poesía que se inicia con el
simbolismo y el hermetismo como una tarea imposible pero inevitable y que queda
clara en los versos de Luis. En varias ocasiones, pero especialmente en el
poema que inicia la tercera parte del poemario, Espada, que cumple la función de una poética: “¿Cuando un ser
blande inesperado / Una espada afilada de sentido / Inadvertidamente, / No
puedes dejar el sentido, / El fantasma que sólo tú ves, / Fuera de las cosas
sólidas / O del río limpio? / No, porque yo he desaparecido / Y las cosas
existen sin mí”.
Si entendemos bien, se
nos está diciendo que el sentido es un fantasma del poeta, las cosas existen “sin mí”. El darles sentido es la
imposible tarea del poeta.
Algo parecido se nos
dice en otro momento: “Palabras como renacuajos en agua inmóvil / Con el riesgo
de lo no-sólido, /De no capturar lo perseguido”.
Dije antes que uno de
los significados clave de la poesía de Luis es el de FORMA. Aparece en muchos
momentos, y de manera a veces contradictoria, “Cuando la forma cría calor / Por
fin deja de ser despreciable / U odiosa /… Que las formas que nos rodean sean /
Úteros donde meternos palpitantes / Para que dejen de ser zapatos que nos
llaguen”.
Pero es la forma la
que a veces consigue el milagro, “Misterio del poema: / He parido piedras /
Pero, al observarlas, / Veo que son archipiélagos de la vida /…/ Las piedras se
elevan / Y se echan a caminar / Cuando la
forma lo decida”.
Junto a la forma están
las imágenes y los fantasmas. Tienen mucho que ver con el sentido y a veces se
confunden, en medio están las palabras,“Empezar un poema es entrar / A tientas
en un cuarto oscuro…”
Hay un momento en que
el poeta se ve avanzando locamente en la noche, y lucha por resolver el
enigma, “Hasta que las cosas te miren /
Respondiendo a tu mirada. Ahí puedes parar”.
Esa es la ilusión o la
utopía a la que aspira el poeta, que a menudo siente que fracasa. La idea
reaparece con frecuencia: así en el poema central al que ya nos hemos referido,
que concluye, “Se trata de volver al va- cío de lo inútil / Y girar estúpido
como un derviche”.
También me he referido
al significado VACÍO que me parece clave
en la poesía de Luis de la Rosa. No es casual que aparezca en los primeros
versos del primer poema del libro: “¿Es verdad tu luna? / Yo tengo, pero tengo
/ Vacío como estilete en la garganta”. Y en el último, que destila pesimismo
existencial: “Qué peligroso estar lleno de vacío”. Y en el que ya hemos glosado
dos veces, su poética: “Se trata de volver al vacío de lo inútil / Y girar
estúpido como un derviche”.
Un pesimismo
existencial, de estirpe cernudiana, está explícito en algunos poemas pero
además impregna todo el libro. Es un pesimismo que se entiende mejor cuando se
conoce la admiración del poeta por Luis Cernuda, que él me ha explicado.
Y concluyo como
comencé. El libro de Luis de la Rosa se inscribe en mi opinión en la corriente
de una poesía concebida como investigación de la realidad. A ello no es ajena
la expresión, que es a veces coloquial, a veces dura y no elude, sino que
busca, en ocasiones un prosaísmo provocador incluso el exabrupto, junto a imágenes sencillas pero potentes.
Aunque la única
referencia literaria que se hace en el libro es la poesía de Pedro Salinas, por
quien también compartimos admiración los dos Luises y a quien dedica un poema,
también me ha confesado mi tocayo su admiración, también compartida, por su
paisano Jorge Guillén. Pues bien, a partir de este libro, deseo a Luis de la
Rosa que siga los pasos de Guillén y que continúe su obra depurando como él los
versos de su Cántico.
Luis González Nieto
lunes, 26 de mayo de 2014
Publicación de Paseantes hoy de Pepe Jesús Sánchez
Pepe Jesús Sánchez nació en Jaén (1952) y creció en Almería. Por su actividad profesional ha residido en Barcelona y Madrid donde consecutivamente ha trabajado como docente y técnico de servicios sociales en temas de infancia y familia.
Aparte de artículos aparecidos en publicaciones y revistas especializadas en esos campos, ha publicado poemas en diferentes medios y tiene escritos varios poemarios inéditos. Paseantes hoy es el primer título que da a la imprenta. En la actualidad mantiene una intensa actividad poética participando en talleres, tertulias y otras actividades literarias.
miércoles, 14 de mayo de 2014
Publicación de Espada de sentido de Luis de la Rosa
Luis de la Rosa nació en
Valladolid (1971). Se licenció en Filología inglesa y también curso estudios de
Filología española. Opositó, obteniendo plaza de profesor de secundaria en la
especialidad de Inglés. Ha desarrollado su labor docente en Galicia y Madrid.
Escritor oculto durante muchos años, ve la luz ahora Espada de sentido, su primer poemario publicado, que no escrito. Hace años escribió y realizó un cortometraje cuyo enlace en la red es pitilloHYPERLINK "http://www.youtube.coHYPERLINK "http://www.youtube.com/watch?v=X8. Además, ha abierto un blog sobre poesía llamado palabritorio.
Escritor oculto durante muchos años, ve la luz ahora Espada de sentido, su primer poemario publicado, que no escrito. Hace años escribió y realizó un cortometraje cuyo enlace en la red es pitilloHYPERLINK "http://www.youtube.coHYPERLINK "http://www.youtube.com/watch?v=X8. Además, ha abierto un blog sobre poesía llamado palabritorio.
lunes, 21 de abril de 2014
Publicación de Fragmentos de la llama de Rafael González Serrano
Rafael González Serrano nació en
Madrid, ciudad donde realizó sus estudios universitarios. Aparte de su
actividad docente, ha escrito poesía, novela, artículos sobre obras poéticas,
ha traducido y, además, se dedica a la edición de textos de creación literaria.
Ha publicado los siguientes
poemarios: Presencias figuradas (2006), Manual de fingimientos
(2008), Insistir en la noche (2010) y Mapa del laberinto
(2011). Fragmentos de la llama es su quinto libro de poemas editado. Es
autor de la novela Siempre la feria (2012), y ha traducido a Valéry y Cummings.
Tiene el blog sobre poesía De turbio en claro.
lunes, 7 de abril de 2014
Publicación de Vacancias de Pablo Miravet Bergón
Pablo Miravet Bergón nació en Palma de Mallorca (1967). Es doctor en derecho, y ha ejercido como profesor de filosofía del derecho en la Universidad de Valencia.
Es autor del libro Estado social, empleo y derechos: una revisión crítica (2014). Ha publicado el libro de aforismos Fragmentos tibios (2002) y el poemario Mermas (2008). Vacancias es su segundo poemario publicado. Sus textos han sido seleccionados en la antología Pensar por lo breve. Aforística española de entresiglos[1980-2012] (2013). Ha colaborado como crítico literario en varios medios, entre ellos La bolsa de pipas y Le monde diplomatique (edición española).
lunes, 17 de marzo de 2014
Acto de presentación de Vigilia del asesino
Rafael González, José Óscar López e Isabelle García Molina
Si
buscáis en el Diccionario de la Real Academia el significado de la palabra
"vate", dos son las acepciones que indica: adivino y poeta. Si acudís
al María Moliner, éstas son las distinciones que señala: "adivino"
para su forma culta y "poeta" en su uso literario. Pero si se
remontan al Diccionario de Autoridades, "vate" se definía como
adivino o poeta, con el matiz añadido de que era "voz latina, usada
regularmente en la poesía".
Platón,
hace unos cuantos millares de años, definió al poeta como "un poseído".
Neruda, más reciente, se autodenominaba "medium". Y, entre uno y
otro, a lo largo de la historia, no han faltado nunca referencias al carácter
"iluminado" de quienes crean Poesía.
Pues
bien: aquí tienen a un todo un vate. Y esta noche intentaré demostrar lo más
brevemente posible en qué me baso para dicha afirmación y cuál es la revelación
que en su Vigilia del asesino nos
hace José Óscar López. Dénme unos segundos para prepararme, y comienzo
enseguida con esta presentación.
Esto
es un Tarot, basado en el de Marsella (de 1736), con sus 78 cartas. Pero sólo
voy a extraer los arcanos mayores, esos 22 símbolos representativos de estados
y situaciones. Empecemos, pues, con la interpretación y desvelemos algunos
misterios de este libro.
martes, 25 de febrero de 2014
miércoles, 22 de enero de 2014
Publicación de Vigilia del asesino de José Óscar López
José Óscar López (Murcia, 1973) es licenciado en Filología hispánica con másteres en literatura comparada y en escritura de guión para cine y televisión. Ejerce la docencia como profesor de lengua castellana y literatura.
Es autor de los
poemarios Los nuevos dioses (2001) y Agujeros (2002). Como narrador es autor de los libros de relatos Nosotros,
los telépatas (2013) y Los monos insomnes (2013). Vigilia
del asesino es su tercer poemario publicado. Ha colaborado como crítico
en revistas como El coloquio de los
perros o Deriva, y en antologías
colectivas como Los supremos. Superhéroes
y cómics en el relato hispánico contemporáneo (2013). Además, sus poemas
han aparecido en revistas como La bolsa
de pipas o Hache y en diversas
páginas webs.
jueves, 12 de diciembre de 2013
Acto de presentación de Errática textura
Rafael González, Jorge Sánchez y Eduardo Prieto
Existe una opinión generalizada en círculos indecorosamente frívolos y grandes amantes de la ignorancia, que trivializa la creación poética; que consideran la poesía un lujo innecesario; en el mejor de los casos, un bien innecesario.
Craso error. Solo imaginar esta
infecta y desafectada sociedad occidental sin poesía ni música, resulta terrorífico.
Y si a alguien no le asusta es, simplemente, porque no lo ha imaginado bien.
Pero tampoco os recomiendo que os pongáis en situación, porque el resultado, os
aseguro, sería sumamente desagradable.
Y esa corriente castradora nos
demuestra que “el cerebro de los necios transforma la filosofía en tontería, la
ciencia en superstición y el arte en pedantería”. Que diría G. Bernad Shaw.
Incluso dentro de nuestras
propias filas hay elementos desestabilizadores. En su poema “Todas las
palabras”, Charles Bukowski, nos dice: “...Las palabras de los demás escritores
me sirven de poco, de modo que ¿por qué habrían de ser las mías especiales?
(...) No me gusta lo que somos y nunca me gustó, ¿hay algo peor que una
criatura que sólo vive para escribir poesía?”. Hemos de entender ésto como
producto de una depresión etílica del autor. En cualquier caso, a él no le
separó este pensamiento de la poesía. A nosotros tampoco va a hacerlo. Pero,
ahí lo dejo, para que reflexionéis sobre ello.
Y, al hilo de la vía húmeda del
etileno, sabréis, y si no lo sabéis, ya os lo digo yo, que, además de una hernia
de hiato, -bueno, concretamente dos, la suya y la mía- además de ello, a Jorge
y a mi, nos une una inconfesable, -tan inconfesable que ya veis lo que he
tardado en confesarlo- admiración por los clásicos. Ésto no significa que nos
sirvamos de plumas de oca para escribir, ni que utilicemos ordenador a pedales.
En todo caso, que agarremos algún pedal antes de ponernos al ordenador:
consecuencias de la vida tabernaria.
Y esta familiaridad con los
clásicos, nos lleva a una visión diáfana del tiempo, donde el pasado remoto se
muestra más cercano que el futuro a corto plazo. Toda la historia es un
instante, del que nos nutrimos los que ejercemos el, tan ingrato como agradecido,
oficio de juntar palabras. “Porque siento que el tiempo es una piedra de chispa,
herida por el eslabón de mis deseos cumplidos.”, nos dice el autor en un pasaje
de esta errática textura.
También dice: “Doy gracias al
ocaso y a la lluvia por endulzar mi viaje y mis desgracias.” En este viaje por
la tinta y las palabras, acostumbrados, como estamos, a negociar con la
memoria; a negociar con el tiempo, en un acuerdo de confidencialidad, en el que
la memoria nos concede un pedazo de historia, de nuestra historia; y nosotros
nos comprometemos a ser discretos con lo superfluo, lo perfectamente olvidable.
El espacio vital de Jorge, está
habitado por “universos tan pequeños que no me asusta pensar con la piel
encendida”. Donde busca, infatigable, “la forma más humana de un encuentro”. Un
encuentro accidentado en el que “hablar juntos sería rebañar la memoria con la
lengua sombría que secuestra los siglos”.
En el pecho del autor “la
respiración es un coro de gaviotas, presidido por la cara interna de los
muslos”. “Mi lengua -dice- es la salida de emergencia de manojos de versos que
tratan de llegar al autobús sin puerta de salida.” Nos habla de la fragilidad
de nuestro lugar en el tiempo cuando nos recuerda que “somos de arcilla y de
viento, un pasaje escondido en un papiro rasgado”. Que, de tan dúctil material
estamos hechos, que “el poema estampa el molde de su pesada bota en nuestra
arena”.
Como esos carros de bebidas,
grandes, que parecen botelleros, y tienen dos enormes ruedas de tiro y dos
diminutas delanteras, que avanzan sobre el terreno con la seguridad de un coche
alemán; con la firmeza de una convicción irrefutable, con el aplomo de una
decisión inexorable.
Así, algunos versificadores afrontan
el deber de la palabra, concepto con el que se disfraza la necesidad de ella, y
de utilizarla como vehículo rodado de la emoción; pero no sin pasar,
previamente, por el laboratorio que, desconfiado, se oculta en el profundo lago
de la reflexión. Nos dice Jorge: “Rumiamos las ideas y palabras, tragamos la
saliva como asesinos que mienten y se muerden los labios”. Y con una mueca de
ironía -deberíamos añadir- de quien se sabe gladiador curtido en heridas sin
cicatrices, en un circo sembrado de leones con hambre atrasada, con hambre de
verso, cuando se enfrenta a esa hoja desierta que produce vértigo.
Aunque se piense lo contrario
muchas veces -pues es éste país de malpensantes- se suele escribir, no
siempre, sin más ambición que satisfacer la apremiante necesidad de hacerlo.
Sin embargo, no sería justo que la belleza del trabajo individual, quedase
oculta bajo la hojarasca de la multitud y los años. Por ello, no quiero despedir este
farragoso monólogo sin mostrar un deseo: que la benevolencia de las Horas y el
concurso de las Musas más complacientes, nos excluyan de la lista de “heraldos
de las sílabas que acaban en el cubo de los siglos”, verso este último, del
autor que nos ocupa.
miércoles, 20 de noviembre de 2013
domingo, 27 de octubre de 2013
Acto de presentación de El sonambulista
Rafael González, José Miguel Urbano y Jesús Urceloy
Celebración
de José Urbano
Quizás no hayamos nacido para la
angustia, quizá el acto de viajar sea una trampa con la que, ciertos en el
embozo, trascurramos la noche que hace trizas los blancos días. El poeta,
disfrazado con las ropas del sonambulista, recorre el globo sobre las ciertas
líneas de los meridianos, a merced de los vientos alisios, con la seguridad de
que, al abrir los ojos, sentiría en su cuerpo los golpes de los paralelos y el
latigazo siempre preciso de las noches vividas entre cigarrillos y amigos
escoceses. José Urbano sabe, por ejemplo, que para desear algo, lo que sea, un
tema de Part, el sonido de las mitocondrias, la calle de la Amnistía, basta con
alejarse del objeto y bailar desnudo con la sensualidad del bebedor de sueños.
Cuando menos te lo esperas
conoces al poeta. Llegó José un día oscuro, de esos que anuncian frío y
bufandas, en la compañía de una dama lírica y bienhechora. Hablaba de humo y borracheras, de viajes por
la altura de la verde Albión, hablaba de cabelleras, sexo, patios de armas.
Hablaba con el idioma imperfecto de la desesperación: una angustia que su
mirada convertiría, día tras día, en trazos, espinas, cuerpos y mucho swing.
¡Quien fuera a decir ese cuerpo de poeta, bailón y cadente, la línea de la
amabilidad y la entereza! Los que hemos sido testigos de ese silabeo, de ese
ligero movimiento consensuado en los pies, aún soñamos la posibilidad de que
este mundo tenga algún remedio.
La poesía y José Urbano son,
desde entonces, sinónimos. Ha conocido el abrazo de las palabras y sabe de
mujeres. Ha conocido los rasgos bien definidos de la soledad y sabe ponerle
rostro al vendedor de envidia. Ha conocido que ser libre implica retroceder
hasta el saludo, para saber encadenarse a otro. Aunque no haya nadie tras la
puerta, aunque hayan de ponerles trabas al conocimiento de nuestra juventud.
José Urbano viaja para conocer lo
que ha dejado atrás. Viaja para volver. Por las noches, en el duermevela de las
calles, viste su desnudez con la elegancia del anonimato y sin arneses ni
barras, palancas o paracaídas, ronda de casa en casa, de persona en persona, de
aliento en aliento, nuestra vigilia de eternos perdedores. Sonambulista.
Caminando en la cuerda imaginaria de un hilo de luz.
Jesús Urceloy
La abarrotada Sala Trovador pudo disfrutar los emocionados versos de José Miguel
sábado, 19 de octubre de 2013
miércoles, 9 de octubre de 2013
Publicación de El sonambulista de Jose Miguel Urbano Andrés

Jose Miguel Urbano
Andrés nace en Madrid en 1974. Realiza estudios de Derecho en dicha ciudad.
Adquiere la condición de funcionario, y entre 2004 y 2007 reside en varias
ciudades españolas cuyo nexo común es el mar; retorna a la capital, donde
reside. Ha participado en varios talleres literarios.
Ha publicado la
plaquette Presagios y se han incluido poemas suyos en las siguientes
antologías: Manos a la obra (2008-2010), Manos a la obra, dos (2010-2011)
y Libertad
tras las rejas. El
sonambulista es su primer poemario extenso. Colaboró con poemas en la
revista Depaso, y ha participado en
recitales y actos poéticos. Mantiene un blog en internet cuyo nombre es untejadoadosaguas.
viernes, 26 de julio de 2013
Publicación de Residencia en la esfinge de Manuel Arduino Pavón
Manuel Arduino Pavón (Montevideo,
1955) realiza estudios universitarios de Literatura en Uruguay, y
posteriormente de Teosofía. Ha sido bibliotecario, guionista, conferenciante, y
ha dictado cursos e intervenido en programas radiofónicos. En la actualidad reside
en Buenos Aires.
Entre sus poemarios están: Diario de un refugiado (2008), Conjuntos y conjuros (2010), Ave Celdario (2010), La curvatura del espacio (2012), Abreviario (2012), La Vía Dorada (2012), Ostracismo,
derrumbe y sed (2012) y Deseo y Quebranto
(2012). Es autor también de novelas como La
iniciación en el sendero del escarabajo (2009) o Monstruos (2010), o de numerosos libros de relatos (desde su
inicial 200 Palestinas para un músculo,
1975, hasta Casas tomadas, aves migrantes
de 2013). Así mismo, ha publicado diversos libros de aforismos, reflexiones y ensayos.
viernes, 5 de julio de 2013
Publicación de Puella mea de Edward Estlin Cummings
Edward Estlin Cummings nació en
Cambridge, Massachusetts, en 1894. Estudió en la Universidad de Harvard,
licenciándose en lenguas inglesa y clásica, y obteniendo el master en
1916. En 1917 se alista en un cuerpo de ambulancias
para ir a Europa. Fue acusado de
espionaje y detenido en un campo tres meses. Liberado, pasará luego seis meses
de reclutamiento en Massachusetts.
En 1919 reanuda su relación con
Elaine Orr, con quien no se casará hasta
1924. Vuelve a Paris en 1920 donde permanecerá dos años. En la década de
los veinte viaja además por varios países europeos, norte de África y Méjico, y
comienza a publicar libros. En 1931 viaja a la Unión Soviética, de donde vuelve
decepcionado. Al año siguiente une su vida a Marion Morehouse, que será su
compañera hasta su muerte, acaecida en Madison, New Hampshire, en 1962.
Escribió poemarios como Tulpis
and Chimneys , XLI Poems, And, Is 5, W, No thanks, 1/20, 1x1, Xaipe, 95 Poems,
73 Poems, etc. Libros en prosa como The Enormous Room y Eimi; obras de teatro:
Him, Tom, Anthropos y Santa Claus; o un libro recopilatorio de ensayos, I : six nonlectures.
lunes, 10 de junio de 2013
miércoles, 5 de junio de 2013
Presentación de Diario de improvisaciones
Rafael González, José Luis Nieto y Francisco Caro
En alguno de
aquellos jueves florentinos del siglo XIV, en aquellas horas primeras de la
tarde, cuenta Massimo Novello que Boccaccio de Certaldo les dijo que el
trabajo del poeta semeja al de un arqueólogo, ya que el libro de la vida fue
destruido por los dioses en multitud de pedazos, que fue Hermes el encargado de
repartir los fragmentos (aprovechando vendavales) por caminos y arroyos, por
bosques y marinas; que desde entonces los hombres intentan recopilar retazos,
palabras, con que reconstruirlo. Que algunos no cesan en esa labor, y se llaman
a sí mismos, o son llamados, poetas, y que a pesar que cada pieza significa
algo distinto para cada uno de ellos, en ocasiones parecen encontrar sentido a
lo que con afán recomponen y a eso le llaman verdad, o le llaman belleza, o le
llaman poemas. Tal es la maravilla, tal la imposible e inalcanzable tarea que
los dioses dejaron, nos dejaron, y que ha encandilado y encandila a gentes de
cualquier latitud.
También sucede que en estas tardes madrileñas de principios del siglo XXI, hay gentes que siguen la tarea, bien bajo el olivo sacro, bien a través de los cristales que doman las oficinas. Y como esa búsqueda no está exenta de dificultades, o de extravíos, deciden anotar en papeles electrónicos los miedos, los obstáculos, las contradicciones de tal búsqueda. Y optan por hacerlo público, por contarlo a los demás. O sea, fijar las cuartillas con chinchetas a la pantalla universal que es un blog. Tal es el caso de José Luis Nieto Aranda, poeta a tiempo real, compañero de búsquedas, quiero decir rastreador de sorpresas y emociones, reconstructor. José Luis mantiene, como bien sabéis, abierto a nuestros ojos un mural con el título de Diario de improvisaciones. Dietario íntimo, casi diario. ¿Dietario? ¿diario? No es el caso detenernos en las escolásticas diferencias entre ambos términos. Y que, por si a alguien le interesa, se refieren a la influencia que las provocaciones exteriores tienen en su génesis, al origen de los textos y a su voluntad de publicidad. Llámese como se llame. Dietario o Diario, digamos pronto que José Luis, cuando lo escribe, escribe de él, de su persona, escribe porque le es necesario, y escribe de poesía.
Escribir poesía significa cruzar los bosques, no temer a las fieras, que dijo el de Yepes, sentir, imaginar rincones en esquinas, nubes tras cada nube… caminar desde lo concreto a lo abstracto cada mañana, y cada tarde regresar por la inducción hacia la exactitud que nos duele. Andar pausadamente el filo y la humildad de lo no hallado. Así ha logrado José Luis reconstruir poemas, atendiendo a los síntomas que muestra la realidad, su realidad. No para curar, no para informar, no para lograr comprender lo que le pasa sino para hablar con aquello que le ocurre y jamás le abandona. En esta labor se sabe frágil, en sabida deriva, un pequeño objeto de cristal entre urbanas multitudes. Tal vez por eso decidió un 22 de mayo de 2009 refundarse en ese alter ego que llama Boris Lubernieff.
José Luis ha querido fijar en el texto que abre el libro el retrato de Boris Lubernieff, su retrato, un retrato expresionista a la manera de Kirchner o Kokoschka, paisaje de trazos fuertes, distorsionados, certeros, de forzados colores y con la luz desierta. Luego en los siguientes textos del libro que nos ocupa, que hoy presentamos, nos ofrece el escenario sentimental que guarda, ilumina y protege su intención. Dicen que además del lenguaje, son el paisaje y el hombre quienes hacen al poeta. Y su curiosidad intelectual. Quienes esto afirman pueden tomar a Diario de improvisaciones como paradigma para la defensa de tal afirmación. Con su lectura he recordado los versos de otro José Luis, de José Luis Hidalgo “Soy el poeta. Me pregunto: / ¿qué es lo que anoche sentí arder”. Porque creo que es lo mismo que debe haberse preguntado el hombre llamado José Luis Nieto antes de cada entrega. Textos que no pueden haber sido escrito sin esa tensión existencial, sin esos desasosiegos que aspiran -tras haberse visto fuego, turbia caniza- a su reconstrucción para poder ser reconocidos. Una hora, un viaje, un lugar, una acción, ellos, la soledad, una fotografía, la certeza segura de la noche, la presentida ruptura, inexplicada,... el rostro niño de una hija, un temblor en la mano de la madre. Cualquier sensación, cualquier destello, abre cualquiera o todas las posibilidades a su voz. Voz de vientre que no es sino advertencia.
Advierte A. Céspedes que no se debe salir de la poesía indemne, estoy con él, pero leyendo este Diario de improvisaciones puedo decir que no es posible entrar en ella sin saber del daño. ¿Qué impoluto, qué estéril, puede crear auténtica poesía? Tal vez ni siquiera sea posible transitarla sin haber sido sacudido antes por todo aquello que la vida tiene de hija de la gran puta, por todo lo que tiene de señuelo, de canción de sirena, de mazo y látigo, de río de misterios que nos incita a contar mientras escépticamente se vadea.
José Luis Nieto intuye: Boris, su heterónimo, sabe todo esto. Desde tiempo. Y por eso espera en todo cuanto tiene el día de himno o de afán agresor, de excitación salvaje o vituperio, de bandera rizada o de abandono. Y advierte que cada instante de vida hallado está teñido de futura inquietud, de la posibilidad de que tal situación carezca de firmeza y que lo construido sobre ello sea la profecía de otro derrumbe. Y es entonces cuando cuenta. Cuenta con un discurso riguroso, duro, casi siempre teñido por el color indestructible de la tristeza. Una tristeza en estado puro. Ni melancólica ni desesperanzada. En el exacto grado de destilación. Una tristeza que es siempre refugio invulnerable. Coraza y método. Verdad. Una forma decidida de conciencia que busca compresión. Y desde ella alza su poema, ahora, en esta ocasión, libre de la esclavitud del renglón segmentado, libre de una atadura que en ocasiones procura cierta tirantez al decir. Aquí todo fluye sin amo. La tinta es dueña de su cauce y rodea a la elipsis, su figura preferida, con la misma naturalidad y el mismo albedrío con que el agua recorre ahora mi llanura manchega.
Apenas acude a la descripción de lo externo, salvo lo imprescindible para que podamos identificar cada fragmento del libro de los dioses que le ocupa. Luego, cada reconstrucción es un tanteo. Una oferta al Boris que mira por la ventana. Y lee y exige. O lee y tutea. Cada texto es un oferta y un desafío al que lee con él -es peligroso leerse a sí mismo-, al que sube a diario en su moto, al que ama y es norte, al que duda, al joven que se recuerda feliz y entero, al que bebe y provoca, al provocado, al que invierte efecto y causa, causa con efecto, y sabe que es indiferente en ocasiones. Y porque toda definición es un intento de establecer límites, de excluir, de parcelar, en los monólogos público-privados de este Diario de improvisaciones definirse es asunto que descansa en la suma de las emociones. Léanlo al azar, léanlo de forma continuada, como deseen, pero, lectores activos, como son los lectores de poesía, pronto aceptarán que el paisaje está trazado, que tiene más de poliedro irregular que de esfera, y que cada poema es una digresión independiente, aunque sean parte de un mismo haz. Y el haz no es sino el lento recorrido por un intenso territorio interior. Un deambular que busca puerto, solaz, descanso en la posada.
José Luis, y el lector avisado, saben de lo incierto que resultan los rumbos en parajes desolados, saben de la fragilidad de los hitos y de la ambigüedad de las señales. Porque la vida, como la poesía, no son realidades manejables. Vivir, escribir son dos verbos impuestos a cuchillo. Significan rastrear, reconstruir. Rastrearnos, reconstruirnos. Lo último que vivo es escribir, dicen que dijo Boris a José Luis para finalizar Rastros perdidos, su anterior libro. Aquí y ahora, 4 de abril, en este nuevo libro, José Luis mantiene la misma oferta, la que nos ha hecho durante años en su ventana virtual. La que nos hace ahora: depurada, seleccionada, concentrada en papel, en libro fulminante. Lo último que vivo es escribir.
Digamos, para finalizar, que el poeta ha publicado con anterioridad dos poemarios Un tiempo de adiós y Rastros perdidos y tiene otro pendiente y próximo: Cuadros sin colgar, del cual viene dando ligeras pistas. Pero ahora, Celesta, la joven editorial que dirige y mantiene Rafael González Serrano, ha hecho apuesta por este Diario de improvisaciones, del que advierte, en nota de editor, que no debe ser tildado de esa cosa ¿meliflua? que ha convenido en llamarse prosa poética. Habrán visto ustedes que no lo he hecho. Y no hay en ello pasiva obediencia. La verdadera razón es que he leído lo que el editor entiende por poesía, y créanme que algo sabe de esto, lean si no los estudios sobre poetas foráneos que vierte en De turbio en claro, su blog. Si miran la contracubierta encontrarán que para el editor es poesía todo aquello expresado con nervio, hondura, agudeza y un lenguaje iluminado y fronterizo. Oyéndonos, ¿estaría contento esta tarde de abril Boccaccio de Certaldo mi maestro, al que nombré al comenzar? Un Boccaccio que, eso sí, me advertiría de la necesidad, como hago, de darles a ambos las gracias por haberme permitido la alegría de estar, de contar. Vale.
También sucede que en estas tardes madrileñas de principios del siglo XXI, hay gentes que siguen la tarea, bien bajo el olivo sacro, bien a través de los cristales que doman las oficinas. Y como esa búsqueda no está exenta de dificultades, o de extravíos, deciden anotar en papeles electrónicos los miedos, los obstáculos, las contradicciones de tal búsqueda. Y optan por hacerlo público, por contarlo a los demás. O sea, fijar las cuartillas con chinchetas a la pantalla universal que es un blog. Tal es el caso de José Luis Nieto Aranda, poeta a tiempo real, compañero de búsquedas, quiero decir rastreador de sorpresas y emociones, reconstructor. José Luis mantiene, como bien sabéis, abierto a nuestros ojos un mural con el título de Diario de improvisaciones. Dietario íntimo, casi diario. ¿Dietario? ¿diario? No es el caso detenernos en las escolásticas diferencias entre ambos términos. Y que, por si a alguien le interesa, se refieren a la influencia que las provocaciones exteriores tienen en su génesis, al origen de los textos y a su voluntad de publicidad. Llámese como se llame. Dietario o Diario, digamos pronto que José Luis, cuando lo escribe, escribe de él, de su persona, escribe porque le es necesario, y escribe de poesía.
Escribir poesía significa cruzar los bosques, no temer a las fieras, que dijo el de Yepes, sentir, imaginar rincones en esquinas, nubes tras cada nube… caminar desde lo concreto a lo abstracto cada mañana, y cada tarde regresar por la inducción hacia la exactitud que nos duele. Andar pausadamente el filo y la humildad de lo no hallado. Así ha logrado José Luis reconstruir poemas, atendiendo a los síntomas que muestra la realidad, su realidad. No para curar, no para informar, no para lograr comprender lo que le pasa sino para hablar con aquello que le ocurre y jamás le abandona. En esta labor se sabe frágil, en sabida deriva, un pequeño objeto de cristal entre urbanas multitudes. Tal vez por eso decidió un 22 de mayo de 2009 refundarse en ese alter ego que llama Boris Lubernieff.
José Luis ha querido fijar en el texto que abre el libro el retrato de Boris Lubernieff, su retrato, un retrato expresionista a la manera de Kirchner o Kokoschka, paisaje de trazos fuertes, distorsionados, certeros, de forzados colores y con la luz desierta. Luego en los siguientes textos del libro que nos ocupa, que hoy presentamos, nos ofrece el escenario sentimental que guarda, ilumina y protege su intención. Dicen que además del lenguaje, son el paisaje y el hombre quienes hacen al poeta. Y su curiosidad intelectual. Quienes esto afirman pueden tomar a Diario de improvisaciones como paradigma para la defensa de tal afirmación. Con su lectura he recordado los versos de otro José Luis, de José Luis Hidalgo “Soy el poeta. Me pregunto: / ¿qué es lo que anoche sentí arder”. Porque creo que es lo mismo que debe haberse preguntado el hombre llamado José Luis Nieto antes de cada entrega. Textos que no pueden haber sido escrito sin esa tensión existencial, sin esos desasosiegos que aspiran -tras haberse visto fuego, turbia caniza- a su reconstrucción para poder ser reconocidos. Una hora, un viaje, un lugar, una acción, ellos, la soledad, una fotografía, la certeza segura de la noche, la presentida ruptura, inexplicada,... el rostro niño de una hija, un temblor en la mano de la madre. Cualquier sensación, cualquier destello, abre cualquiera o todas las posibilidades a su voz. Voz de vientre que no es sino advertencia.
Advierte A. Céspedes que no se debe salir de la poesía indemne, estoy con él, pero leyendo este Diario de improvisaciones puedo decir que no es posible entrar en ella sin saber del daño. ¿Qué impoluto, qué estéril, puede crear auténtica poesía? Tal vez ni siquiera sea posible transitarla sin haber sido sacudido antes por todo aquello que la vida tiene de hija de la gran puta, por todo lo que tiene de señuelo, de canción de sirena, de mazo y látigo, de río de misterios que nos incita a contar mientras escépticamente se vadea.
José Luis Nieto intuye: Boris, su heterónimo, sabe todo esto. Desde tiempo. Y por eso espera en todo cuanto tiene el día de himno o de afán agresor, de excitación salvaje o vituperio, de bandera rizada o de abandono. Y advierte que cada instante de vida hallado está teñido de futura inquietud, de la posibilidad de que tal situación carezca de firmeza y que lo construido sobre ello sea la profecía de otro derrumbe. Y es entonces cuando cuenta. Cuenta con un discurso riguroso, duro, casi siempre teñido por el color indestructible de la tristeza. Una tristeza en estado puro. Ni melancólica ni desesperanzada. En el exacto grado de destilación. Una tristeza que es siempre refugio invulnerable. Coraza y método. Verdad. Una forma decidida de conciencia que busca compresión. Y desde ella alza su poema, ahora, en esta ocasión, libre de la esclavitud del renglón segmentado, libre de una atadura que en ocasiones procura cierta tirantez al decir. Aquí todo fluye sin amo. La tinta es dueña de su cauce y rodea a la elipsis, su figura preferida, con la misma naturalidad y el mismo albedrío con que el agua recorre ahora mi llanura manchega.
Apenas acude a la descripción de lo externo, salvo lo imprescindible para que podamos identificar cada fragmento del libro de los dioses que le ocupa. Luego, cada reconstrucción es un tanteo. Una oferta al Boris que mira por la ventana. Y lee y exige. O lee y tutea. Cada texto es un oferta y un desafío al que lee con él -es peligroso leerse a sí mismo-, al que sube a diario en su moto, al que ama y es norte, al que duda, al joven que se recuerda feliz y entero, al que bebe y provoca, al provocado, al que invierte efecto y causa, causa con efecto, y sabe que es indiferente en ocasiones. Y porque toda definición es un intento de establecer límites, de excluir, de parcelar, en los monólogos público-privados de este Diario de improvisaciones definirse es asunto que descansa en la suma de las emociones. Léanlo al azar, léanlo de forma continuada, como deseen, pero, lectores activos, como son los lectores de poesía, pronto aceptarán que el paisaje está trazado, que tiene más de poliedro irregular que de esfera, y que cada poema es una digresión independiente, aunque sean parte de un mismo haz. Y el haz no es sino el lento recorrido por un intenso territorio interior. Un deambular que busca puerto, solaz, descanso en la posada.
José Luis, y el lector avisado, saben de lo incierto que resultan los rumbos en parajes desolados, saben de la fragilidad de los hitos y de la ambigüedad de las señales. Porque la vida, como la poesía, no son realidades manejables. Vivir, escribir son dos verbos impuestos a cuchillo. Significan rastrear, reconstruir. Rastrearnos, reconstruirnos. Lo último que vivo es escribir, dicen que dijo Boris a José Luis para finalizar Rastros perdidos, su anterior libro. Aquí y ahora, 4 de abril, en este nuevo libro, José Luis mantiene la misma oferta, la que nos ha hecho durante años en su ventana virtual. La que nos hace ahora: depurada, seleccionada, concentrada en papel, en libro fulminante. Lo último que vivo es escribir.
Digamos, para finalizar, que el poeta ha publicado con anterioridad dos poemarios Un tiempo de adiós y Rastros perdidos y tiene otro pendiente y próximo: Cuadros sin colgar, del cual viene dando ligeras pistas. Pero ahora, Celesta, la joven editorial que dirige y mantiene Rafael González Serrano, ha hecho apuesta por este Diario de improvisaciones, del que advierte, en nota de editor, que no debe ser tildado de esa cosa ¿meliflua? que ha convenido en llamarse prosa poética. Habrán visto ustedes que no lo he hecho. Y no hay en ello pasiva obediencia. La verdadera razón es que he leído lo que el editor entiende por poesía, y créanme que algo sabe de esto, lean si no los estudios sobre poetas foráneos que vierte en De turbio en claro, su blog. Si miran la contracubierta encontrarán que para el editor es poesía todo aquello expresado con nervio, hondura, agudeza y un lenguaje iluminado y fronterizo. Oyéndonos, ¿estaría contento esta tarde de abril Boccaccio de Certaldo mi maestro, al que nombré al comenzar? Un Boccaccio que, eso sí, me advertiría de la necesidad, como hago, de darles a ambos las gracias por haberme permitido la alegría de estar, de contar. Vale.
sábado, 6 de abril de 2013
Publicación de Siempre la feria
Rafael González Serrano nació en Madrid, donde estudió en
las universidades Politécnica y Complutense. Dedicado profesionalmente a la
enseñanza, es en la actualidad catedrático de Sistemas Electrónicos.
Ha publicado los siguientes libros de poemas: Presencias
figuradas, Manual de fingimientos, Insistir en la noche y Mapa
del laberinto. Es Siempre la feria su primera novela
editada. Mantiene en internet un blog sobre literatura, cuyo nombre es De
turbio en claro.
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