Presentamos reunidas en esta entrada las últimas publicaciones de la temporada que finaliza. Agradecemos una vez más a nuestros autores y lectores la confianza depositada en Celesta. A partir de septiembre volveremos con nuevas publicaciones: deseamos que de nuevo despierten vuestro interés.
sábado, 25 de julio de 2015
miércoles, 15 de julio de 2015
Concluyendo: Lectura de John Donne
Jorge Sánchez recitando a Donne
Del Prólogo
El autor más destacado de la
corriente metafísica, considerado el mejor poeta inglés del siglo XVII, era
capaz de expresar magistralmente las contradicciones de la vida, conjugando la
pasión y la razón, el ingenio y la seriedad, la lujuria y el amor divino, el
tratamiento de asuntos triviales y sublimes.
El poeta que escribió entre el final de la época
isabelina y el período jacobino, el filósofo que duda y reflexiona sobre las
paradojas de la existencia o la esencia del espíritu, el amante, a veces
morboso y libertino, otras fiel o sufridor, el dandy al que todas las miradas se dirigen, el clérigo que sirve a
Dios, que escribe sermones, epigramas (expresión de un solo pensamiento festivo
o satírico utilizando el ingenio),
epístolas (cartas) y epitalamios (cantos de boda) son en realidad la
misma persona.
lunes, 22 de junio de 2015
Acto de presentación de Farolas
Rafael González, Arturo Rodríguez-Segade y Johao Lozano.
Un secreto a voces clama en la ciudad. Las aceras se hayan infestadas de azarosas farolas. Tienen vida propia.
Ya se han
cansado de ocultar su destino. La farola es la cárcel de la luz. Una función
social, su modo de redimir una condena, quién sabe si justa o no. No hay
resquicio que pueda salvarse.
La noche ha
perdido su poder insaciable. Dónde descansa el silencio convertido en la más
pura oscuridad. Las farolas (las luces) lo inundan todo.
Los versos
cobijan aleatorias farolas que prenden luz, recuerdo y sentido, a tantas y
tantas farolas que suplican una segunda oportunidad. La farola significa
devolverle el favor al mundo que dañaron. Pagar el peaje de su castigo primero.
Ya no hay tregua.
A lo largo
del poemario, las farolas asoman suplicando clemencia. Iluminando los versos,
tal vez afortunados, tal vez caóticos, perdidos a vuelapluma en un papel que no
tiene otro sino que aceptar que ésas y no otras, son sus líneas. Tendrá que
defenderse a capa y espada, reivindicar su farola, echarla de menos en caso de
que no aparezca citada. Imaginarla y afirmar ciegamente: mi verso también tiene
su farola.
Me gustaría
poder afirmar que existe un orden coherente, un impulso medido en segmentos y
títulos diferenciados. "farolas" es un poema grande o cuarenta pequeños.
Me gustaría poder decir que todas las farolas aquí presentes, iluminan un claro
y contundente verso, unas palabras necesarias, un hecho que no pudo ser de otra
manera. No me gustaría tener que reconocer que las farolas no son más que una
escusa irremediable.
sábado, 30 de mayo de 2015
domingo, 24 de mayo de 2015
Publicación de Farolas de Arturo Rodríguez-Segade
Arturo Rodríguez-Segade nace en
Madrid en 1991. Tras estudiar el grado en Derecho en la Universidad Autónoma de
Madrid, obtiene el master de acceso a la profesión de abogado en el Ilustre
Colegio de Abogados de Madrid. Ha realizado estudios de inglés en Cardiff y el voluntariado
docente en una asociación de la cual es, en la actualidad, presidente. El
poemario que ve la luz ahora, Farolas, es el primero publicado por
su autor, el cual lleva a cabo también una labor de creación literaria en un
blog cuyo nombre es http://www.cierroparentesis.com.
domingo, 3 de mayo de 2015
Publicación de Aire y ángeles de John Donne
John Donne (1572-1631) nació en Londres,
en el seno de una familia católica. Tras estudiar leyes, fue elegido
secretario de Sir Thomas Egerton, con cuya hija se casó en secreto. Cuando fue
descubierto pasó un tiempo en prisión, y posteriormente trató de ganarse la
vida como abogado. Sus logros literarios de esta época incluyen Poemas Divinos (1607) y Biothanatos (1608), un trabajo sobre el
derecho a elegir la propia muerte. En
1615 se ordenó sacerdote anglicano y seis años después fue nombrado deán de la
catedral de San Pablo. Entre sus obras en prosa se encuentran Devociones para ocasiones emergentes (1624) y, ya póstumos,
Cincuenta sermones (1649) y Paradojas,
problemas, ensayos y personajes (1652). Sus poemas fueron publicados
después de su muerte en una edición preparada por su hijo en 1633. Proponen una
ruptura de los tópicos amorosos gracias al uso del ingenio y de imágenes y
metáforas extendidas tomadas del arte, la filosofía y la religión, que suponen un
reto para el lector.
miércoles, 1 de abril de 2015
Presentación oficial de Los labios quemados
José Manuel Vivas y Miguel Ángel Navarro
Cuantas veces nos hemos preguntado ¿Qué es la poesía? Es
una pregunta eterna, con miles de respuestas, y una de ellas es la que he
ideado hoy para esta presentación. Para
ello me voy a apoyar en otra pregunta
¿Qué es la palabra? Y lo vamos a hacer mediante un ejemplo. Una de las
palabras nombrada de forma más coincidente en las diversas lenguas indoeuropeas: griego, latín,
lenguas germánicas y románicas, es la palabra rosa, ross, rosae, y a pesar de
coincidir millones y millones de personas a lo largo de la historia en cómo nombrar el fenómeno de esta flor, la palabra no tiene nada que
ver con la realidad a la que representa, ni tiene forma de rosa, ni huele como
una rosa, ni tiene su color, ni su diseño genético, ni su función, porque las
palabras son representaciones simbólicas, abstractas.
Y aquí viene lo bueno, nuestra especie es sorprendente, única, es capaz de convertir palabras en imágenes y relacionarlas, y es más, lo hacemos continuamente. Jugamos continuamente con las palabras, aparte de homo sapiens somos homo ludens (hombre que juega), aprendemos y desplegamos nuestro ser con el lenguaje. Y aquí está la magia, las palabras tienen vida, nos superan como realidad, al denominar algo estamos dominándolo, las palabras tienen poder, porque significan un abanico enorme de connotaciones en función de miles de variables: estado de ánimo, sensaciones, vivencias, edad, sexo, presión atmosférica, estrés, compañía, y nuestra capacidad de relacionar no tiene límites.
Nuestra definición de poesía, una de tantas, no la única, es una lucha de poder y convivencia con las palabras. Somos nosotros los que las colocamos en situaciones de extrañeza para exprimir otras connotaciones junto a palabras inusuales. Las flexionamos, contorsionamos hasta conseguir magia. Pero se resisten, son perezosas, se aferran a su significado cotidiano y directo, y en esa lucha podemos triunfar o perder. El placer de crear escribiendo está en someter a las palabras para que creen emoción, esa emoción que nos satisface y nos enriquece como ser humano, como raza, como especie que evoluciona y se desarrolla. Ahora mismo seguro que se están creando palabras en el mundo, en español, en inglés, en portugués o en chino, y seguro que se crean cientos de palabras nuevas todos los días. Es tremendo, nuestra especie es especialista en crear símbolos mediante comparaciones, metáforas y abstracciones, que cualquier otra persona puede descifrar y transformar en imagenes, que terminan en sensaciones y forman parte de nuestra memoria y de nuestra vida.
Por todo esto, el poeta no es sólo poeta cuando escribe, sino cuando lo leen, y ven imágenes y tienen sensaciones muy distintas a las del escritor. Las palabras crean sensaciones distintas y parecidas en cada mente, las palabras son magia, es magia sin trucos, es la magia del ser humano.
Y aquí viene lo bueno, nuestra especie es sorprendente, única, es capaz de convertir palabras en imágenes y relacionarlas, y es más, lo hacemos continuamente. Jugamos continuamente con las palabras, aparte de homo sapiens somos homo ludens (hombre que juega), aprendemos y desplegamos nuestro ser con el lenguaje. Y aquí está la magia, las palabras tienen vida, nos superan como realidad, al denominar algo estamos dominándolo, las palabras tienen poder, porque significan un abanico enorme de connotaciones en función de miles de variables: estado de ánimo, sensaciones, vivencias, edad, sexo, presión atmosférica, estrés, compañía, y nuestra capacidad de relacionar no tiene límites.
Nuestra definición de poesía, una de tantas, no la única, es una lucha de poder y convivencia con las palabras. Somos nosotros los que las colocamos en situaciones de extrañeza para exprimir otras connotaciones junto a palabras inusuales. Las flexionamos, contorsionamos hasta conseguir magia. Pero se resisten, son perezosas, se aferran a su significado cotidiano y directo, y en esa lucha podemos triunfar o perder. El placer de crear escribiendo está en someter a las palabras para que creen emoción, esa emoción que nos satisface y nos enriquece como ser humano, como raza, como especie que evoluciona y se desarrolla. Ahora mismo seguro que se están creando palabras en el mundo, en español, en inglés, en portugués o en chino, y seguro que se crean cientos de palabras nuevas todos los días. Es tremendo, nuestra especie es especialista en crear símbolos mediante comparaciones, metáforas y abstracciones, que cualquier otra persona puede descifrar y transformar en imagenes, que terminan en sensaciones y forman parte de nuestra memoria y de nuestra vida.
Por todo esto, el poeta no es sólo poeta cuando escribe, sino cuando lo leen, y ven imágenes y tienen sensaciones muy distintas a las del escritor. Las palabras crean sensaciones distintas y parecidas en cada mente, las palabras son magia, es magia sin trucos, es la magia del ser humano.
En el caso que nos trae aquí,
José Manuel se ha atrevido a hacer pública
su creación, sobre todo en los últimos dos años, y ha tenido éxito, premios,
apuestas de editoriales por sus creaciones, presentaciones en Madrid y próximamente
en la feria del libro de Badajoz. José Manuel mantiene una coherencia en su obra, un
ritmo, un vocabulario y una actitud filosófica frente a la vida, nos plantea
una y otra vez con su poesía el otro lado de las cosas, con unos libros de una
estructura trabajada, con un sentido de unidad. Su temática bucea a menudo buscando
aquello que llene nuestros vacíos
cotidianos.
Los labios quemados me sorprendieron porque sabía que me encontraría con una temática completamente distinta en su trayectoria, el erotismo explicito, pero lo que no sabía es que su lectura me iba a llevar a las mismas reflexiones poéticas de sus otros libros, a esa búsqueda de aquello a lo que agarrarse para no sentir vértigo. Hay tiempos mezclados, hay recuerdos que consiguen ser más intensos que la realidad en su presente, y el final abraza a este poemario dándole sentido poético y coherencia.
Desde aquí le doy la enhorabuena a mi amigo y escritor José Manuel por esta obra, y os dejo en sus manos. Espero haberos puesto con mi presentación en la situación que se merece su obra.
Miguel Ángel Navarro
Los labios quemados me sorprendieron porque sabía que me encontraría con una temática completamente distinta en su trayectoria, el erotismo explicito, pero lo que no sabía es que su lectura me iba a llevar a las mismas reflexiones poéticas de sus otros libros, a esa búsqueda de aquello a lo que agarrarse para no sentir vértigo. Hay tiempos mezclados, hay recuerdos que consiguen ser más intensos que la realidad en su presente, y el final abraza a este poemario dándole sentido poético y coherencia.
Desde aquí le doy la enhorabuena a mi amigo y escritor José Manuel por esta obra, y os dejo en sus manos. Espero haberos puesto con mi presentación en la situación que se merece su obra.
Miguel Ángel Navarro
lunes, 16 de marzo de 2015
Publicación de El libro del fuego de Santiago Aguaded Landero
Santiago
Aguaded Landero nació en Lepe (Huelva) en 1962. Estudió Biología en la Universidad de
Sevilla. Realizó el doctorado en Biología Molecular en la Universidad Politécnica
de Madrid. Ha vivido en Madrid, Sevilla y Badajoz. En la actualidad es profesor de la Universidad de Huelva,
impartiendo clases de Didáctica de las Ciencias Experimentales.
Aparte
de haber obtenido diversos galardones, tiene una amplia obra poética publicada
que consta de los siguientes títulos:
Diario apócrifo de un
alquimista (2005), El perfume de Magdalena (2005), Teoría del
Dolor (2006), Sortilegio de silencio (2009), El libro de los mendigos (2007), El libro de las defixiones (2008), El libro de los perfumes (2008), La Agencia del Miedo (2009), Salario
(2009), Voz Vencida (2009), Disolución
(2012), Alquimia del Agua (2012), Voces verdes de la Tartéside (2012),
Colapso
(2013), y Alquimia de la Tierra (2013).Ve ahora la luz
su último poemario, El Libro del fuego.
lunes, 2 de marzo de 2015
Acto de presentación de Los labios quemados
Rafael González, Carmen Crespo y José Manuel Vivas
Hablar
de Los labios quemados no es solo
hablar de lo carnal o lo sexual, sino de algo más. Uno, cuando se adentra en el
libro, se da cuenta de que en su lectura
va encontrando madejas que lo llevan o arrastran hacia otros lugares, hacia el
lugar.
En
una primera lectura de Los labios
quemados me encontré frente a un libro pleno de carnalidad, de sexualidad,
pero conforme me adentraba en él iban apareciendo pequeñas trazas, pequeñas
pistas que me decían al oído algo así
como esta cosa, Carmen, va de algo más. Al afrontar una segunda lectura, descubrí que
frente a lo carnal se imponía lo
amoroso, pero no solo lo amoroso, sino lo
espiritual. ¿Cómo lo logra Jose Manuel Vivas?
Pues con una serie de juegos, de confrontación. Hay una especie de dicotomía a lo largo de
estos labios quemados entre la carne y ese algo que podríamos llamar lo impalpable. De hecho es muy significativo que el libro,
con un título tan absolutamente lleno de
carnalidad, abra con un poema titulado El
amor, un poema que juega con esa dicotomía,
un poema en el que Jose Manuel Vivas nos lanza puentes para ir de un
lado a otro, de la carne a ese algo impalpable o de lo impalpable a la carne. Dice Jose Manuel Vivas en este poema:
El
amor se dibuja/se trueca,/se moldea impaciente/cuando pasan las estaciones, los
años…
donde
nos coloca del lado del amor, pero inmediatamente dice:
…no
alcanza los corazones/pero sí los vientres entregados,/las carnes
decenarias/las pieles circulares…
y
aquí nos lleva directamente a la carne.
Y así a lo largo de todo el poema, pero no solo del poema sino también
del libro, repitiendo este esquema como si de un fractal se tratase.
Otra
doblez muy importante también en el libro es la presencia del otro frente a la del yo poético. Ese otro que no solo deja su impronta en la
piel o en el vientre, sino también en lo que no podemos tocar, en lo
invisible: huella del amante que ya no
está:
Cuando
no había nada/aún quedabas tú/quedaba ese olor punzantes/en mi piel/que no se
evapora/ni disminuye/con tu ausencia.
(olor
punzante que no es más que ese algo impalpable del que hablábamos antes) frente
a ese yo que queda al otro lado
cuando se sucede la ausencia:
No
necesito tu piedad/ni tu complacencia/ni siquiera la compasión/con el amante
desposeído.
Y
volvemos a cruzar puentes de nuevo, a
pasar de la carne a esa cosa que no se
sabe qué.
Leer
a Jose Manuel Vivas y estos labios
quemados es descubrir a un poeta que se recrea en el verso limpio, pulido, sin sobresaltos. Es deslizarse por una poesía fugaz, ligera y
a la vez desconcertante que nos muestra no solo la carne del poema sino también
su pulso.
Carmen Crespo
Carmen Crespo y José Manuel Vivas en un momento de la lectura
jueves, 12 de febrero de 2015
martes, 3 de febrero de 2015
Acto de presentación de Ars fragminis
José Luis Zerón y José María Piñeiro
José
María Piñeiro fue miembro fundador de la revista Empireuma y ha publicado las plaquetes
El légamo de las estrellas e Hilas de papiro, así como los libros
Margen Harmónico y Profano demiurgo. Además es colaborador en numerosas
revistas y periódicos y autor del blog empireuma.blogspot.com. Ars fragminis
es su tercer libro y se compone de notas, aforismos y fragmentos
extraídos del diario del autor. José María también es fotógrafo y pintor, pero
siente una especial predilección por la poesía, y a la escritura y lectura de
poesía le dedica una gran parte de su tiempo; por ello quien lo conoce se hará
estas dos preguntas: ¿por qué, teniendo la oportunidad de volver publicar un
libro no se ha decantado por un poemario? ¿Se ha sumado José María a la moda de
la escritura breve que impera en Internet y empieza a colonizar el mercado
editorial? Como amigo suyo que soy de toda la vida os diré que José María
Piñeiro no es un oportunista, y puedo atestiguar que durante su adolescencia ya
practicaba la escritura mínima, fragmentaria, llámese aforismo, sentencia,
axioma o apotegma. Desde sus tempranos inicios en la literatura escribía un
diario que ha continuado con más o menos regularidad, de modo que José María es
un veterano de la literatura breve y sé que acariciaba desde hace tiempo la
idea de publicar un libro de escrituras fragmentarias.
Este que hoy presentamos consta de tres secciones: la primera y la tercera contienen aforismos o notas breves, la segunda una selección de entradas del diario del autor. La primera sección se titula Líneas I y se trata de un conjunto delicioso de fulguraciones gnómicas que no tienen un tema común; no son máximas morales o sentencias que desembocan en el axioma, el refrán o el proverbio, ni son sesudos aforismos con cierta diatriba social, ni una concatenación atropellada de impresiones ingeniosas pero vacías, no, los textos quintaesenciados que componen este libro obedecen tanto a una comprensión del mundo, a su necesidad de captarlo aquí y ahora, como a una intención estética y al mismo tiempo reflexiva. Estos aforismos nos hablan de la intimidad del autor pero también de ese flujo incesante de acontecimientos llamado realidad, captado como una cascada de sensaciones e impresiones.
Somos el universo cuando fluimos, cuando cantamos; estamos en el universo al delimitar un territorio, al enfrentarnos a otros habitantes”. Dice un aforismo.
Este que hoy presentamos consta de tres secciones: la primera y la tercera contienen aforismos o notas breves, la segunda una selección de entradas del diario del autor. La primera sección se titula Líneas I y se trata de un conjunto delicioso de fulguraciones gnómicas que no tienen un tema común; no son máximas morales o sentencias que desembocan en el axioma, el refrán o el proverbio, ni son sesudos aforismos con cierta diatriba social, ni una concatenación atropellada de impresiones ingeniosas pero vacías, no, los textos quintaesenciados que componen este libro obedecen tanto a una comprensión del mundo, a su necesidad de captarlo aquí y ahora, como a una intención estética y al mismo tiempo reflexiva. Estos aforismos nos hablan de la intimidad del autor pero también de ese flujo incesante de acontecimientos llamado realidad, captado como una cascada de sensaciones e impresiones.
Somos el universo cuando fluimos, cuando cantamos; estamos en el universo al delimitar un territorio, al enfrentarnos a otros habitantes”. Dice un aforismo.
Y
este otro:
procesaré durante años la información que me ha brindado ese instante.
José María demuestra una amplitud de miras, un más allá en su visión del mundo y de la cultura que trasciende el tópico, expresándose en un tejido de experiencias múltiples y simultáneas:
Materialismo, idealismo, solipsismo, positivismo, espiritualismo… al fin y al cabo toda teoría supone una imagen de las cosas y es válida para entender al hombre y al mundo. La preeminencia de una tendencia sobre la otra es eventual en el concurso de la creatividad del pensar.
Muchos de sus aforismos están dedicados a la poesía y a los poetas, como no podía ser de otra manera en alguien que se considera esencialmente poeta. He aquí varios ejemplos:
Solo la poesía y la belleza son posibles.
Lo que más fastidiaba a Baudelaire era escribir poemas.
Hay algo oscuro en un poema recitado en una plaza, bajo la luz del sol, en pleno día.
También hay en ellos una tendencia al culturalismo:
Hay genios que hablan su propio idioma: Góngora, Lezama Lima, Joan Miró.
Siempre entendí el título del libro de Octavio Paz Pasado en claro, como posado en claro.
En estos fragmentos asoma la incorregible vocación de flâneur de nuestro amigo José María, callejeador y hermeneuta, como se califica a sí mismo.
El mayor lujo: pasear.
Casualidades estocásticas por la calle, el portazo de un coche, un martillazo lejano y un par de ruidos en un andamio reproducen varias notas de un pasaje de la obra musical Arcana de Varése.
"Amad a los poetas locos", pintada leída en Torrevieja, a principios de los noventa.
El autor también habla de sí mismo:
Soy un visitador de discursos.
Me interesan ciertos éxtasis de los otros.
Y hay lugar para el ingenio cercano a la greguería, la paradoja, el retruécano y el juego de palabras:
El estrépito de la carcajada como cuando cae la vajilla al suelo.
Por mucho que se arrugue, el agua no se rompe.
Un relámpago lentísimo.
Y por último, y para no extenderme, destacaré la reflexión del autor sobre la escritura fragmentaria:
El fragmento es un lujo de lo unitario.
El aforismo no sentencia, detecta un nódulo de realidad.
Escribir aforismos es otro modo de jugar con los espacios en blanco.
Las notas y aforismos de José María basculan de la solemnidad al humor, de la aseveración a la ironía, de la actitud epistémica al escarceo intuitivo, del ascetismo tajante a la voluptuosidad imaginativa, de la opinión intelectual al pensamiento espiritual, siendo fiel el autor a los requisitos que hay que pedirle a un buen aforista: brevedad, agudeza , fuerza de lenguaje, lucidez, tendencia ilustrada que no excluya la intuición, intensidad, lenguaje claro y sintaxis estable, posesión instantánea y simultánea de la realidad.
La segunda sección lleva por título La arena del reloj y consta de fragmentos del diario personal del autor. Estos textos son más extensos y, por tanto pierden contundencia, pero no abandonan la concisión, la síntesis y la agudeza. Incluso en esta sección también leemos algunos aforismos. Por ejemplo Un apunte que es en sí mismo una verdadera poética:
Ser poeta es habitar un ritmo.
procesaré durante años la información que me ha brindado ese instante.
José María demuestra una amplitud de miras, un más allá en su visión del mundo y de la cultura que trasciende el tópico, expresándose en un tejido de experiencias múltiples y simultáneas:
Materialismo, idealismo, solipsismo, positivismo, espiritualismo… al fin y al cabo toda teoría supone una imagen de las cosas y es válida para entender al hombre y al mundo. La preeminencia de una tendencia sobre la otra es eventual en el concurso de la creatividad del pensar.
Muchos de sus aforismos están dedicados a la poesía y a los poetas, como no podía ser de otra manera en alguien que se considera esencialmente poeta. He aquí varios ejemplos:
Solo la poesía y la belleza son posibles.
Lo que más fastidiaba a Baudelaire era escribir poemas.
Hay algo oscuro en un poema recitado en una plaza, bajo la luz del sol, en pleno día.
También hay en ellos una tendencia al culturalismo:
Hay genios que hablan su propio idioma: Góngora, Lezama Lima, Joan Miró.
Siempre entendí el título del libro de Octavio Paz Pasado en claro, como posado en claro.
En estos fragmentos asoma la incorregible vocación de flâneur de nuestro amigo José María, callejeador y hermeneuta, como se califica a sí mismo.
El mayor lujo: pasear.
Casualidades estocásticas por la calle, el portazo de un coche, un martillazo lejano y un par de ruidos en un andamio reproducen varias notas de un pasaje de la obra musical Arcana de Varése.
"Amad a los poetas locos", pintada leída en Torrevieja, a principios de los noventa.
El autor también habla de sí mismo:
Soy un visitador de discursos.
Me interesan ciertos éxtasis de los otros.
Y hay lugar para el ingenio cercano a la greguería, la paradoja, el retruécano y el juego de palabras:
El estrépito de la carcajada como cuando cae la vajilla al suelo.
Por mucho que se arrugue, el agua no se rompe.
Un relámpago lentísimo.
Y por último, y para no extenderme, destacaré la reflexión del autor sobre la escritura fragmentaria:
El fragmento es un lujo de lo unitario.
El aforismo no sentencia, detecta un nódulo de realidad.
Escribir aforismos es otro modo de jugar con los espacios en blanco.
Las notas y aforismos de José María basculan de la solemnidad al humor, de la aseveración a la ironía, de la actitud epistémica al escarceo intuitivo, del ascetismo tajante a la voluptuosidad imaginativa, de la opinión intelectual al pensamiento espiritual, siendo fiel el autor a los requisitos que hay que pedirle a un buen aforista: brevedad, agudeza , fuerza de lenguaje, lucidez, tendencia ilustrada que no excluya la intuición, intensidad, lenguaje claro y sintaxis estable, posesión instantánea y simultánea de la realidad.
La segunda sección lleva por título La arena del reloj y consta de fragmentos del diario personal del autor. Estos textos son más extensos y, por tanto pierden contundencia, pero no abandonan la concisión, la síntesis y la agudeza. Incluso en esta sección también leemos algunos aforismos. Por ejemplo Un apunte que es en sí mismo una verdadera poética:
Ser poeta es habitar un ritmo.
Esta
sección combina la escritura reflexiva con la experiencia y la memoria personal
aboliendo ciertas fronteras narrativas. José María es capaz de reflexionar con
asombrosa lucidez y riqueza de matices, a pesar de la brevedad de los textos,
sobre complejos asuntos filosóficos o sucesos leídos en la prensa, y al mismo
tiempo registra sensaciones nimias, percepciones pasajeras, anota sueños, da
cuenta de sus lecturas o de sus audiciones musicales, de sus paseos, del
proceso de su escritura. El autor exhibe una admirable capacidad analítica al
mismo tiempo que una libre asociación de ideas a la hora de desarrollar los
temas, con un manejo del lenguaje como materia dúctil.
José María lo abarca todo, nada escapa a su curiosidad y asombro, desde la astrofísica y sus misterios y paradojas, la filosofía, las artes y la literatura, hasta la parapsicología, pasando por los conflictos de la realidad actual; pero además, también habla de su experiencia vital, más contemplativa que activa, de sus introspecciones, de sus hallazgos, “esos tesoros del día escondidos por la luz del día”, como escribe en una de sus entradas. El autor no escamotea la crítica y la ejerce de manera tan sutil como contundente, verbigracia esta entrada de una sola frase:
Hoy la poesía solo está bien escrita.
José María lo abarca todo, nada escapa a su curiosidad y asombro, desde la astrofísica y sus misterios y paradojas, la filosofía, las artes y la literatura, hasta la parapsicología, pasando por los conflictos de la realidad actual; pero además, también habla de su experiencia vital, más contemplativa que activa, de sus introspecciones, de sus hallazgos, “esos tesoros del día escondidos por la luz del día”, como escribe en una de sus entradas. El autor no escamotea la crítica y la ejerce de manera tan sutil como contundente, verbigracia esta entrada de una sola frase:
Hoy la poesía solo está bien escrita.
Asimismo
abre un camino amplio de posibilidades especulativas y narrativas que evita la
autobiografía y sus detalles irrelevantes, así como el envaramiento
intelectual, algo tan común en la mayoría de diaristas. El suyo, a pesar de su
riqueza analítica, es un diario vivo, candente, pleno de intuiciones y
hallazgos, sin imposturas, que apuesta por el valor salvífico de la escritura:
José María dice en una de las entradas:
Un diario exclusivamente intelectual parece escamotearnos algo. ¿Dónde está el cuerpo, las emociones liberadas, el grito? Todo ha sido sustituido por la convulsión conceptual, por la ebriedad meditativa. La palabra es una frondosidad -ideológica sensorial-.”
O esta otra:
Incluso para escribir el poema más desolado, más aniquilante o presuntamente verdadero, hay que tener un dominio sobre lo experimentado, se tiene que haber trascendido en parte, al menos, lo vivido para que precisamente se dé meticulosa memoria de ello. Lo cual demuestra el aspecto productivo de nuestros malestares: podemos morir varias veces y dar cuenta de nuestras finitudes, es decir, es posible la resurrección (dentro de la vida).
Por otra parte me parece destacable el uso activo e inteligente de la memoria para seleccionar la anécdota pasada y establecer correspondencias espacio- temporales. José María nos dice que:
La memoria no es desván sino meandro soterrado. La memoria es activa y selectiva.
La capacidad de José María Piñeiro para establecer analogías y su impresionante memoria, crean una aventura poética que se nutre de los enigmas cotidianos y de los relumbrones maravillosos del pasado. No en vano el autor escribe en una de las entradas del diario:
“El mundo supone una serie de retos y misterios: en la naturaleza, en el devenir social. Nuestra posición: o recuperamos entusiasmos y nos implicamos en la revolución de cualquiera de estas cuestiones, ya sea por competencia, por interés, por proximidad, o nos convertimos en tibios disidentes de la emocionante complejidad que se nos lanza.”
Y José maría, desde luego, apuesta por implicarse, por salir al exterior con una mirada asombrada -no ingenua-, con una capacidad para hacerse preguntas originarias que no han obtenido respuestas definitivas, y de esta manera captar el mundo y dotarlo de sentido.
La última parte titulada Líneas II vuelve sobre las notas aforísticas; una versión pura y simple de una multitud de experiencias y reflexiones aliadas con el lenguaje, lejos de la comodidad y la pereza, conformando, pues, una estructura circular.
Por último quisiera aclarar un hecho que estamos olvidando. La escritura breve, inmediata, aquella que requiere un coraje especial porque al autor se la juega en unas pocas palabras, ofrece al escritor pocos refugios y mucha intemperie. No es un género literario exclusivo de nuestra época a pesar de Facebook, los blogs, wassasp, twiter, y otras formas de comunicación que proliferan en las redes sociales. Ha existido siempre, aunque se ignore o se desprecie en los manuales de literatura, y no es cuestión de ahondar en las razones de esta desmemoria. Ciñéndonos a la tradición occidental, citaré algunos nombres: tenemos en la antigüedad los fragmentos de Heráclito, los aforismos científicos de Hipócrates, o las piruetas verbales de Diógenes el cínico. En la Roma antigua sobresalen como aforistas Marco Aurelio y Séneca; en la Edad Media y en España hay magos de la inmediatez como Ramón Llull; en el siglo XVI el francés Montaigne; en el XVII Gracián, Pascal, La Rochefoucauld y Spinoza. En el XVIII Chanfort y Lichtenberg, Blake y el marqués de Vauvenargues; en el XIX Schopenhauer, Nietzsche, y Jules Renard; en el pasado siglo, Juan Ramón Jiménez, José Bergamín, Cioran, Canetti, Wittgestain, Walter Benjamin y María Zambrano; y ya en nuestros días, Carlos Marzal, Jordi Doce y Manuel Neila.
Con este libro híbrido y fragmentario, José María Piñeiro se inscribe dentro de esa fecunda tradición de escritores de la miniatura, de hacedores de “pequeños milagros cotidianos, fósforos frotados inopinadamente en la oscuridad”, como diría Roland Barthes.
Un diario exclusivamente intelectual parece escamotearnos algo. ¿Dónde está el cuerpo, las emociones liberadas, el grito? Todo ha sido sustituido por la convulsión conceptual, por la ebriedad meditativa. La palabra es una frondosidad -ideológica sensorial-.”
O esta otra:
Incluso para escribir el poema más desolado, más aniquilante o presuntamente verdadero, hay que tener un dominio sobre lo experimentado, se tiene que haber trascendido en parte, al menos, lo vivido para que precisamente se dé meticulosa memoria de ello. Lo cual demuestra el aspecto productivo de nuestros malestares: podemos morir varias veces y dar cuenta de nuestras finitudes, es decir, es posible la resurrección (dentro de la vida).
Por otra parte me parece destacable el uso activo e inteligente de la memoria para seleccionar la anécdota pasada y establecer correspondencias espacio- temporales. José María nos dice que:
La memoria no es desván sino meandro soterrado. La memoria es activa y selectiva.
La capacidad de José María Piñeiro para establecer analogías y su impresionante memoria, crean una aventura poética que se nutre de los enigmas cotidianos y de los relumbrones maravillosos del pasado. No en vano el autor escribe en una de las entradas del diario:
“El mundo supone una serie de retos y misterios: en la naturaleza, en el devenir social. Nuestra posición: o recuperamos entusiasmos y nos implicamos en la revolución de cualquiera de estas cuestiones, ya sea por competencia, por interés, por proximidad, o nos convertimos en tibios disidentes de la emocionante complejidad que se nos lanza.”
Y José maría, desde luego, apuesta por implicarse, por salir al exterior con una mirada asombrada -no ingenua-, con una capacidad para hacerse preguntas originarias que no han obtenido respuestas definitivas, y de esta manera captar el mundo y dotarlo de sentido.
La última parte titulada Líneas II vuelve sobre las notas aforísticas; una versión pura y simple de una multitud de experiencias y reflexiones aliadas con el lenguaje, lejos de la comodidad y la pereza, conformando, pues, una estructura circular.
Por último quisiera aclarar un hecho que estamos olvidando. La escritura breve, inmediata, aquella que requiere un coraje especial porque al autor se la juega en unas pocas palabras, ofrece al escritor pocos refugios y mucha intemperie. No es un género literario exclusivo de nuestra época a pesar de Facebook, los blogs, wassasp, twiter, y otras formas de comunicación que proliferan en las redes sociales. Ha existido siempre, aunque se ignore o se desprecie en los manuales de literatura, y no es cuestión de ahondar en las razones de esta desmemoria. Ciñéndonos a la tradición occidental, citaré algunos nombres: tenemos en la antigüedad los fragmentos de Heráclito, los aforismos científicos de Hipócrates, o las piruetas verbales de Diógenes el cínico. En la Roma antigua sobresalen como aforistas Marco Aurelio y Séneca; en la Edad Media y en España hay magos de la inmediatez como Ramón Llull; en el siglo XVI el francés Montaigne; en el XVII Gracián, Pascal, La Rochefoucauld y Spinoza. En el XVIII Chanfort y Lichtenberg, Blake y el marqués de Vauvenargues; en el XIX Schopenhauer, Nietzsche, y Jules Renard; en el pasado siglo, Juan Ramón Jiménez, José Bergamín, Cioran, Canetti, Wittgestain, Walter Benjamin y María Zambrano; y ya en nuestros días, Carlos Marzal, Jordi Doce y Manuel Neila.
Con este libro híbrido y fragmentario, José María Piñeiro se inscribe dentro de esa fecunda tradición de escritores de la miniatura, de hacedores de “pequeños milagros cotidianos, fósforos frotados inopinadamente en la oscuridad”, como diría Roland Barthes.
José Luis Zerón
lunes, 26 de enero de 2015
Publicación de Los labios quemados de José Manuel Vivas
José Manuel
Vivas nació en Badajoz (1958), ciudad en la que reside. Trabaja en
comunicación, diseño gráfico y creación de páginas web. Es vocal de literatura
en el Ateneo de Badajoz y forma parte de la tertulia literaria Página 72. Ha participado
en diversas publicaciones conjuntas, en foros, blogs y encuentros literarios.
Es autor de los siguientes libros de poesía: Los bordes del abismo
(1999), Olvídate de Ítaca (2006), Algo que nos salve de todo rubor (2006),
Breve
catálogo de insectos y otros seres menudos (2008), Crónicas del vértigo (2009),
Cuerpo
en ruinas (2013) y De puertas adentro (2014). Los
labios quemados es su último poemario publicado. Ha participado en
diversos certámenes, obteniendo varios premios y accésit por sus libros.
lunes, 12 de enero de 2015
Publicación de Ars fragminis de José María Piñeiro
José María Piñeiro Gutiérrez, nació en Orihuela (Alicante) en 1963. Ha realizado cursos de Filosofía e Historia del Arte a través de la UNED. Colabora desde hace años en prensa, revistas e instituciones. Fue uno de los miembros fundadores de la revista literaria Empireuma (1985-2007).
Ha publicado plaquettes de poesía El
légamo de las estrellas (1998) y de aforismos Hilas de papiro (2000), y los libros
de poesía Margen harmónico (2010) y Profano demiurgo (2013). Ha sido
incluido en antologías como Ciclos de prosa y poesía temáticas
Alicante/Murcia (2005). Sale
a la luz ahora su nuevo libro de aforismos Ars fragminis. Ensayos, artículos y
poemas suyos han aparecido en prensa local y en revistas digitales e impresas: Salamandra, Adamar, La Lucerna, Portada, Ágora, Luna de papel, Baquiana, Poezia, etc. Tiene el blog empireuma.blogspot.com.
jueves, 25 de diciembre de 2014
Acto de presentación de El día en el que nadie estuvo allí
Chus Arellano, Chema Nievas y Rafael González
Prólogo: De lo casi invisible
Tras
el cristal el mundo, escribe José
María Nievas, y es tras ese cristal o ese velo desde donde vislumbramos lo que ya no nos pertenece, lo que ya
no está aquí.
Pero hay maneras
de conciliarnos con ese cristal, de avanzar separando las finas láminas que
conforman el velo hasta llegar al hogar, a ese espacio que nos mantiene a salvo de la cordura: una especie de
tránsito, de desorden habitable que se nos revela como un hueco donde lo deseado
se ancla firmemente a la tierra. A una
tierra que, por otra parte, no nos
dejará solos cuando caigamos. La tierra no
me dejará solo /cuando caiga // barrerán
mis huesos de polvo / los días
venideros //
Tras
el cristal el mundo, los cuencos vacíos, la raíz
de los verbos, el incendio, la
lengua inmóvil, el miedo. La materia lágrima. El dolor se empequeñece bajo la hendidura o bajo los surcos de lo que ya no sabemos nombrar.
Quizá
es que nunca se fue / quizá es que el universo / no es más que un rincón / en su
cabeza //
Porque es
necesario el escollo para saber de la grieta,
de la palabra malherida, de las voces tullidas. Quizás éstas nunca vuelvan al corazón
alumbrado. Todas las palabras que vadean
el momento / terminan ahogadas // son
los restos del naufragio //
Pero no sólo lo
que ya no está o lo que ya no nos pertenece o lo que ya no sabemos nombrar aparece tras ese
cristal, también la luz, el bálsamo. Ráfagas que, como en las tormentas de William
Turner, nos muestran toda la belleza de lo que aún reside en la ceniza. De lo casi invisible.
Me dijeron tantas cosas // pero cuando destapé la herida / ya se habían ido //
Me dijeron tantas cosas // pero cuando destapé la herida / ya se habían ido //
Decía Roberto Bolaño
que la buena escritura es saber meter la cabeza en lo oscuro, saltar al vacío. José
María Nievas no sólo mete la cabeza sino que, además, se atreve
a abrir los ojos y mostrarnos, a través de ellos, las rugosidades, el azufre, los alambres, los epitafios –esa
nuestra otra mitad sangrante–
Ojos
en los ojos, quiero ver lo que dices //
Carmen Crespo
Chema Nievas en un momento del recital
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