viernes, 31 de mayo de 2019

Reseña de Los libros que me habitan


Javier Puig, la humildad del conocimiento en Los libros que me habitan.
Por Manuel García Pérez
Ni Javier Marías. Ni Muñoz Molina. Ni Pozuelo Yvancos. Hay un crítico literario que traspasa y se llama Javier Puig, colaborador de MUNDIARIO.  
04 de mayo de 2019

No es amistad, sino la ebriedad. La lectura del libro de ensayos, Los libros que me habitan, del escritor y poeta Javier Puig –colaborador de MUNDIARIO– nos introduce en la interpretación de un amante de la cultura que destaca, en cuanto a calidad, por encima de muchas firmas de suplementos nacionales.
Nuestro colaborador Javier Puig lleva publicando artículos y ensayos sobre su percepción crítica de lecturas, música y películas en muchos blogs y revistas; siempre desde una trabajosa y exquisita prosa, que se echa de menos en periódicos de tirada nacional, donde las reseñas se han convertido en mera promoción más que en un análisis riguroso de la obra.
Publicada en Celesta, Los libros que me habitan es el tránsito de Javier Puig por muchos de sus ensayos publicados a lo largo de estos últimos años, donde la eficacia de su análisis pormenorizado de la obra está vinculada a un manierismo que convierte el ensayo en una obra literaria; una tradición decimonónica y noventayochista que consolidó a autores como Unamuno, Ortega o Marañón, sin obviar los trabajos de Dámaso Alonso sobre los clásicos renacentistas y del Barroco, que siguen siendo un referente de crítica estilística y sensibilidad poética.
Y es precisamente la sensibilidad de lo poético, de lo desconocido, lo que pervive en las líneas de estos ensayos de Puig dirigidos a obras que, de alguna manera, no solo han trazado una educación literaria, sino también  una biografía sentimental hacia la lectura como objeto y fin en sí mismo que cautiva, que nos descubre a un hombre que encuentra en el placer de escuchar y de leer una forma de adentrarse en el conocimiento profundo y abisal de estructuras lingüísticas, párrafos, motivos temáticos, relaciones de autores en el tiempo; una ardua tarea que prácticamente ya no existe en la prensa de nuestro país, por varias razones.
A Javier Puig no le puede ni la presión de editoriales, ni le persigue el tiempo. Su devoción es la devoción del orfebre, de aquel que ha encontrado en el ejercicio de la escritura sobre libros, una clase de ascetismo; en ese ascetismo subiste una creación propia, donde la nostalgia, la inmediatez de lo vivido o las desdichas del pasado comulgan con la obra que se analiza, como si Javier Puig, el poeta, se dejase vislumbrar en esa exégesis, en esos comentarios y subjetividades, como si se destilase la sensibilidad poética de un hombre que ha encontrado en el ensayo la determinación de mostrarse al mundo, de referir su modo de representarlo, de confesarlo, de darnos la posibilidad de usurpar una parte de su intimidad creativa. Y, a veces, esa intimidad creativa es toda la intimidad de un hombre.
Sus aportaciones a las lecturas de Yourcenar, Zweig o Aldecoa declaran que, tras el hecho estético, subsiste el valor literario de un sujeto que analiza los textos desde la racionalidad, sin replegarse al modismo de la subjetividad por la subjetividad, sin caer en ese estúpido vacío de la libre interpretación.
La creatividad de Puig radica en que, sin dejar de analizar el valor central de la obra, su contextualización o su intención original, arbitra otras interpretaciones que prueban su propia capacidad poética, la introspección de la que no puede abdicar, pues Javier es consciente de que, detrás de esos significados concretos, hay algo inefable, místico, en el libro que se trata.
Y es ahí cuando uno descubre que quizá el ensayo de Javier sea el pre-texto y el pretexto para ahondar en la poesía que guarda, para contemplar misteriosamente los entornos, su complejidad, su deriva, a través de autores y obras que sabían que el conocimiento residía no solo en la paradoja, sino también en una certeza, como escribe en su magnífico ensayo sobre Broch y La muerte de Virgilio:  (que) "La palabra nos sirve para decirnos las cosas que sabemos pero nos resultan inalcanzables conscientemente. Pero a la inversa, con las palabras, somos capaces de generar pensamientos inusitados, que no sabíamos que éramos propensos a poseer" (pág. 43)
Lo mejor de esta recopilación de ensayos es esa apuesta firme por una literatura que trasciende, que cambia los mundos, que reivindica las fortunas y desgracias de las sociedades, una literatura que le ha hecho vivir a Javier de una manera intensa su propia vida; entendiendo esa intensidad como una forma de escribir desde la serenidad y la meditación de la que muchos autores y críticos han renegado por intereses particulares. @mundiario


https://www.mundiario.com/articulo/cultura/javier-puig-humildad-conocimiento-libros-habitan/20190504120430152904.html

miércoles, 29 de mayo de 2019

Presentación de Las raíces del velo

José María Piñeiro y José Manuel Ramón

Muchísimas gracias por asistir a la presentación de este nuevo libro de José María Piñeiro: autor inquiero y polifacético, amigo querido, admirado y seguido desde que empezara a publicar poemas, aforismos y escritos varios en la revista Empireuma, así como en sus libros venidos con posterioridad.
Agradecer a Vicente Pina y al personal de la librería el que se facilite la celebración de este acto y que nos acojan con generosidad en Códex, una vez más, nuestra librería de referencia en Orihuela: ¡qué gran labor venís desarrollando!
También agradecer públicamente a José María el que me brindara la oportunidad de acompañarle en esta presentación, con la que me estreno en este tipo de lides. Podría titularse Dos tímidos muy tímidos, si de una comedia del absurdo se tratase. Pero no, no es el caso... La nuestra sería, más bien, una road movie o película de carretera, de amistad salvando los años.

Quisiera comenzar diciendo que nos encontramos ante el libro de poesía más confesional de José María Piñeiro. Las raíces del velo, metáfora de impecable factura, nos remite a la Vida con mayúscula, a su condición dual de volátil mas anclada en tierra con las firmes raíces de la experiencia. Vida en vuelo controlado cual cometa en manos, todavía infantes, del ser. Nada más hermoso y doloroso, al tiempo, que experimentar nuestra libertad bragados con los cordajes de la propia conciencia. Un libro llegado seis años después de Profano demiurgo, que hasta ahora fuera su último libro de poesía. Entre medias publicó uno de aforismos, Ars fragminis (2015) y otro de artículos y ensayos titulado Pasajes escritos (2017). Llega ahora Las raíces del velo, un libro valiente y entrañable dedicado a su madre que soñaba con jardines y bodas... Dedicatoria que nos conmueve a todos los que la conocimos y tratamos, una mujer tan vitalista, alegre y generosa. Este acto se lo dedicamos también a ella.
PREGUNTA: José María, ¿qué hay detrás de esa dedicatoria?:
Bueno, he cuidado de mi madre durante cinco años, día y noche. Por la madrugada me llamaba y me contaba sus sueños. En el último medio año, soñaba que se encontraba en un jardín, ella sola. Aquello era más inquietante que soñar meramente con bodas o con otras personas conocidas y familiares. La significación simbólica de “jardín” es la de “morada de las almas”. Es decir, que se acercaba la hora: la reclamaban desde el otro lado. Tras su fallecimiento, me acordé del diario que Barthes llevó tras la muerte de su madre. Algunas anotaciones no sólo las podría haber escrito yo, sino que las he vivido con literal amargura. Por ejemplo, Barthes escribe: “Hay mañanas tan tristes”. Así han sido las mañanas de estas Navidades pasadas.   
Biografemas, Confieso que aún no he vivido y El flâneur enardecido son las tres partes o secciones de este libro que os presentamos. Como afirmó en una entrevista realizada por Ada Soriano y ahora también aclarado en la contraportada del libro, podrían haber sido tres libros diferentes. Porque son tres partes íntimamente relacionadas entre sí y vehiculadas en pos de una búsqueda del Amor absoluto que el autor ha emprendido, y que todos íntimamente ansiamos o deberíamos ansiar, según infiero. Amor absoluto representado por la verdad y la belleza, también por la carnalidad y su crudo relato del deseo, en definitiva, por el ser humano que desbroza su esencia con esa carga de profundidad que es el arte, dirigido a estimularnos hacia otros niveles de conciencia diferentes al nuestro.

lunes, 20 de mayo de 2019

Publicación de Letras a débito de José Luis Nieto Aranda

José Luis Nieto Aranda (Madrid, 1962) inició estudios de Filología y Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid. Ha realizado cursos de Dirección de Empresas y de Comercio exterior y un máster de Marketing. Actualmente trabaja como asesor comercial de Inversión y Seguros.
Escritor por necesidad desde temprana edad, hasta 2008 no publica su primer libro: Un tiempo de adiós. En 2011 saldría Rastros perdidos, en 2013 Diario de improvisaciones y en 2015 Cuadros sin colgar; también ha aparecido antologado en Locus amoenus (2014).  Es, pues, este Letras a débito su quinto poemario editado.

viernes, 19 de abril de 2019

Publicación de Las raíces del velo de José María Piñeiro

José María Piñeiro Gutiérrez, nació en Orihuela (Alicante) en 1963. Ha realizado cursos de Filosofía e Historia del Arte a través de la UNED. Colabora desde hace años en prensa, revistas e instituciones. Fue uno de los miembros fundadores de la revista literaria Empireuma (1985-2007).
Ha publicado plaquettes de poesía El légamo de las estrellas (1998) y de aforismos  Hilas de papiro (2000), y los libros de poesía Margen harmónico (2010) y Profano demiurgo (2013). En 2015 salió a la luz otro libro de aforismos, Ars fragminis y en 2017 uno de ensayos y artículos, Pasajes escritos. Publicamos ahora su nuevo poemario, Las raíces del velo (2019). Mantiene en internet el blog empireuma.blogspot.com

viernes, 8 de febrero de 2019

Presentación de Los libros que me habitan

José Luis Zerón y Javier Puig

UNA BIOGRAFÍA LECTORA

Javier y yo nos conocimos hace aproximadamente veinticinco años. Desde el primer encuentro surgió entre nosotros una relación especial de amistad y literatura. Desde entonces hasta hoy hemos intercambiando confidencias y reflexiones, compartido espacio en antologías, revistas y blogs y seguimos participando en numerosos empeños culturales; así que puedo decir con conocimiento de causa que me extraña mucho que Javier haya tardado tanto en publicar ese primer libro que sus amigos esperábamos desde hace tiempo, por ello este acontecimiento gozoso que celebramos aquí, en nuestra querida librería Códex, es también un acto de justicia. Enhorabuena, Javier. Ya tocaba.
            Javier Puig se ha decidido por una recopilación de cuarenta artículos referidos a la literatura, agrupados bajo un título hermoso y muy adecuado: Los libros que me habitan, en edición de la madrileña editorial Celesta que dirige Rafael González Serrano; editorial asentada que no teme apostar por escritores de calidad que publican por primera vez. Javier es un escritor polifacético y cultivado que escribe y vive con la honestidad como brújula. Su opera prima podría haber sido un libro de cuentos, una recopilación de entradas del diario que escribe desde hace años, un poemario o una recopilación de reseñas de cine (Javier es un cinéfilo impenitente), pero ha optado por una selección de textos sobre los libros “que le han motivado a escribir”, como el mismo autor subraya en el prólogo. Algo así como un canon literario inevitablemente incompleto, ya que se ha quedado fuera mucho material por falta de espacio. Estos artículos han ido apareciendo durante los últimos seis años en publicaciones digitales como La Galla Ciencia, Mundiario o Frutos del tiempo y, según confiesa el mismo autor, son lecturas “que me han producido un sentir cercano a la devoción”.
            Cuando terminé de leer Los libros que me habitan me vino a la mente la frase de François Mauriac que Federico García Lorca utilizara como título para una de sus conferencias: Dime lo que lees y te diré quién eres. También recordé el neologismo “biografema” inventado por el semiólogo Roland Barthes, quien sostenía que se puede rastrear la biografía de un autor a través de sus propios libros, pues este siempre deja en su escritura una serie de destellos biográficos que conforman algo así como “una historia pulverizada”. Digo esto porque Javier traza un autorretrato involuntario en este libro, no solo a través de los autores y libros escogidos, también por los pequeños retazos autobiográficos insertados en los textos a modo de cuña evocadora (hay recuerdos e incluso confesiones), así como por las breves opiniones y partículas críticas que contienen indicios de la visión estética del autor y de su concepción de la vida. Es por eso que no podemos leer estos textos como meras reseñas literarias, pues no lo son. La reseña literaria surgió con el auge del periodismo cultural y de alguna manera siempre ha estado vinculada a la industria del libro. Javier se desvincula por completo de la ortodoxia exigida a una reseña, pues omite en la mayoría de los textos, datos que le parecen accesorios, irrelevantes o poco sustanciales para lo que él quiere transmitir, como son el nombre de la editorial y del traductor (si el libro no está escrito en español), la fecha de edición, etc. Tampoco se pueden considerar ensayos pues no son muy extensos y carecen de referencias bibliográficas y del idiolecto especializado propio de este género literario. Me atrevo a afirmar que estos comentarios (así los llama el propio autor) pertenecen a un género mestizo, ya que surgen del acoplamiento del artículo o reseña literarias, la entrada de diario (muchos de los textos tienen su germen e incluso su desarrollo en las páginas del diario del autor) y el ensayo breve.

viernes, 21 de diciembre de 2018

Publicación de Los libros que me habitan de Javier Puig


Javier Puig (Barcelona, 1958) reside desde 1988 en Orihuela. Dedicado profesionalmente a tareas administrativas, ha destinado a sus pasiones –la literatura y el cine– buena parte de su tiempo, habiendo escrito más de trescientos artículos que se han ido recogiendo en diversos medios.
Sus trabajos se han publicado en revistas como La Lucerna, así como en distintos sitios digitales: el periódico Mundiario y en páginas web (La Galla Ciencia o Frutos del Tiempo). Además, ha publicado poemas y cuentos en la revista Empireuma y participado en diversos libros colectivos. Se reúne en Los libros que me habitan (2018) una selección de sus artículos sobre literatura.

martes, 20 de noviembre de 2018

Publicación de Contingencias de María Toca


María Toca (Santander, 1956), ocupada profesionalmente en el sector de la nutrición y la dietética, tras formarse en diversos talleres literarios, se ha dedicado a su pasión por la literatura escribiendo tanto prosa como poesía.
Es coordinadora y redactora de la revista La Pajarera Magazine, ha sido finalista y ganadora de varios premios literarios, y publicado las novelas El viaje a los cien universos (2015), Son celosos los dioses (2016, premio de novela Ateneo Cultural de Onda), e incluida en libros de relatos corales como Vidas que cuentan (2015). Contingencias (2018) es su primer poemario publicado.

jueves, 9 de agosto de 2018

Publicaciones 2017/2018

Presentamos reunidas en esta entrada las últimas publicaciones de la temporada que finaliza. Agradecemos una vez más a nuestros autores y lectores la confianza depositada en Celesta. A partir de septiembre volveremos con nuevas publicaciones: deseamos que de nuevo despierten vuestro interés.

miércoles, 4 de julio de 2018

Entrevista a María Engracia Sigüenza

Frutos del Tiempo (4 de julio de 2018)

Entrevista a María Engracia Sigüenza por Ada Soriano

María Engracia Sigüenza: Cuando regresan las musas traen con ellas la alegría, pero también el desasosiego



Una vez que lanzas al mundo un poema y alguien lo interpreta, te das cuenta de que siempre ha estado vivo, presto a transformarse.
Llega a mis manos El fuego del mar, (Editorial Celesta, Madrid, 2018) de María Engracia Sigüenza Pacheco, prologado por José Luis Zerón Huguet, con quien la autora mantiene una entrañable amistad. A pesar de que es su primer poemario publicado, me consta que María Engracia escribe desde hace años y puedo afirmar, tras haber leído este libro con verdadero interés, que una cosa es segura: sus poemas no aburren porque hay en ellos pasión, sensualidad, devoción y empeño. Y es que El fuego del mar es un poemario apasionado, repleto de imágenes y metáforas muy logradas.
María Engracia Sigüenza nació en Orihuela en 1963. Es licenciada en Filosofía y Ciencias de la Educación, en la especialidad de Psicología por la Universidad de Murcia. Ha trabajado en psicología clínica y como profesora de filosofía. Actualmente se dedica a la orientación educativa.
Ha participado en libros colectivos como El libro de Plomo (Ediciones Empireuma, Orihuela, 2013) También en antologías y exposiciones. Asimismo, ha publicado artículos y poemas en diversos medios como Cuadernos del Matemático, Opticks Magazine, Las afinidades electivas, Frutos del tiempo y Empireuma.
Hay llamas que ni con el mar”, escribió Ignacio Cano para la célebre canción de Mecano que lleva por título El 7 de septiembre.
María Engracia, observo en tu poemario, especialmente en la segunda sección, que rindes homenaje a la mujer.
Soy totalmente consciente de la invisibilidad que ha sufrido la mujer a lo largo de la historia en todos los ámbitos y, por supuesto, también en los altares del arte y la cultura. De hecho, se nos sigue ninguneando en los museos del mundo y en los grandes premios literarios (las mujeres solo representan el 5% de los Nobel y el Cervantes solo lo han recibido 4 frente a 36 hombres). Por eso, y porque soy una buscadora a la que le encanta indagar y descubrir tesoros más o menos ocultos, me he preocupado de leer a escritoras. Me resultó muy fácil llegar a los escritores que he admirado siempre; eran los recomendados en cualquier libro de texto o crítica literaria. Crecí leyendo a Dostoyevski, Tolstói, Victor Hugo, Stendhal, Camus, Cortázar, Kafka, Cortázar, Poe, Baudelaire, Rilke, Whitman, Paz, Lorca, Hernández, por citar algunos de mis favoritos. En cambio a ellas: Woolf, Dickinson, Flannery O´Connor, Elena Garro, K. Mansfield, Lispector, Beauvoir, las hermanas Brontë, Rhys, Austen, y tantas otras, las fui descubriendo por mi cuenta después de un proceso más costoso, y caí tan rendida a los pies de todas que, llegar a las sucesoras, fue un proceso mucho más fácil.
Las que aparecen en mi libro, y a ti te incluyo, me han ayudado de una u otra forma a construir el poemario, al igual que los escritores que menciono. Que, finalmente, ellas ocupen más espacio, me encanta. Es una especie de justicia poética, un ejercicio espontáneo de sororidad y agradecimiento. Dos ejemplos concretos son los poemas Edith y Pasífae habla; en ellos he querido dar voz a dos mujeres (Edith: la mujer de Lot bíblica y Pasífae: la mujer del rey de Creta y madre del Minotauro), para que a través de mis versos pudieran rebelarse de un destino marcado por los hombres.
Aunque El fuego del mar es un libro esencialmente vitalista y sensorial, aparece constantemente la muerte como contrapeso. De hecho, está dedicado a la memoria de tu padre.
Siempre he sido una persona pasional y vitalista y, a medida que el tiempo pasa, estas características se acentúan. Curiosamente, pienso que esta vitalidad nace de las dos fuerzas, aparentemente contrapuestas, que rigen mi vida: el Amor y la Muerte.
Y efectivamente del amor a mi padre, de su recuerdo y también del dolor de su prematura muerte, brota una parte muy importante de mi fuerza, de mi vitalismo.
Dos rasgos que definen mi estilo poético son las imágenes (telúricas y cósmicas, artísticas y mitológicas) y las paradojas. Quizá porque veo con claridad que nuestro mundo está formado por fuerzas contradictorias que se complementan. Todo lo que existe tiene su contrario, su contrapunto, y en este orden de cosas la muerte es la gran paradoja porque también es generadora de vida.
Cuando pienso en la muerte nace en mi interior un amor a la vida arrebatador; es entonces cuando realmente tomo conciencia del milagro de vivir. Por eso este sentimiento tan fuerte, esta paradoja tan potente, está siempre presente en mi obra, y en este libro ha dado lugar a muchos poemas, sobre todo en la última parte: La mirada de Cronos, pero también en las otras dos: El espíritu de Gea y Atenea y las Musas.

lunes, 18 de junio de 2018

Acto de presentación de El fuego del mar


José Luis Zerón, Mª Engracia Sigüenza y Mateo Marco Amorós

Caen los versos / como polen / sobre el estruendo del mundo. Son versos que cierran el sólido poemario de María Engracia Sigüenza Pacheco que presentamos, titulado El fuego del mar, editado por Celesta, prologado con acierto por José Luis Zerón Huguet.
Sobre el estruendo del mundo se precipitan los versos.
Afortunadamente, tenemos que añadir. Y caen como polen. Un polen terapéutico por impregnarnos de poesía en este mundo excesivo de ruidos. Curándonos. Y como poesía fiel a la poesía, las palabras nos sanan y salvan por preciosas y precisas. Palabras especialmente necesarias en estos días en los que se consume una primavera húmeda y rara. Primavera al cabo. Pero versos que también servirán para toda estación de la vida con sus veranos cálidos y pesados. Con sus otoños de soledades y desnudeces. Con sus inviernos fríos.
Los que somos y nos sentimos del otoño nos veremos muy reflejados en un poema de El fuego del mar titulado "Otoño". Un magnífico poema, para no obstante, como hemos dicho del poemario en general, para toda estación de la vida.
Uno agradece esta polinización poética –decíamos– que nos concilia con las palabras oportunas, explicativas de los momentos eternos. Palabras preciosas y precisas –también hemos dicho–, necesarias para decirnos lo esencial.
Esto es lo que uno, más lector que poeta, humildemente pide a los versos. Precisión frente a nuestro hablar cotidiano. Utilidad y tino frente al decir usual excesivamente tópico, decir usual excesivamente convencional. Decir usual que por tópico y convencional, resulta inútil para explicarnos lo fundamental, inservible para explicarnos a nosotros mismos. Defectuoso para conocernos, para saber qué somos. No así las palabras transformadas en poesía que nos trae María Engracia Sigüenza en su libro.
     El fuego del mar se nos presenta en tres fracciones: "El espíritu de Gea", "Atenea y las Musas" y "La mirada de Cronos".
En la primera fracción –así lo confiesa la autora– la naturaleza, la vida y el amor sugieren las composiciones.
En la segunda, manda la inspiración inducida por el arte, por las artes: la música, la literatura, la pintura... Es esta sección, en gran parte, un honrado homenaje a los creadores. Leyéndola, nos ha traído a la memoria –y salvemos las distancias que haya que salvar– la magnífica obra de Daniel J. Boorstin titulada, precisamente, Los creadores. Al cabo somos herederos de todo lo precedente. Y lo precedente legatario de una eternidad. Pero para llegar a este homenaje que rinde la poeta en "Atenea y las Musas" es preciso desprenderse de vanidades y ver en el legado de los demás, en lo que nos sugieren las sabidurías de los otros, las respuestas que buscamos. Así, en esta segunda parte María Engracia se desprende agradecida a sus "musas", en cada poema, en cada verso.
El tercer apartado, aun teniendo presente la inquisitiva e inevitable mirada de Cronos –del Tiempo y la muerte– resulta balsámico. Tiempo escrito con mayúscula como en el poema "Crepúsculos". Escrito con mayúscula como de pequeños nos enseñaron a escribir la palabra Dios. Dice la autora con una ternura brutal, insisto con una ternura brutal, que son reflexiones sobre el tiempo y la necesidad de reconciliarme con la muerte mirándola sin miedo en los ojos de la vida.
Hemos dicho conscientemente ternura brutal y lo hemos repetido y lo repetimos –ternura brutal– para jugar como juega con sagacidad Sigüenza Pacheco, en todo el libro, con conceptos opuestos. En ocasiones aparentemente opuestos. Conceptos opuestos –oxímoron dicen los analistas del lenguaje figurado– y también paradojas, que más que contrariar reafirman la idea que pretenden transmitir:
—Aurora y ocaso.
—Vivir muriendo.
—Perdedores invictos.
—Caos del universo versus orden de la vida.
—Fragilidad de los mortales versus poder de los dioses.
—grito mudo
—Realidad o sueño, / certeza o anhelo.
—Bálsamo o revulsivo / (...) huracán que sosiega.
—la salud de los enfermos.
—"Los recuerdos del porvenir".
—Heridas que curan.
O esa paradoja que cierra el poema magistral y misterioso titulado "La visita", dedicado a su hermana. Poema magistral y misterioso, insisto:
y regreso al mañana.
O el vivir muriendo. En "Vivir".
Como en otro titulado "Tú y yo" se enfrentan:
—vida y muerte
—dicha y pena
—sombra y luz.
Oxímoron y paradojas y más paradojas, especialmente, en el titulado... "Paradojas":
(...) corazones de fuego / creciendo en una tierra polar, / (...) palpitar de las flores / en los jardines de hielo. // (...) crepúsculos
Conceptos aparentemente opuestos pero que reafirman la idea que pretenden transmitir. Y concilian la diversidad. Y la embellecen. Versos –recordamos– que caen como polen / sobre el estruendo del mundo.
Afortunadamente.
Versos plenos de hermosuras.
Sirvan de ejemplo los escritos en "Amor":
y el faro de la luna / iluminó sus vidas.
O el que se escribe en "Todo":
la explosión de sol de los girasoles.
O...
tejeremos el tapiz sagrado del recuerdo, que se dice al final del titulado "Luchas".
O... el gran piano del mar. Ésto en el titulado "Euterpe".
O ese magnífico verso abierto con el que termina "La Medusa":
Pero algunos días eran luminosos...
Y qué decir de esos versos finales del poema "Tu recuerdo" dedicado –como todo el libro– al padre–:
Ahora debes alejarte, / debes regresar / al fondo de mi alma.

martes, 5 de junio de 2018

Publicación de El fuego del mar de María Engracia Sigüenza


Mª Engracia Sigüenza (Orihuela, 1963) es licenciada en Filosofía y Ciencias de la Educación, en la especialidad de Psicología, por la Universidad de Murcia. Trabajó en el campo de la psicología clínica, ha sido profesora de filosofía, y en la actualidad se dedica a la orientación educativa.
Ha participado en libros colectivos, antologías y exposiciones, publicado artículos y poemas en revistas como Cuadernos del matemático, Opticks magazine, Las afinidades electivas, Frutos del tiempo o minutocero.es, y resultado finalista y ganadora en concursos literarios. Autora de varias obras inéditas, publica ahora su primer libro, el poemario El fuego del mar.          

miércoles, 23 de mayo de 2018

Publicación de El riesgo del juego de Domicio Proença


Domício Proença Filho (Río de janeiro, Brasil, 1936) es doctor en Letras y profesor emérito de la Universidad Federal Fluminense. Fue profesor titular convidado en la Universidad de Colonia y en la Escuela de Altos Estudios de Aachen, en Alemania. Es  miembro de la Academia Brasileña de Letras, de la que ha sido presidente, y de la Academia de Ciencias de Lisboa. Además de poeta, es narrador, crítico literario, guionista y animador de proyectos culturales.
Ha publicado sesenta y ocho libros entre los que cabe mencionar, en el ámbito del ensayo, A linguagem literaria (1999), Estilos de época na literatura (2002), Leitura do texto, leitura do mundo (2017) y Muitas linguas, uma língua (2017). En el campo de la ficción, con traducciones al francés y al italiano, es destacable la novela Capitu‒memórias póstumas (2005). En el terreno poético ha publicado, entre otros, los poemarios Dionísio esfacelado: Quilombo dos Palmares (1984), Oratório dos Inconfidentes (1989) y O risco do jogo (2013). Precisamente este último libro –El riesgo del juego– es el que ofrecemos aquí en la primera versión en español de un título de su autor.

jueves, 5 de abril de 2018

Publicación de Tristezalegre de Francisco J. Blas Sánchez


Francisco J. Blas Sánchez (Orihuela, 1974), efectuó estudios técnicos, de informática, así como cursos en la UNED. Profesionalmente se ha dedicado a actividades comerciales y de técnico especialista, entre otras.
Ha colaborado con artículos en revistas como La lucerna o Empireuma, y en el diario La Verdad de Orihuela. También sus poemas han aparecido en revistas como La buhardilla o Ágora y en el diario La Verdad. Es autor de varios poemarios y libros narrativos inéditos, siendo Tristezalegre su primer texto publicado.

martes, 27 de marzo de 2018

Reseña de Torno al corazón

La sala Cambio de Sentido de Fundación ONCE ha acogido hoy la presentación de ‘Torno al corazón’, un viaje al interior del alma del poeta Federico Monroy, que canta desde el recuerdo al amor y a la infancia.
Editado por Celesta, el libro es el tercer poemario extenso de Monroy, un escritor sordo nacido en Arcos de la Frontera (Cádiz) en 1972, que  ha colaborado en diversas revistas literarias y organizado Duetos de Poesía y Música en varios espacios.
Dado a conocer recientemente en su pueblo natal, en un acto organizado por el Ayuntamiento, el texto se ha presentado ahora en la Sala Cambio de Sentido de la sede de Fundación ONCE en Madrid, donde ha contado con la participación de José Luis Martínez Donoso, director general de Fundación ONCE;  Mercè Luz, jefa del Departamento de Cultura y Ocio de la misma entidad, y Rafael González, responsable de la editorial Celesta. Además, el acto ha estado amenizado por la actuación de la cantante Monica Monasterio y el guitarrista Horacio Loveccio.
Tras ‘Postales póstumas’, ‘Doblaje (2008)’ y ‘La lengua de los ciegos’, editado por Fundación ONCE en 2010, llega ‘Torno al corazón’, un libro que cuenta y canta “con voz calmada y rigurosa” al amor y a la infancia, bajo el hilo conductor del recuerdo, plasmado en la imagen de la madre muerta.
El texto es, a juicio de Pedro Sevilla, poeta paisano de Federico Monroy, “un libro de erudición pero de temblor, que trata de adoptar cierta frialdad (…), pero que sucumbe, afortunadamente, a la emoción”.
Es un poemario que, en palabras de su propio autor, “tiene como referente fundamental al corazón –elemento único e insustituible-, entendido como sentimiento. Es una búsqueda a través de la infancia y el recuerdo, a través de la religión y la mitología, la vida y la muerte”.
Federico Monroy (Arcos de la Frontera, Cádiz, 1972) es diplomado en Graduado Social y licenciado en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada por la Universidad Complutense. Trabaja en ILUNION desde 2006, en Madrid, y además de poemas, escribe artículos en revistas de ámbito nacional.

martes, 20 de marzo de 2018

Reseña de Cruzar puertas traseras

Reseña en Diario de improvisaciones

Porque la aproximación y el desencuentro se dan cita en nuestra cotidiana aventura de la vida, pues las expectativas, los deseos, los proyectos o, incluso, las ilusiones, nos constituyen.
Las palabras que ilustran la contraportada balizan la situación que nos encontraremos cuando la ruta de la lectura de este libro nos derive a la tormenta.
Cruzar puertas traseras no es un huir de los hechos principales que catalogan la existencia. De hecho, es un afrontar la realidad onírica que marca el tercio de varas con el que nos castiga la vida. No, no huye el poeta de su viaje: descubre su rostro para dejar que lo golpee la rabia de lo cotidiano.
Cruzar puertas traseras es un libro maduro, real. Cincelado a golpe de recorrer etapas que nunca se dan por perdidas, de respiraciones asfixiantes que nunca ahogan porque se puede con/contra ellas.
No hay que mostrar, se lee en Rafael: hay que sugerir. Hay que bucear dentro de sus letras para llegar al fondo de sus sentimientos y aguantar la apnea en unas imágenes que oxigenan a pesar del efecto de angustia que traza en pinceladas.
Ventanas entornadas, Alcobas paralelas, Escaleras furtivas y Callejones traseros. Cuatro partes adjetivadas que catalogan un todo con la sutileza de un pintor de miniaturas, delineando, milímetro a milímetro, las ojeras de un héroe diminuto. Héroe cotidiano que habita moradas internas y vive en metáforas que, a veces, no son bellas ni ideales.

        Acecho

Desde aquí,
donde átomos invisibles generan
una red de transparencias,
observas un afuera
que no es sino un espacio
de interiores desterrado.

Y desde ese universo
te responde tu propia mirada,
convertida ya en simulacro
de pupilas ajenas
que se deslizan sinuosas
y fugaces por la frontera
de una calle;
                    la misma
que te reta a descifrarla.

La calle, la acera, la alcoba, la puerta, las paredes, el tabique, la ventana, las escaleras, el portal...
Los elementos cotidianos de un edificio son las mantas que nos cubren, la piel que nos cobija, 
los pasos que nos llevan y el camino que afrontamos.
En la superficie: el personaje, el amor y la soledad (aunque sea multitudinaria).
En el fondo: un excelente libro de una nueva etapa.
En lo profundo: el poeta desnudo.
En todo: la palabra y la imagen.

Te delata tu olor:
un estigma de cloro
y fibra lacaya.
La herrumbre te acusa
en un aquelarre
de pasado y deshonor,
y un tesoro de polvo
seduce a las acuarelas de
las flores marchitas.
Eres la esencia de
los colores fenecidos y
de las frecuencias
disipadas en rumores.


José Luis Nieto Aranda

martes, 13 de marzo de 2018

Presentación de Torno al corazón

Rafael González y Federico Monroy

“Amo la vida con saber que es muerte” nos dejó escrito Quevedo, y esta cita se me viene a la memoria después de la lectura de “Torno al corazón”, el libro que, lector, te dispones a leer, un libro de erudición pero de temblor, un libro que trata de adoptar cierta frialdad –la frialdad del que sabe soportar sin alharacas los desmanes del tiempo- pero que sucumbe, afortunadamente, a la emoción.
La muerte, motor de la vida, campea derrotada entre estos poemas donde la vida se señorea en los brazos del tiempo, que es a la vez su hábitat y su tumba. No hay otra manera de vivir que no sea muriendo constantemente, y lejos de sucumbir a esta pérdida insoslayable, la poesía de Federico se eleva plena de sentido, de argumento contra la desazón.
El recuerdo –la madre muerta, al fondo, velada, como hilo conductor del libro-, el amor, la infancia, aparecen aquí contados y cantados con la voz calmada y rigurosa de la buena poesía. Voz calmada y rigurosa, dos adjetivos que explican muy bien a Federico Monroy. Muchos cafés en el Parador Nacional de nuestro pueblo, mirando al horizonte desde la Peña altiva, han ahondado en nuestra amistad hecha de versos y recuerdos comunes.
Recuerdos que usted puede ahora leer, embellecidos por la palabra y donde podrá asomarse, con ternura y temblor, al corazón de un poeta. 
                                                               Pedro Sevilla

Federico durante la lectura

martes, 20 de febrero de 2018

Reseña de La mirada perdida

Reseña en Frutos del Tiempo (7/02/2018)

La mirada perdida, de Alejandro López Pomares:
el interior de una historia. Por Javier Puig


La mirada perdida no es una novela convencional, ni una historia fácilmente deducible, sino un relato huidizo, que nos invita a leer de forma microscópica para extraer toda su densa sustancia. Los etéreos personajes se mueven sintiendo el misterio de vivir, centrados en sus sensibles introspecciones que parten de su oculto roce con el mundo. Viven en su forma más espiritual. Son anónimos, están apenas dibujados desde afuera. Hay pocos asideros inequívocos para conectar estas existencias errantes o superadas, nos volcamos en ellos sin un claro mapa de sus movimientos, pero lo que importa es que nunca se pierde el hilo de un sentimiento profundo, enlazado, muy bien descrito en ceñidas palabras.
No, no se puede leer esta novela como cualquier otra. Aceptemos prescindir de las amplias perspectivas, de las ubicaciones claras en el gran espacio de los acontecimientos mundanos. La magnífica prosa se sustenta en la búsqueda de lo poético, retuerce los vislumbres de la realidad hasta encontrar una significación secreta. Se hace necesario que el lector atienda este relato muy despierto. Los personajes transitan los escenarios de la vida desde una especie de sonambulismo que remite a las ensoñaciones que persiguen. Son vagamente reflexivos y se sienten extraños ante esa frágil conjunción de su interior con el mundo. Permanecen perplejos ante el ineluctable orden de la vida, inseguros de sus reafirmaciones.
La narración se desarrolla con atrevimiento, sin renunciar a los pasos inauditos, pero no se embriaga de osadías inútiles. Las descripciones del mundo exterior se limitan a los recovecos del espacio aparentemente común en los que se refleja el alma que los mira. El libro empieza con fragmentos que llevan el título de los anónimos personajes que lo integran: el joven, el niño, la mujer, el hombre, el anciano. En sus reapariciones, no es fácil reconocerlos. No hay necesidad de incidir en las constantes más evidentes. Apenas se abre el foco más allá de sus absorbentes y pequeñas continuaciones, de su intenso presente, y no alcanzamos a ver toda la amplitud de su biografía emocional. Lo importante aquí no es la rigurosa configuración de una personalidad, sino la extendida efusión de una esencia. Estos cortos capítulos podrían ser unos microcuentos muy precisos, escuetamente iluminadores, infinitos en su centro.
Los personajes no pretenden su estricta realidad sino tan solo ser fidedignas representaciones de una peculiar forma de sentir la vida. Hay un vuelco hacia la búsqueda del interior del instante, de indagación del tiempo que se vive, de íntima percepción de la vida, de persecución de una cerrada y mínima relación frente a la mayúscula existencia. Y para ello buscan una posición inédita ante un entorno abrumador, una perspectiva que los salve de la banalidad y los acerque al misterio de aquella parte de la conciencia que atiende la conexión decisiva. Y lo que sienten es siempre enigmático, es lo que se deriva del implacable contacto entre el ser y la frontera que nos sugiere paisajes del más allá habitados por seres inabordablemente ajenos.
La mirada perdida es un relato audaz, hecho de pura literatura, capaz de crear un clima que nos envuelve en los sucesos más recónditos de un mundo apenas abierto al exterior sino a través de sutiles conexiones. Es un libro que requiere de la atenta participación del lector, de su mirada alerta. A través del dominio de una prosa minuciosa, se desarrolla una narración íntima, intensamente apartada de las pautas de la cotidianidad más homologable. La sucesión de los momentos interiores es descrita desde una sólida ingravidez. Es este un libro que, como los buenos de poesía, nos invita a empezarlo de nuevo, a no abandonar esa cadencia que nos ha incluido en un sesgo del mundo que no habíamos hollado pero que en nada nos debe resultar ajeno.